Trabajadora social especializada en procesos de divorcio

Leire Lizarraga: "Los divorcios no tienen por qué ser traumáticos si el proceso se cuida"

Leire Lizarraga, coach emocional, ofrece lo que ella denomina "asesoramiento en procesos de divorcio". Su objetivo: que este momento no sea un trauma

21.01.2022 | 12:41
Leire Lizarraga: "Los divorcios no tienen por qué ser traumáticos si el proceso se cuida"

Leire Lizarraga, donostiarra de 37 años que reside actualmente en Gran Canaria, es una trabajadora social especializada en asistencia a personas que han sido víctimas de experiencias traumáticas. Durante diez años trabajó con familias divorciadas en el Punto de Encuentro Familiar, un contexto muy delicado y confictivo, dependiente del Departamento de Justicia del País Vasco. La experiencia en este trabajo ?que dejó a los pocos meses de fallecer su madre, en noviembre de 2019?, con historias familiares complicadas, unida a su formación "en diferentes vertientes como coach", le hizo crear un proyecto personal (volcado en la página web leirelizarraga.com) que denomina Cambios desde el amor. "Por el momento cuento con una modalidad virtual, y ofrezco mis servicios para ayudar a las personas (me llegan un 85% de mujeres) a transitar y a superar sus momentos de crisis vital o de gran dificultad a través de mi guía y acompañamiento".

Trabaja en la gestión de conflictos, pero centrada en divorcios.

- El conflicto es parte de la vida de cualquier persona. Se pueden tener conflictos con cualquier persona (pareja, hijas e hijos, vecinas, e incluso con una misma) y mi trabajo es acompañar esas situaciones de conflicto para alcanzar su resolución. ¿Cómo? Mejorando la relación en pareja, orientando y asesorando en el proceso de un divorcio y también en esos momentos de grandes cambios a nivel personal y de desarrollo individual.

El divorcio es, a priori, algo traumático, pero usted precisamente intenta que no sea así.

- Parece que todos los divorcios tengan que suponer un trauma para las personas implicadas en él. Y aquí te doy un sí y también un no. Los divorcios aún siguen siendo temas tabú, cuestiones que no se hablan ni comparten con naturalidad. Son procesos duros por el que hecho de que están implicadas en él las personas más importantes de la vida de una, y porque cada cual cuenta con una personalidad y sensibilidad diferentes. Sin embargo, no necesariamente tiene que derivar en una vivencia traumática para cada persona si el proceso se cuida. Existe un dolor inherente a la pérdida de una estructura familiar, de un hogar, pero este dolor puede ser meramente transitorio y algo adaptativo hasta alcanzar la superación y reubicarse ante la nueva forma de vida familiar.

Usted acompaña en ese proceso.

- Todo proceso de divorcio debería ser llevado con una madurez adulta, una madurez con la que no se cuenta muchas veces. En un proceso de divorcio hay muchas emociones a flor de piel: enfado, ira, frustración... que dominan con frecuencia las actuaciones y esto repercute negativamente en el proceso. Si dentro del matrimonio hay algo que no funciona y genera infelicidad e insatisfacción en la pareja, hay que buscar una solución. Se pueden plantear varios intentos de mejora, pero cuando la relación no se modifica, el divorcio pasa por ser la solución. Y esta idea es la que yo defiendo. Nada es para toda la vida, y mantener una relación saludable también requiere de un esfuerzo y compromiso bidireccional y equilibrado.

Cuando hay hijos e hijas de por medio, el proceso se complica.

- Por supuesto que repercute muy negativamente en las hijas y los hijos y su bienestar. En estos casos le doy otro peso al enfoque. En relación a las niñas y los niños que se encuentran inmersos en un proceso de divorcio, propongo que se les tenga en consideración, tanto a las madres o a los padres como a las y los profesionales que trabajan directamente con ellas y ellos. Resulta extremadamente importante que conozcan la realidad de su propia vida (y el divorcio de sus padres es una parte muy importante de su vida), que se les comprenda ese duelo y malestar que esa situación les genera. Es cuestión de tenerles en cuenta, de abrir espacios para que puedan expresarse.

Cuando una persona acude donde usted, ¿lo primero es intentar salvar el matrimonio?

- Depende de quién llegue, de la historia del matrimonio y de los cartuchos que se hayan gastado. Me he encontrado con casos en los que la dificultad estaba en la relación de la pareja, pudimos identificar aquellos factores que iban a impedir mejorar la relación y a partir de ahí acompañar el proceso de divorcio. Depende de cómo llegue la mujer. Hay algunas que tienen de manera interna ya tomada esa decisión, pero el proceso les asusta. Falta hablar con frecuencia de esto, hay incertidumbre y desorientación cuando una se encuentra en esa situación.

¿En qué momento hay que pensar que el matrimonio no funciona?

- Todo es revisable y cada matrimonio es muy particular. Las dinámicas que terminan siendo cíclicas o tóxicas tienen el divorcio como su solución. Las expresiones como "siempre es igual", "los cambios duran una semana y vuelta a lo mismo" son una pista enorme para entender y aceptar que el divorcio en estos supuestos es la solución. Si no practicas el amor a nivel afectivo, con conversaciones, con cercanía, con sexo... entonces es que no hay amor. Hay conflictos que se resuelven y llevan al matrimonio a evolucionar, se superan y las dos personas salen más unidas y fortalecidas de ellos. Y hay otra situación en la que se puede tardar más o menos en adaptarse a lo acordado, pero existe un compromiso y una disposición y un interés reales. Cuando no hay disposición, compromiso ni interés, es un importante indicador de que no hay opción a mejora.

¿Se puede evitar el juzgado?

- Hay un perfil de divorcio que recoge toda la parte de la violencia o maltrato. Ahí es necesario el juzgado porque hay que activar protocolos y adoptar medidas. Pero para supuestos en los que no haya esto, el juzgado puede ser evitable. El juzgado es un arbitraje de un tercero que va a decidir sobre tu vida y la vida de tu familia. Estás diciendo: "Recurro al juzgado porque no puedo resolver mi propia vida". Ya solo esta idea implica muchas cosas. De ahí la importancia de contar con la madurez necesaria para llevar medianamente bien el proceso de divorcio. Si actúo de una manera madura, aunque hay emociones intensas, las sé manejar y por lo menos impido que me dominen. Si aprendo a manejar esto, puedo entonces evitar el juzgado. Cuando una o uno es consciente de que no sabe llevar bien la situación, puede recurrir a una ayuda profesional, que le oriente, le contenga y le sostenga en los momentos más intensos.

Le llegará gente agotada a este momento. ¿Cómo la acoge?

- Cuesta llegar a tomar la decisión, y llegas cansado al momento. Se ha depositado mucha expectativa, había un proyecto familiar y vital, esto fracasa y todo se desvanece en esa decisión que tomas. Hay cansancio, agotamiento mental, emocional. Mi acogimiento es primero escuchar, no es fácil hablar de un tema así. Hay una primera sesión que es de escucha total, y ahí no te puedes ni imaginar todo lo que llegan a expresar, hay mucho sentimiento de hastío, de decepción y de profunda tristeza porque no haya funcionado. También hay un sentimiento de culpabilidad considerable. A partir de ahí podemos establecer un orden de prioridades para ir trabajándolas. Se abren muchos escenarios a los que tienen que enfrentarse, que con frecuencia resultan inquietantes. Y mi parte del trabajo tiene que ver con acompañar y orientar.

El final del proceso es que lo vean como algo positivo.

- Internamente hay mucho camino que transitar, ese nivel es el que más cuesta superar. Y luego es una solución. Te das cuenta de por qué no lo he hecho antes. Una vez que el divorcio se hace efectivo, hay un periodo de adaptación a la nueva vida familiar. Este periodo es distinto también en cada persona, por ello soy partidaria de procurar que la nueva vida (en un plano organizativo) sea similar a la anterior al divorcio. Y si tiene que darse un cambio grande, que sea progresivo. Es la manera de que no sea traumático. Con una especial y atenta mirada hacia las hijas y los hijos.

Puede haber dificultades económicas y eso lo complica aún más.

- Hay quien me ha llegado con la idea de divorciarse y cuando hemos trabajado varias sesiones, vemos que hay una dificultad económica. La independencia económica es indispensable en cualquier persona que contemple la posibilidad de divorciarse. Cuando tienes apoyos que pueden ayudarte de manera puntual o hasta que tu situación se estabilice, es importante saber solicitar esa ayuda. Si no tienes esos apoyos, la energía hasta divorciarte puedes dirigirla a esa búsqueda de empleo que te permita divorciarte a la mayor brevedad. Como última posibilidad, están los servicios sociales, que pueden dar respuesta a situaciones específicas.

¿Han aumentado los divorcios tras la pandemia? ¿Qué ha notado a este respecto?

- Si durante la pandemia los divorcios se vieron reducidos, las estadísticas hablan de un aumento ya en 2021 con respecto al año anterior. En mi caso, he recibido más solicitudes de consultas concretas y puntuales, con un incremento de consultas por escrito y a través de correo electrónico, por encontrarse las mujeres aún en convivencia y sin tiempo ni intimidad para abordar su situación en una sesión online. Tras la pandemia, más gente ha recurrido a mí para mejorar su relación.

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