El catedrático de Psicología Educativa de la Universidad de Oviedo, Juan Carlos Nuñez, es editor asociado de Psicothema, la revista en la que se que acaba de publicar Parental homework involvement and students, un estudio que advierte de los riesgos de ayudar a los hijos e hijas a hacer los deberes. La investigación nació de la estrecha colaboración de Núñez con el profesor de la Mississippi State University, Jianzhong Xu, uno de los popes en este campo a nivel mundial. Según su autor, el informe ayuda a despejar la “confusión” existente entre la comunidad científica sobre si la implicación parental en los deberes es realmente positiva.

¿Cuáles son las principales conclusiones de la investigación?

—Al hablar de implicación parental no podemos reducirlo a si los padres y madres deben o no implicarse, hay que tener en cuenta que este constructo es multidimensional y, por tanto, las familias pueden implicarse de diferentes formas. De hecho, si no hacemos esta diferenciación, globalmente, los resultados indicar que el efecto de la implicación parental sobre el rendimiento académico de los hijos era negativo: cuanto más se impliquen menor es el rendimiento académico. Esto nos llevaría a pensar que algo mal estamos haciendo cuando nos implicamos. O que en ningún caso estaría recomendado implicarse.

¡Vaya!, da qué pensar.

Sin embargo, cuando atendemos a las diferentes formas de implicarse, se observa que la implicación es negativa o nula en todos los casos, tipos, excepto cuando se trata de una implicación cuyo objetivo es atender a fortalecer la autonomía del estudiante (apoyar las ideas de los estudiantes y ayudarles a llevarlas a cabo, atender a la motivación, la ansiedad, las emociones, etc.). No es relevante, o incluso contraproducente, cuando los padres intentan ayudar con los contenidos de los deberes (quizás porque entorpecen las estrategias de los profesores o porque los hacen los padres o madres), o cuando intentan ayudar solo controlando su conducta (ver si ha hecho los deberes).

“Es contraproducente si los padres intentan ayudar con los contenidos de los deberes o controlar a sus hijos”

¿Entonces?

Lo importante es el tipo y la calidad de la ayuda, no la cantidad (en términos de tiempo). La implicación es positiva si su destino es ayudar con la gestión de los espacios, tiempos (que ayudarán a aprovechar mejor el tiempo necesario), la motivación, la actitud y las emociones derivadas de la implicación de los hijos en este tipo de tareas. No es positiva si se reduce a ayudar a hacer los deberes o a controlar si los llevan hechos al colegio

¿Se observan diferencias en función la edad de los estudiantes?

El impacto positivo solo es relevante cuando los estudiantes están empezando su escolaridad obligatoria: en Primaria. La implicación de los padres no parece estar relacionada con el rendimiento de los hijos en Secundaria o Bachiller. Quizás esto sea porque en la medida en que van creciendo van adquiriendo mayor autonomía y necesitan en menor medida la ayuda de los padres. Por el contrario, cuando son pequeños es cuando más necesitan nuestro apoyo dada su escasa madurez y autonomía.

¿Y hay diferencias por materias?

En realidad no. En general, siempre se pensó que en asignaturas como matemáticas podría ser más relevante la implicación de los padres. Y no es así, en todas es igual de importante. Lo que importa es que, sea la materia que sea, la prescripción de deberes es una estrategia destinada a atender a la diversidad de necesidades.

¿Y por el sexo del progenitor?

Se observó que lo comentado es especialmente nítido en el caso de la implicación de las madres y menos notorio en el caso de los padres. Nosotros lo hemos interpretado en el sentido de que las madres se implican en mayor medida en los deberes, para lo bueno o para lo malo. En ningún caso esto significa que la implicación de unos sea mejor que la de los otros.

“La implicación parental no parece estar relacionada con el rendimiento de los hijos en Secundaria o Bachiller”

¿En qué metemos la pata?

El problema es que la conducta de los padres posiblemente es una consecuencia de la conducta de los hijos. Es posible que los hijos que van bien en el colegio demuestren conductas de autonomía y, por tanto, los padres apoyan esa autonomía (por ejemplo, no interfiriendo). Y cuando los hijos van mal, es posible que lo que hagan sea intentar controlar, presionar, etc., a los hijos para que hagan los deberes (el problema es que igual no lo harán mejor porque tienen dificultades y la presión y control de los padres no va a mejorar la situación).

¿Hay manera de corregir esos errores?

Lo que tenemos que hacer es implementar investigaciones de intervención para enseñar a los padres a ayudar a la autonomía de los hijos, a motivarles, a lidiar con el estrés y ansiedad, etc., desde pequeños para que no sea necesario el control. Esto sería una gran estrategia para vincular familias y escuela.

Entonces, ¿hay que mandar deberes escolares? 

La respuesta debe ser sí, pues los datos de que se dispone procedentes de la investigación así lo indican. Cuando los deberes escolares están conectados a los objetivos específicos de aprendizaje importantes y son en una cantidad y calidad razonable, y cuando existe una retroalimentación significativa, y en el momento oportuno. Los deberes escolares puede ser una estrategia eficaz para mejorar el aprendizaje y el desarrollo personal del estudiante. Además, a cualquier edad, siempre es mejor hacer deberes que no hacerlos, aunque la cantidad dependerá de la edad del niño. Pero... más (tiempo) no siempre es mejor. La clave está en aprovechar el tiempo que se dedica y en hacer ver al alumnado la utilidad de los mismos. Los deberes deben percibirse como “un esfuerzo extra que valga la pena”.

“Se estima que a la semana tienen una 6 o 7 horas de tareas, pese a que ha bajado la cantidad de deberes”

¿Se prescriben muchos deberes?

Es posible. En el último informe de la OCDE, España se encuentra entre los países que más deberes llevan los niños para casa. En concreto, se estima que a la semana tienen una 6 o 7 horas de tareas, a pesar de que la cantidad de deberes prescritos ha descendido en los últimos 15 años. Hay países, como Finlandia o Corea, que no prescriben más allá de 3 horas semanales, pero también hay otros países que prescriben unas 9 horas semanales (como Italia) o 10 (como Rusia).

¿Los colegios actúan bien? ¿Se deberían autoregular?

Los deberes escolares deberían tratarse como un asunto más a nivel de centro. En el Proyecto Educativo de Centro debe plasmarse la necesidad o no de realizar deberes fuera de las horas lectivas, la naturaleza de los mismos, extensión, tipo, duración, etc. Los deberes, para ser efectivos, y no convertirse en un problema para la salud de la comunidad educativa, han de organizarse de modo que haya una línea de trabajo común y el profesorado pueda asignarlos y evaluarlos de acuerdo con unas directrices que les orienten. Se debería consensuar cuándo asignarlos, intentando en primer lugar evitar la coincidencia de muchas tareas en un mismo día.