Uno de los navarros que viajó en el crucero afectado por el hantavirus: "Nadie se ha puesto en contacto con nosotros"
Luis Gorricho, buceador experimentado ya retirado, estuvo a bordo del Hondius hace un mes y asegura que él y sus compañeros están "tranquilos" y que no han tenido ningún síntoma
Luis Gorricho es uno de los nueve navarros que viajaba a bordo del crucero MV Hondius, en el que se ha detectado un brote de hantavirus que ha activado una alerta sanitaria internacional que mantiene confinados a pasajeros y tripulación a la espera de una evacuación segura.
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Gorricho, un experimentado buceador e instructor ya retirado, viajó junto a otros ocho compañeros a la Antártida para bucear, para lo que se subieron a bordo del Hondius. No obstante, lo abandonaron hace un mes, justo antes de que se produjese el brote, que ha provocado ya 8 contagios y tres muertes.
“Nosotros hicimos la expedición a la Antártida y parte del grupo pudimos bucear allí. El día 1 de abril desembarcamos casi todos los pasajeros, incluida parte de la tripulación y el barco continuó su ruta hacia el Sudáfrica", ha explicado en declaraciones al Diario de Noticias de Navarra.
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Más de un mes después de su regreso, asegura que ninguno de los integrantes del grupo ha presentado síntomas ni problemas de salud relacionados con el virus.
Esta circunstancia refuerza su sensación de tranquilidad, aunque lamenta que no hayan tenido noticias ni de las autoridades sanitarias ni de la empresa responsable del crucero. "Nadie se ha puesto en contacto con nosotros", ha señalado.
Estrictas condiciones higiénicas
Gorricho también destaca las estrictas condiciones higiénicas que se mantenían a bordo, por eso mismo no cree que la infección haya sido provocada por la entrada de roedores como se ha planteado.
"Las medidas de higiene eran muy estrictas, se trataba de un crucero de alto nivel. Yo creo que el foco vendrá de alguien que subió a bordo ya contagiado", ha relatado, y ha añadido que en cada embarque y desembarque implicaba protocolos de desinfección.
Según su testimonio, el control sobre equipajes y vestimenta era riguroso, acompañado de constantes procesos de desinfección. Hasta elementos aparentemente insignificantes, como el velcro de las prendas, eran revisados con detenimiento para eliminar cualquier resto de suciedad o materia orgánica.
Incluso señala que pudo visitar la sala de máquinas, donde le sorprendió el alto nivel de limpieza y orden, así como las medidas preventivas para evitar la entrada de roedores.
Gorricho y sus compañeros se encuentran ya en Navarra y ahora reciben las noticias con preocupación y con el alivio de que no les tocase. “Ahora lo ves con perspectiva y piensas que te podría haber tocado durante el viaje y haberte arruinado la experiencia”, reconoce.
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