Histórica militante de EAJ/PNV

Obituario de Felisa Milikua Artetxe, la vida de toda una resistente jeltzale

Feli Milikua falleció el pasado martes a los 98 años

29.08.2020 | 17:10
Felisa Milikua Artetxe saluda a José Antonio Ardanza en presencia de su marido, Jokin Inza, ante la tumba de José Antonio Aguirre.

El martes falleció todo un referente de las siglas EAJ-PNV como era Felisa Milikua Artetxe. Nacida en Garai y residente tanto en Durango como en Venezuela e Iparralde, sumaba 98 años de veteranía. Junto al también histórico Jokin Inza, Gordo, de Bergara, formaron un férreo matrimonio de sentimiento puramente jeltzale.

La vida del matrimonio "fue de película", resume el exsenador del PNV Iñaki Anasagasti. El presidente de la Asamblea Extraterritorial de Venezuela también lamentó en nombre de su comunidad el fallecimiento de Feli. "Toda una vida entregada a la causa de su marido, el bergarés Jokin Inza. Hombre clave de la Resistencia y de la Radio Euzkadi del exilio que funcionó en Venezuela. Goian Bego", valora Joseba Urruzuno. Desde el pueblo en el que Milikua nació, Lázaro Milikua recuerda a su tía abuela como una mujer "con temperamento. La verdad es que todos los Milikuas somos de temperamento", sonríe quien guarda una anécdota sobre la finada.

Pero, conozcamos antes pinceladas sobre la biografía de Feli Milikua. Llegó al mundo en el mundo rural, en el municipio de los famosos Zubiaurre: los artistas Valentín y Ramón, y la representante de ambos, su hermana Pilar.

Su familia residía en el aún en pie caserío Barrenkua de Garai, aunque más cercano a Garaizar, es decir, al núcleo urbanístico de Iurreta, anteiglesia en la que hacían más vida. Acabaría viviendo en Durango junto a su marido. De aquellos tiempos, Lázaro Milikua, exsecretario de los ayuntamientos de Garai y Berriz, recuerda una anécdota que siempre le contaba a éste su padre, Gabriel. "Al parecer un día que Feli iba a pasar por el llamado puente del Diablo que cruza el río Ibaizabal de Iurreta a Durango, algo le ocurrió con una persona que no era nacionalista como ella, que era del bando autoproclamado como nacional, y Feli acabó tirándole el burro al río. Aita lo contaba siempre y repetía que era una mujer muy fuerte, con marcado carácter. En casa siempre nos contaron la vida que tuvieron y cómo acabaron en Iparralde exiliados".

Feli se afilió al PNV en el batzoki Tabiratarra de Durango. Su apuesta por el dogma de Sabino Arana era firme y conoció a lo más granado de la comunidad jeltzale. "Mujer sencilla", como le califica Anasagasti, conoció a Jokin Inza, según un libro, en París tras vivir ella el exilio en Inglaterra. Su, a la larga, esposo era comandante de gudaris y un resistente clave en Gipuzkoa durante la Guerra Civil en la Euzkadi en la que creía.

Una vez apresado el marido, Feli no dudó en estar allí donde hiciera falta para hacer de enlace y mover propaganda. Anasagasti recuerda un detalle de todo aquello: "La cárcel de Martutene se estrenó para Inza y sus compañeros de lucha. Más adelante, Feli hizo el papel de llevar y traer propaganda, muy comprometida".

El marido, logró partir de Euskadi a Barcelona y perseguido por la policía se residenció en París, de donde marchó a Venezuela. "Se casaron por poder", pormenoriza el exsenador. Es decir, una boda en la que uno o ambos contrayentes no se encuentran físicamente presentes, y que por lo general son representados por otras personas. Así, ella llegó a Caracas más tarde.

Desde el exilio, el matrimonio recolectaba dinero para los presos vascos, para la propaganda y para mantener la emisora clandestina Radio Euzkadi, en el barrio La Candelaria de Caracas. "En el país americano Inza controlaba las quinielas del fútbol del Estado español y con ese dinero sufragaba los gastos del mantenimiento de la clandestina Radio Euzkadi", agrega Anasagasti, que compartió trabajo en la emisora con quien llamaban Gordo.

Feli, en aquellos tiempos era muy asidua al Centro Vasco de la capital venezolana y formó parte de la directiva de Emakume Abertzale Batza local, hasta que en la década de los 70 del pasado siglo retornaron a Iparralde.

Tomaron residencia en DonibaneLohizune. Feli se encargó de encontrar una vivienda y lo hizo en una anexa a la del vicepresidente del Gobierno vasco en el exilio, el abogado jeltzale Joseba Rezola.

En este enclave labortano, el matrimonio organizaba cursillos de formación en materia policial y militar para seguir combatiendo al dictador totalitarista español Franco. De este modo, "su casa se convirtió en un refugio y referencia absoluta", enfatiza Anasagasti.

Al morir Franco, Feli y Jokin pudieron regresar a Hegoalde y fijaron su residencia en el barrio Bidebieta de Donostia. Inza fue allí representante de la organización Extraterritorial del PNV en Venezuela hasta que falleció y fue enterrado en Bergara.

Estos últimos años Feli Milikua vivió sola. El PNV, mientras tanto, le rindió varios homenajes en vida en los batzokis de Bergara y en el del Antiguo donostiarra. "Era una mujer comprometida, conocida y querida", concluye Anasagasti.

Un libro publicado por Sabino Arana Fundazioa sobre la figura de Jokin Inza dedica un capítulo a Feli. Concluye con estas palabras: "Se ha dicho que Jokin ha realizado cosas muy importantes en su vida de entrega a la causa vasca, pero él jura que no habría podido hacer ni la mitad si no hubiera sido por Feli. Todo lo más, se hubiera quedado en la media de lo que han hecho otros amigos suyos, que, comprensiblemente, se han visto frenados por sus respectivas esposas. No obstante, Feli fue, en todo momento, como un motor impulsor para Jokin. A ella se lo debe todo. ¡Qué gran señora".