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Se elevan la adicción y los problemas mentales entre los jóvenes que se encuentran en situación de calle

El programa Erdu del Gobierno vasco acompaña a medio millar de personas en exclusión severa

Se elevan la adicción y los problemas mentales entre los jóvenes que se encuentran en situación de calleJavier Bergasa

Desde la pandemia, el Gobierno vasco ofrece acompañamiento intensivo a medio millar de personas en situación de calle o en recursos comunitarios como albergues, comedores sociales, dispositivos de día, centros de salud mental o servicios sociales de base. Los problemas psicológicos están a la orden del día en estos contextos de exclusión severa. La mayoría de los usuarios (86%) del programa Erdu se encuentran sin hogar o en infravivienda y tienen trayectorias de consumo muy cronificadas. La consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico, Nerea Melgosa, ha explicado que el programa Erdu “es una pieza clave de la red de atención social y sanitaria”, ya que “llega allí donde otras puertas están cerradas y acompaña a personas que, de otro modo, quedarían fuera de todos los sistemas, reforzando así una comunidad inclusiva”.

El último año se ha constatado que cerca de nueve de cada diez personas acompañadas presentan una adicción activa y más de la mitad una patología dual (53,02%), lo que confirma la estrecha relación entre salud mental y adicciones que ya se venía observando en memorias anteriores del programa. La sustancia principal es la pregabalina, un medicamento empleado para diversas patologías relacionadas con el sistema nervioso, que concentra más de la mitad de los casos. Le siguen el alcohol, el cannabis, la cocaína, y la heroína, en ese orden. Los resultados presentados ayer por el Departamento de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico muestran que “la intervención comunitaria de proximidad es eficaz” porque en ocho de cada diez casos se cumplen los objetivos pactados con la persona acompañada, como las mejoras en salud, la reducción del consumo, el acceso a recursos o la estabilización residencial. Entre la población extranjera –que constituye la mayor parte de las personas atendidas– las tasas de finalización positiva son incluso superiores.

Más eficaz entre las personas extranjeras

El impacto del programa se refleja también en la mejora del acceso a derechos básicos. Según el departamento que lidera Melgosa, en el acompañamiento “se reduce de forma muy significativa el porcentaje de personas con consumos activos y aumenta el número de quienes logran empadronarse, disponer de ingresos regulares, acceder a recursos residenciales y vincularse de manera estable a la red sanitaria y de servicios sociales”. Según explican, el dispositivo actúa como nexo entre los sistemas sociales y sanitarios, facilitando coordinaciones con servicios sociales municipales, red de salud mental, centros de adicciones, Lanbide, Ertzaintza y entidades del tercer sector. “De esta manera se mejora la continuidad de cuidados y se facilita que las personas más vulnerables ejerzan sus derechos”, afirman desde Bienestar.

La memoria de 2025 muestra que el programa atiende mayoritariamente a hombres (92%), aunque la presencia de mujeres en situación de alta vulnerabilidad sigue siendo un foco específico de intervención (8%). Las franjas de edad más representadas son las comprendidas entre los 18 y los 35 años (de 18 a 25 años, un 25% y de 26 a 35 años, un 38%), lo que indica un rejuvenecimiento de los perfiles con consumos problemáticos en contextos de exclusión severa. Asimismo, una parte muy importante de las personas acompañadas tiene nacionalidad extranjera. Este dato se traduce en necesidades añadidas, como situaciones administrativas irregulares, barreras idiomáticas y culturales, ausencia de redes de apoyo. De cara a 2026, el departamento prevé consolidar, manteniendo una dotación económica en torno a los 300.000 euros anuales y ajustando la organización de los equipos.