Garikoitz Aiesta: “Tengo el corazón dividido, pero se va a respetar la voluntad del pueblo”
Junto a su casa, en el alto de Mandubia, en el lado de Itsaso, el actual alcalde posa ante la imponente vista del monte Izazpi, en terrenos de Ezkio
Ezkio-Itsaso - Garikoitz Aiesta afronta con el corazón dividido la consulta que se celebrará el próximo domingo 18 de septiembre.
¿Va a salir que sí o que no a la desanexión? ¿Qué cree usted?
-Si tenemos en cuenta que de los 165 vecinos de Itsaso, 102 firmaron a favor de iniciar este expediente, parece bastante claro que sí.
¿Y cómo se vive el proceso en el otro lado, en Ezkio?
-Los de Ezkio no dieron ningún paso al principio y, obviamente, hubo opiniones enfrentadas. Es un tema sensible. Primero, lo veían un poco desde la muralla, pero desde la anterior legislatura a esta se ha trabajado de forma conjunta y el expediente se aprobó en marzo por unanimidad. Seguramente en todo no habremos acertado pero lo hemos sacado delante de una manera bastante razonable.
Usted mismo es de Itsaso. ¿Qué votará y cómo se siente?
-Se lo diré tranquilamente a quien me lo pregunte una vez concluya la votación. Tengo el corazón dividido, pero lo importante es que se va a respetar la voluntad del pueblo. Muchos de los actuales vecinos, y yo mismo, no hemos conocido a Ezkio e Itsaso cada uno como un pueblo, pero los mayores sí. Yo me he sentido muy cómodo en Ezkio-Itsaso.
¿Si se vota sí, la desanexión será rápida?
-Lo ideal sería que para otoño esté hecho y el 1 de enero de 2017 cada pueblo pueda tener su propio presupuesto. Con el decreto, automáticamente quedaría formado el municipio de Ezkio con el mismo CIF que en la actualidad y en Itsaso se formaría una junta rectora, bajo la tutela de la Diputación, hasta las próximas elecciones municipales de 2019.
¿Tiene futuro Itsaso?
-Un Ayuntamiento no se gestiona con una reunión semanal; hay muchas cosas y hay que gestionar todos los días, tomar decisiones, y asumir que estas no gustan a todo el mundo y provocan malas caras. Si la gente participa y pone de su parte, tendrá futuro. Sin embargo, si la gente no participa y no se implica, tendrá un recorrido corto.
¿No va a contracorriente?
-Puede parecerlo de fuera en este mundo globalizado y con la crisis pero la realidad es que grandes ciudades tienen números negativos y nosotros no estamos en déficit. Sin industria, se puede vivir. Hay un montón de ejemplos en Gipuzkoa.
¿Legalmente no hay trabas?
-La norma foral de 2003 recoge el derecho de los pueblos que durante la dictadura perdieron su Ayuntamiento. Hay garantía jurídica. El único impedimento que puede haber es el del delegado del Gobierno, que actualmente está en funciones. Desde su delegación ya se nos pidió el expediente el pasado marzo, pero no sabemos si actuará o no.
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