50 años haciendo ciencia
La Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco celebra su medio siglo junto al alumnado y las personas que leyeron las primeras tesis doctorales
Bilbao - En el Arboretum del Campus de Leioa se conmemoró ayer el cincuenta aniversario de la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU). La sencilla ceremonia, en la que se plantó un retoño de tilo, reunió a las personas que defendieron las primeras tesis de aquella joven facultad en la que, por no haber, no había ni catedráticos, ni laboratorios, ni presupuesto. La Facultad de Ciencias comenzó su andadura en 1968 de la mano de Justo Mañas. Su primera sede fue la Escuela Náutica de Botica Vieja y el curso 1971-1972 se trasladó a su actual emplazamiento. Desde entonces han salido del centro 17.5000 titulados y 2.000 personas han defendido sus tesis doctorales.
“Cuando hemos visto que entre las personas que se han egresado en la facultad hay mucha gente en puestos muy relevantes no nos lo imaginábamos. En el fondo creo que las facultades no hemos mirado fuera demasiado y creo que está claro que tenemos que hacerlo más para tener mayor relación con la sociedad”, afirmó el decano de la FCYT, Fernando Plazaola, que calificó la jornada de ayer de “inenarrable”.
A pesar de la desapacible climatología, el acto contó con todo el calor de los recuerdos de los pioneros como Alberto González, exrector de la UPNA; Sebastián Dormido, Premio Nacional de Informática, o Ana Rallo, la segunda mujer en leer su tesis en la facultad. El doctor Juan Eugenio Iglesias fue el encargado de plantar el árbol del conocimiento, la metáfora usada por René Descartes para demostrar la unidad del saber humano y su dependencia con la metafísica. En este sentido, el director del Instituto de Cerámica y Vidrio recordó que Descartes concebía la sabiduría como un “sistema orgánico, un árbol cuyas raíces son la metafísica, el tronco la física o filosofía natural, y las ramas las otras ciencias, principalmente la medicina o la moral”. En este caso el árbol elegido fue el tilo debido a su longevidad porque su sistema de raíces le permite anclarse bien a la tierra y por sus hojas acorazonadas, que simbolizan la fidelidad.
El doctor Sebastián Dormido tuvo palabras de agradecimiento para aquellas personas que levantaron la facultad. “Leí mi tesis en Botica Vieja, recuerdo el momento perfectamente. Recuerdo al segundo decano que fue mi maestro, Mariano Mellado. Yo pasé aquí cinco años y aunque llevo más de cincuenta en la universidad, ahora como emérito, solo puedo decir que fueron cinco años verdaderamente extraordinarios”. Dormido también dirigió unas palabras a la primera promoción a la que dio clase con estudiantes como Manu de la Sen, Josu Aranberri o Sara Garitagoitia. “Siempre llevaré en mi corazón a la Facultad de Ciencias de Bilbao”, dijo.
Primeros pasos La catedrática en Zoología Ana Rallo fue una de las primeras mujeres en leer su tesis doctoral. Luego continuó sus pasos en la joven facultad, cuyos inicios no fueron fáciles. “Era realmente emocionante, teníamos que sacar adelante las primeras promociones con una ilusión tremenda a pesar de que no sabíamos con cuánto dinero podíamos contar. Era un tiempo en el que el primer decano comisario Mañas y el secretario administrativo José Luis Arias tiraban del carro”. Rallo rememora con cariño aquellos días como profesora universitaria novel. “Tenías que recurrir donde fuera para buscar libros o subvenciones. Yo toda la bibliografía la iba a buscar a la Complutense o a la Autónoma de Barcelona para que la compraran aquí”. Además, hubo que montar los laboratorios desde cero. “No había nada, no había programas, ni laboratorio para los alumnos. Fue un trabajo muy intenso pero compensó por haber aportado nuestro granito de arena en aquel momento”.
Por su parte, el biólogo Jesús Moya Maruga abandonó a medias su tesis en Labein para incorporarse en 1968 a la recién nacida facultad. “De nuevo la incertidumbre y palos de ciego porque éramos el único departamento sin catedrático, ni doctor, ni prácticamente dotación. Una facultad en ensayos perpetuos de programas, donde uno mismo tenía que componer los libros y apuntes. Por cierto, la biblioteca universitaria todavía me sigue reclamando un álbum de diapositivas que adquirí para dar clase”, recuerda este veterano científico que está en el origen del grupo consolidado de investigación de alto rango internacional en Toxicología Ambiental.
Primero hubo cuatro titulaciones (Biología, Geología, Física y Matemáticas) y poco a poco el centro fue ampliando su oferta académica. En la actualidad ofrece un total de 9 titulaciones de grado y un doble grado que engloban 35 áreas de conocimiento científico-técnico. La oferta de posgrado está compuesta, además, por 12 másteres y 6 títulos propios. Según el decano de la facultad, esta oferta hace de este centro “uno de los referentes más importantes del País Vasco en la formación de profesionales capaces de jugar un papel crucial en algunos de los principales retos de la sociedad: transferencia de conocimiento, desarrollo de nuevas tecnologías, desarrollo sostenible y conservación del medio ambiente”. A día de hoy, la facultad cuenta con 788 docentes e investigadores, 97 PAS y 2.528 estudiantes de grado y 340 de posgrado.