Condenada una directora de banco en Euskadi por espiar la cuenta de una compañera del trabajo de su marido
Un simple acceso informático destapó un espionaje financiero que acabó en cárcel y multa
Una directora de sucursal bancaria en Gipuzkoa ha sido condenada a un año y dos meses de prisión y al pago de 3.840 euros de multa por acceder sin permiso a la cuenta de ahorro de una mujer que trabajaba con su marido.
El caso salió a la luz cuando la víctima, administrativa en una empresa privada, empezó a notar problemas internos en su trabajo que no lograba explicarse.
Sospechas
La alarma saltó tras una conversación aparentemente inocente: un compañero le comentó que su esposa, directora de una sucursal bancaria, solía consultar cuentas de clientes morosos de la empresa “para ver si tenían saldo”. A partir de ahí, la sospecha fue inevitable.
El 5 de octubre de 2020, la mujer decidió ir un paso más allá y contactó por internet con el servicio de atención al cliente del banco. Preguntó directamente si alguien había accedido a su cuenta. La respuesta fue demoledora: sí había sido consultada y sin autorización.
Durante el juicio, celebrado en Donostia, no se pudo aclarar el motivo concreto por el que la acusada accedió a la cuenta. Pero para el tribunal eso no fue lo relevante.
Rastro digital
La sentencia subraya que los movimientos bancarios permiten reconstruir la vida cotidiana de una persona: dónde compra, cómo gasta, qué financia. Una información que puede revelar hábitos, rutinas y datos sensibles y que, en manos equivocadas, puede volverse contra su titular.
El fallo recuerda además que, en la actualidad, casi todas las operaciones dejan rastro digital. Una huella que permite extraer una radiografía completa del estilo de vida de cualquier cliente, algo que exige un nivel máximo de responsabilidad por parte de quienes tienen acceso a esos datos.
En este caso, esa línea se cruzó. Y la Justicia ha dejado claro que espiar una cuenta bancaria no es una curiosidad: es un delito.
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