Presidenta del PP del País Vasco

Amaya Fernández: "El PP vasco combate el nacionalismo y el populismo, da igual que lleve traje y corbata o que sea del puño en alto"

26.07.2020 | 00:27
Amaya Fernández.

Presidenta del PP vasco de forma interina tras la salida de Alfonso Alonso y hasta el próximo congreso, Fernández representa el ala moderada y que aboga por un partido útil

A la hora de posar para la foto, Amaya Fernández destaca que le interesa que aparezca la palabra "vasco" del logo del partido que está impreso en las paredes de su sede en Bilbao. Se trata del anticipo más evidente de la férrea defensa de la conexión con Euskadi por la que aboga a lo largo de la entrevista.

Tras los resultados del día 12, ¿se puede decir que ha fracasado la estrategia impuesta desde Génova para las elecciones, ese mayor control desde Madrid, incluyendo la elección del candidato y la coalición con Ciudadanos?

—Nunca van a salir de mi boca palabras negativas hacia ningún compañero de partido. Es evidente que el 12-J se produjo un debilitamiento del espacio constitucionalista y un fortalecimiento del espacio nacionalista e independentista. Por tanto, nos quedamos muy lejos del cumplimiento de los objetivos.

De haber seguido el plan inicial, un proyecto foralista más pegado a Euskadi y con Alfonso Alonso como candidato a lehendakari, ¿el resultado habría sido diferente?

—Lo que pedí la noche del 12-J fue abrir un proceso de reflexión interno en el partido, con lealtad, entre todos. Ese proceso para saber por qué razones se produjo ese resultado electoral está abierto y por tanto no me quiero precipitar señalando las conclusiones.

Ha hecho referencia a algunas encuestas que les vaticinaban un resultado más halagüeño.

—He hablado de las encuestas oficiales que se elaboran en Euskadi, que dependen del Gobierno vasco y en las que en principio las expectativas electorales eran mejores.

Comparando estos resultados con los de las elecciones de 2016, Ciudadanos no ha sumado, no ha supuesto un valor añadido.

—Es evidente que en la comparativa con relación a 2016 hemos perdido más de la mitad de los votos y del porcentaje de voto, y por tanto a mí me parece imprescindible abrir ese proceso de reflexión, fortalecer nuestro proyecto y después ya llegará el momento de hablar de personas.

Los dos escaños para C's, ¿son una recompensa demasiado grande para una formación con tan poca implantación en Euskadi?

—Tenemos que mirar hacia delante, en positivo y pensando en recuperar la confianza de los vascos. El PP vasco es un partido que se caracteriza por su capacidad de levantarse y por ser optimistas de cara al futuro. Estoy absolutamente convencida de que, si hacemos un buen diagnóstico, podremos poner las soluciones para recuperar la confianza de los vascos.

¿Cómo será el funcionamiento de PP y C's en el Parlamento Vasco? ¿Cada uno operará por su cuenta o habrá una unidad de acción?

—En este momento todas esas cuestiones se están abordando.

En su acuerdo de coalición, C's se comprometía a aceptar el Concierto Económico y la foralidad, hasta ahora objeto de sus ataques. ¿Respetará este compromiso?

—Estoy convencida de que eso se va a producir.

¿Aboga por establecer un cordón sanitario en torno a Vox o cree que mantendrán una "buena relación", como ha afirmado el candidato de PP+C's, Carlos Iturgaiz?

—El PP vasco somos gente educada y por tanto si Vox tiene alguna propuesta para Euskadi, que está por ver, tendremos oportunidad de confrontar con ellos.

¿Es un error intentar confrontar con Vox a nivel electoral en Euskadi?

—El PP vasco sabe muy bien que Vox nunca es un aliado sino un adversario. El PP vasco combate el nacionalismo, el populismo, y da igual que éste lleve traje y corbata o que sea del puño en alto. En ese sentido, nuestro objetivo está en una mayoría social vasca que es centrada, moderada, que persigue el bienestar de la sociedad vasca. Esa es la mayoría social para la que hablamos y trabajamos.

El Parlamento Vasco tendrá más que nunca una mayoría abertzale. ¿Cómo lo valora?

—Uno de los objetivos era fortalecer el constitucionalismo frente al independentismo y eso no se ha producido. En todo caso, tenemos que defender un proyecto inclusivo, aglutinador, transversal, superador de las diferencias identitarias. Un proyecto en positivo que ponga el acento en la situación excepcional que vamos a vivir a la vuelta del verano, una situación muy difícil en lo económico y en lo social, y creo que ahí está nuestra fortaleza.

¿Qué papel tiene que desempeñar el PP en esta legislatura

—Somos un partido que hemos sacado dos veces a este país de la crisis y nuestra aspiración tiene que ser influir, formar parte de los grandes acuerdos vascos a partir de septiembre para salvar nuestro tejido productivo y el empleo.

¿Qué queda de la convención que celebraron en septiembre y en la que apostaron por la moderación y la foralidad?

—Creo que es nuestro mejor legado político, y sobre ese legado hay que ensanchar y fortalecer el proyecto político para dirigirnos hacia esa mayoría social.

Esa cita sigue por tanto latente y todavía se puede reivindicar.

—El legado de esa convención es un proyecto desde el arraigo, desde la defensa de las singularidades y particularidades que tenemos en Euskadi, que entiende que estar incardinado en un proyecto nacional es una fortaleza pero evidentemente sin soslayar la necesidad de ser un proyecto pegado a la realidad de Euskadi. Un proyecto que pone por encima de todo la defensa de los intereses de los vascos, desde Euskadi para Euskadi, de vascos para vascos.

Aún no está convocado, pero se prevé que celebren el congreso para su renovación en otoño...

—Es evidente que el siguiente paso tiene que ser devolver la palabra a lo más importante que tiene el PP, que son las bases, y será una decisión de abajo a arriba para decidir entre otras cosas el equipo y la persona que liderará en el futuro el PP vasco. En todo caso, en este momento tengo retos más importantes que las personas.

¿Se confrontarán en esa cita los dos modelos de partido, el foralista y el auspiciado desde Madrid? ¿Cree que puede existir la tentación de imponer una lista única encabezada por Iturgaiz con el apoyo de Génova?

—Estoy segura de que la decisión la tomaremos en Euskadi, entre todos y será una decisión buena para las bases del partido y también para la sociedad vasca.

¿Dará Iturgaiz el paso y se postulará para presidir el partido?

—Mire, yo esa pregunta no se la puedo responder.

¿Usted se presentará como candidata?

—En lo último en que estoy pensando es en cuestiones relacionadas con ambiciones personales, creo que este es un momento para pensar qué podemos hacer nosotros por el partido y no qué puede hacer el partido por nosotros.

¿Hay nuevas caras en el partido que deben dar un paso al frente?

—Es que el congreso no está convocado y por tanto cuando llegue ese momento habrá ocasión de decidir sobre todas estas cuestiones.

¿Es el modelo que representa Núñez Feijóo en Galicia, más moderado, un ejemplo a seguir, un espejo en el que mirarse?

—Nosotros ya iniciamos ese camino en la convención de septiembre, convencidos de que la alternativa política la teníamos que construir desde el apego a Euskadi, desde el arraigo, desde la defensa de nuestras singularidades y de nuestras particularidades, y defendiendo un espacio de moderación y de política útil. Creo que ese es el camino en el que tenemos que continuar.

Sin embargo, poco antes de los comicios se dio un golpe de timón impulsado desde Madrid y se realizó una apuesta diferente.

—El corazón del PP vasco sigue latiendo con fuerza en la convención que celebramos el pasado mes de septiembre.

¿Ha tomado nota Pablo Casado de los resultados electorales del PP en Euskadi?

—Creo que el presidente nacional respalda al PP vasco.

¿Qué supondrá a su juicio la reedición del Gobierno vasco de coalición de PNV y PSE?

—Ese es un pacto anunciado incluso antes de la cita electoral. Pero lo que me parece relevante es qué políticas se van a hacer, esta semana me parecía inquietante cuando les oía debatir sobre si el proyecto soberanista debía formar parte o no del acuerdo. Estamos atravesando un momento en Euskadi de enorme dificultad, en el segundo trimestre del año hemos retrocedido un 20% en el PIB y una cifra similar, el 19%, en términos de empleo. Por tanto, creo que la bandera en este momento no debe ser identitaria, la bandera debe ser la economía y el empleo. Y ahí es donde el PP vasco tiene que jugar la posición de centralidad, influir, formar parte de los grandes acuerdos que vayan a alumbrarse a lo largo del curso político. Ese es el espacio y lo importante.

Echando la vista atrás, a los meses de gestión de la crisis sanitaria en España, ¿cree que ha habido un ambiente excesivamente crispado entre los grupos en el Congreso?

—Se ha demostrado la perfecta incapacidad del Gobierno de Sánchez e Iglesias para hacer frente a la crisis sanitaria más grave de nuestro país. Lo que más me preocupa es qué está pasando en este momento y cómo vamos a afrontar el futuro.

¿Y respecto a la gestión de la pandemia en Euskadi?

—Me parece que falta autocrítica, en este caso del PNV, del nacionalismo en Euskadi, porque si bien es cierto que la situación en este momento es de enorme gravedad, es excepcional, ya teníamos datos que encendían la alarma sobre las políticas económicas y sociales que se estaban haciendo en Euskadi.

¿A qué indicadores se refiere?

—Euskadi ha perdido peso relativo en la economía nacional, hemos pasado de representar un 7,5% a representar solo un 6,24%. El año pasado los sueldos aquí crecieron por debajo de la media nacional, mientras que en el resto de España crecieron un 1,9%, en Euskadi solo lo hicieron un 1,3%. Había un retroceso evidente en todos los sectores con relación a la media nacional y eso indica que hay que realizar reformas desde la estabilidad, partiendo de que todavía tenemos una posición socioeconómica importante pero que se está debilitando. Eso hace que sea necesario tomar decisiones para que volvamos a recuperar el impulso y lo que hemos significado en el conjunto de la economía de nuestro país.

El PNV reclama la reunión de la Comisión Mixta del Concierto Económico para pactar un déficit que cubra la caída en la recaudación prevista. ¿Debería desbloquearse este compromiso de Sánchez?

—Hay indicadores que debemos conocer para elaborar los presupuestos del Gobierno vasco, pero también tenemos un reto por delante muy importante, el reparto de los fondos europeos. Los criterios de mantener el reparto en función del peso que tenemos en el PIB nacional supondría una pérdida de 1.700 millones de euros, ya que antes representábamos un 7,5% y ahora es un 6,24.

¿Qué propone al respecto?

—Hay que ser exigentes en los criterios del reparto de esos fondos para conseguir recursos para Euskadi para proteger nuestro tejido productivo. Hay más de 50.000 vascos que están en un ERTE y hay que evitar que se conviertan en ERE y las dificultades por las que están atravesando empresas como Tubacex o ITP. Esta problemática se extiende también a autónomos y afecta de manera dramática al sector hostelero, al comercio y los servicios en general.

¿Se avecinan nubes de tormenta en el Gobierno de PSOE y Unidas Podemos a cuenta de la negociación de los presupuestos de 2021 y de las condiciones impuestas a España para recibir los fondos de recuperación europeos?

—El PP va a jugar un papel determinante, tenemos 89 diputados para defender los intereses de Euskadi en el Congreso y en ese sentido tendremos un papel influyente porque lo que es bueno para los vascos, para Euskadi, es bueno para el PP vasco.

Después están las ayudas del denominado Fondo Covid-19, gestionado por el Ministerio de Hacienda.

—Es verdad que al tener un régimen económico específico, que es el del Concierto Económico, no podemos optar a los 5.000 millones de euros que sirven para paliar la caída de la recaudación en las Comunidades Autónomas de régimen común. Por tanto, tenemos que hacer un esfuerzo adicional para compensar esa caída de la recaudación que probablemente también esté en torno al 20%.

¿Qué le parecen las novedades en torno a la tragedia del vertedero de Zaldibar, con la detención de tres responsables de la empresa?

—El derrumbe puso de manifiesto una falta de control sobre lo que estaba ocurriendo en ese vertedero, pero también una situación caótica de gestión de los residuos en Euskadi. Pese a la pérdida de peso industrial, todavía somos un territorio con una tradición y un sector industrial fuerte, y hay que resolver una política adecuada de gestión de los residuos. Todos tenemos una enorme preocupación porque todavía hay dos trabajadores que están sepultados en Zaldibar y dos familias que necesitan recuperar a sus seres queridos. Es una responsabilidad que tiene el Gobierno vasco y a la que a día de hoy no ha sabido dar respuesta.


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