Fernando Cossío: "¿Qué futuro merece un país que prescinde de su talento?"
El director de Ikerbasque reflexiona en esta entrevista sobre la necesidad de alcanzar un equilibrio razonable entre un sistema de ciencia endogámico y otro que expulsa a sus investigadores por falta de oportunidades para afianzar la I+D vasca en el mapa de la ciencia mundial
Bilbao. En un contexto complicado, Ikerbasque ha logrado siete millones de euros de Bruselas para contratar a cien jóvenes investigadores en cinco años. Con la convocatoria Research Fellows se pretende repatriar a investigadores vascos que salieron al extranjero. Pese a estar preocupado por la situación de restricciones, Fernando Cossío lo tiene claro: "Hay que sacar petróleo de los recursos que tenemos".
Decía Lincoln que el conocimiento es la mejor inversión que se puede hacer. ¿Euskadi sigue hoy esta tesis?
En Euskadi no es solo una declaración de principios sino que se traduce en hechos.
La exconsejera Isabel Celaá dice que es "muy penoso" el recorte del 15% de los fondos a Ikerbasque porque significará disponer de menos investigadores. ¿Comparte esta reflexión?
Cuantos más recursos mejor, pero los demás agentes querrán lo mismo, y en una situación como la que padecemos entiendo que mi obligación es hacer la mejor gestión posible de los recursos de los que dispongo y traducir ese esfuerzo en los mejores resultados posibles.
Con 1.132 millones euros menos en caja, el Gobierno vasco plantea ser mucho más exigente con el uso de los fondos a investigación y pasará a evaluar su impacto en términos de eficacia. ¿Es más importante el cómo se invierte a el cuánto?
Todo es importante, y una gestión rigurosa, exigente, con rendición de cuentas debe hacerse aunque nadásemos en recursos. Hay dos tentaciones: exigir un retorno inmediato y cortar linealmente los esfuerzos inversores independientemente de los resultados. En el ámbito de investigación de Ikerbasque, que es la investigación básica, exigir resultados con proyección directa en el tejido económico y social es muy difícil. Pero dicho esto, hay que decir que para poder investigar, los científicos de Ikerbasque deben participar en convocatorias internacionales competitivas para lograr fondos que luego revierten en el país.
Ikerbasque es un ejemplo de que el dinero público gastado en ciencia es en realidad una inversión que retorna al país más de lo que aporta, ¿no?
Si contrato a un ingeniero molecular que logra un millón de euros de la Unión Europea, ese dinero se va a gastar aquí, va a contratar becarios, equipamiento a empresas vascas etc. Es decir, incluso en el caso de la investigación básica hay retornos que son inmediatos y esa variable nos importa mucho. Además, el personal fijo de Ikerbasque ha conseguido convocatorias que están cofinanciadas por la Unión Europea, como los 7 millones de euros para la contratación de 100 jóvenes investigadores. Digamos que por cada euro que el contribuyente vasco pone en juego en Ikerbasque, nosotros inyectamos en el sistema dos euros. Y desde ese punto de vista, la labor que se realiza en Ikerbasque es económicamente sostenible.
Desde que Ikerbasque nació en 2007 parece que Euskadi figura en el mapa de la ciencia mundial.
Sí, fíjese, la semana pasada estuve en un congreso en Chicago y un investigador me dijo: El País Vasco es un oasis ¿no? Estamos empezando a tener una cierta reputación como una zona de fomento y atracción de la investigación. Lógicamente, cuando se creó, Ikerbasque era una institución desconocida, pero ahora las cifras iniciales de investigadores que se presentaban a nuestras convocatorias se han multiplicado por cuatro, el año pasado recibimos casi mil. Con la situación que se está creando en muchos centros de investigación estamos recibiendo muchas solicitudes porque la reputación de las convocatorias de Ikerbasque es muy buena y porque existe una sensación creciente de que Euskadi es un buen lugar para venir a investigar y a desarrollar una carrera científica.
¿En qué medida ha contribuido a crear esa imagen que la apuesta por la I+D haya sido una estrategia de país inmune al partidismo?
Ese es un activo que tenemos en Euskadi. Los investigadores decimos en broma que en el Plan Nacional de I+D cada cuatro años tenemos que cambiar los agradecimientos de los artículos. En cambio en Euskadi, aunque lógicamente cada Gobierno tiene su proyecto, el core, el núcleo duro de la I+D que se hace es compartido, sentido y apoyado por toda la sociedad y las fuerzas en su conjunto. Eso permite mantener trayectorias coherentes y basadas en el largo plazo, porque los programas de I+D van más allá de una legislatura. Y yo creo que, en ese sentido, la imagen que da Euskadi es muy buena.
¿Qué le parecen las declaraciones de la ministra de Empleo, Fátima Báñez, que hace unos días se descolgó con que la fuga de cerebros se llama ahora "movilidad exterior"?
Cambiar los nombres, no implica cambiar la realidad. Un país necesita ofrecer una oportunidad, un proyecto de vida profesional y personal a su ciudadanía. Y en ese sentido, debemos preguntarnos no qué futuro le espera a un país que prescinde de sus nuevas generaciones, sino qué futuro se merece ese país.
Muchos jóvenes se ven obligados a abandonar del país por falta de oportunidades laborales, pero en el caso de la ciencia salir fuera debería formar parte del currículum
La investigación científica es una actividad global, pero no hay que perder de vista las tres R de la política científica europea: retener, repatriar y reclutar. Es muy importante retener a la gente buena que quiera quedarse con nosotros, que hemos formado y tiene cosas que aportar. Y también lo es recuperar a la gente que se ha ido, no huyendo de nada sino para mejorar, porque para hacer ciencia hay que estar en los lugares donde se hace buena ciencia. Es muy bueno que haya científicos vascos en el MIT o el CERN, lo importante es que si esa persona quiere volver y desarrollar un proyecto personal y profesional con nosotros lo pueda hacer. Siempre he dicho que tan malo es un sistema endogámico, que solo se nutra de lo que ha generado en un perímetro de quince kilómetros a la redonda, como un sistema que expulsa a su gente. Las dos cosas son desastrosas, tenemos que alcanzar un equilibrio razonable.
Esa es la teoría. Mire, tengo una amiga doctora en Química a la que se le ha acabado este año la beca en la UPV/EHU. Tiene un buen currículo, ha investigado en el extranjero y se ofreció a trabajar en su laboratorio en unas condiciones precarias. Le diré que ha acabado desesperada, frustrada, porque sus jefes le mandaban poner cafés en vez de continuar con su investigación. La semana pasada la ha fichado una prestigiosa universidad extranjera. ¿Estamos regalando el talento?
Es penoso que sucedan casos como el que comenta, eso es precisamente lo que debemos evitar. Por eso creo que es importante la rendición de cuentas en la I+D. Uno es responsable de lo que hace y de lo que no hace también. Pese a ser uno de los colectivos más evaluados y regulados que existe, no quiere decir que los investigadores estemos inmunizados a los errores. Y la persona que hace cosas indebidas, como por ejemplo desperdiciar talento poniendo cafés, lo pagará en el rendimiento de su grupo de investigación.
¿Cómo se puede mejorar la transferencia de conocimiento?
Se habla de la paradoja europea, lo que indica que es difícil incluso a nivel europeo. En Europa producimos ciencia básica similar o superior en cuanto a calidad e impacto que la que se produce en Estados Unidos o Japón. En cambio, si miramos la transferencia de los resultados de esa investigación al tejido productivo y económico observamos que es más eficiente en los países Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) o en Estados Unidos y Japón.
Quizás el problema no está en el sistema de ciencia y sí en las empresas.
Es un problema complejo, que está siendo analizado, en el que todos tenemos que aportar nuestra visión y las posibles soluciones. Y superar esa paradoja europea es uno de los aspectos que la UE está estudiando en su próximo programa marco, lo que se llama el Horizonte 20-20.
¿Le preocupa que los recortes en ciencia e investigación de este año pongan en peligro el avance que la ciencia vasca ha experimentado la última década?
Ese riesgo existe porque la investigación científica es intrínsecamente débil, porque cuesta mucho más construir una buena línea de investigación que destruirla. Hacer un buen grupo de investigación puede llevar diez años tranquilamente, y destruirlo solo dos. Por eso Ikerbasque se ha propuesto mantener la situación profesional de los investigadores.
¿Eso significa que no piensan despedir a nadie?
Por su puesto que no, incluso vamos a contratar a más: 25 jóvenes investigadores este año y diez séniors.
¿Entonces cómo se las van a arreglar?
Otro de los ejes de nuestra misión es el de transmitir a la sociedad la ciencia y sus valores. Organizamos conferencias, visitas de investigadores etc..., y este año vamos a restringir al máximo estos programas e incluso a congelarlos porque nuestra prioridad es atraer a investigadores, atraer a los mejores. Y en un marco restrictivo, como el actual, debemos sacar petróleo con lo que tenemos.