CUANDO el nuevo campo de San Mamés quede oficialmente inaugurado, los recién nacidos el año en que el ex presidente Arrate planteó su sueño habrán superado la adolescencia. A fecha de hoy, el amor de muchos aficionados, disfrutar de un estadio cinco estrellas, cumple los tres lustros. Corría finales de junio de 1995 cuando aquella Directiva se mostró dispuesta a abandonar La Catedral para edificar un recinto más moderno y funcional, con capacidad para 60.000 espectadores y fundamentado en la necesidad de aumentar la masa social, que respondió de manera diversa: desde el apoyo inquebrantable a los que consideraban la idea un sacrilegio. Tras barajar las ubicaciones de Garellano, Zabala y Zorrozaurre, la apuesta fuerte se ubicó en Abandoibarra, centro neurálgico de una Villa que arrancaba su gloriosa etapa de crecimiento. La negativa del Ayuntamiento no amedrentó a la Junta, que presionó encargando dos maquetas a dos figuras de la arquitectura mundial: Norman Foster y Santiago Calatrava. La proyección de autor del Metro apuntaba a un campo de 55.000 personas, con palcos VIP, restaurantes y zonas de ocio; la del responsable de la polémica pasarela, hablaba de un escenario para unas 60.000 localidades, con 1.500 plazas de aparcamiento, cubierta móvil, un pequeño hotel y oficinas. De nada sirvió porque el asunto quedó paralizado hasta 1999, cuando Arrate aceptó como sede, dentro del plan de Basurto-Olabeaga, la Feria de Muestras.

En 2002 el Consistorio contrata a la constructora Andersen para elaborar un plan estratégico de desarrollo de la ciudad (Zorrozaurre, Zorroza, Bilbao la Vieja, Artxanda y Basurto-Olabeaga) y el que fuera máximo rector del Athletic Javier Uria encargó al propio Foster una propuesta para San Mamés asomándose a la Ría, rodeado de centros comerciales. En 2003, el ex dirigente Ugartetxe prevé un campo de 55.000 espectadores, con 12 millones de ingresos anuales, ocupando un terreno de 55.000 metros cuadrados. Pero el Ayuntamiento lo cuestiona por razones económicas y urbanísticas. Tras la revisión del plan, que Iñaki Azkuna solicita a la arquitecta Zaha Hadid -que luego quedaría anulado-, el siguiente mandatario del Athletic, Fernando Lamikiz, se ajusta al suelo ofrecido (55.000 asientos) y descarta el uso comercial de la futura joya de la corona rojiblanca. Lo recordó José Luis Bilbao: "En el verano de 2006 el entonces presidente del Athletic y yo empezamos a dibujar en unas servilletas la idea de poder separar la propiedad y el uso del nuevo campo de fútbol, dado que la concesión de subvenciones públicas a una entidad privada no era muy estética". En 2007, con Ana Urkijo al frente de Ibaigane, la sociedad San Mamés Barria (formada por Athletic, BBK y Diputación Foral) echa a andar para financiar el campo y sale a la luz el proyecto realizado por César Azcárate, que aspira a sentar a 58.000 aficionados en un escenario modernista y vital. El tan carismático arco de La Catedral pasará a la historia.

Reordenados ya los terrenos para bien de la UPV y de los accesos a la capital vizcaina, la citada sociedad, ya con el Consistorio prácticamente incluido en la misma y a la espera definitiva del Gobierno vasco -que insiste en dar una utilidad al campo con equipamientos culturales-, desveló ayer la maqueta definitiva del futuro estadio, cuya primera piedra se colocará en la primavera de 2010 y que pretende estar a disposición del equipo en 2015. El Athletic se acomoda a los tiempos con una casa que haga honor a su historia. Semejante trayecto merecerá la pena. Que, como dice el tango, veinte años no es nada.