Bis a bis

Internet, política y los nuevos liderazgos

19.04.2020 | 00:31
Juanjo Álvarez

La metáfora histórica revive en el presente; quien domine Internet crea opinión local, regional y mundial

la renovada efervescencia que las redes sociales han adquirido en sus variados formatos (aportando información, entretenimiento, debates y reflexión) con ocasión de estas semanas de obligado confinamiento devuelve protagonismo al debate en torno a los nuevos liderazgos sociales y políticos en el "universo" de Internet y el papel de las nuevas tecnologías.

Antoni Gutiérrez- Rubí, experto en comunicación estratégica, marcó hace ya tiempo tendencia, al señalar que los líderes políticos tenían que salir de sus sedes partidistas e ir a las redes sociales. En un primer momento hubo observadores escépticos que proclamaban la irrelevancia de todo aquello que se moviera, opinara, debatiera o construyera en la dimensión "virtual" de Internet; hoy nadie se atreve a cuestionar su protagonismo cuando no preeminencia comunicacional también en esta dimensión política.

La dimensión geopolítica de Internet es impresionante: la comunicación es cada vez más una materia prima estratégica para los gobiernos, y el control de Internet otorga al poder que lo ejerce una ventaja estratégica decisiva. Ahora que se materializado el Brexit y que los líderes ingleses hablan del retorno a "su" imperio cabría recordar que en el siglo XIX Inglaterra dominó el mundo gracias al control de las vías de navegación planetarias. Salvada la distancia, la metáfora histórica revive en el presente: quien domina Internet domina y crea opinión local, regional y mundial.

En estas semanas resulta más obligado que nunca referirse a este cauce de comunicación, pero más allá de este coyuntural e inédito contexto social derivado de la crisis sanitaria, la realidad es que también ya en la política vasca se ha consolidado esta dimensión on line de la política, que ha cobrado mayor protagonismo. Todavía es un movimiento mas unidireccional (desde los partidos hacia sus afiliados y simpatizantes) que bidireccional y por tanto participativo.

Lentamente, pero algo se mueve: la organización tradicional de los partidos políticos, anquilosada en tiempos ya superados, debe responder a la imparable necesidad de cambio y de regeneración derivada de una nueva cultura política, impulsada en buena medida por las "tecnologías sociales" cuyo principal exponente es la red, es Internet.

También la política en Euskadi avanza hacia un liderazgo más transparente, basado más en la auctoritas que en la potestas, menos anclado en las clásicas jerarquías verticales partidistas, menos soportado en camarillas internas y en cerrados escenarios de poder.

El en ocasiones fosilizado sistema de partidos políticos basado en agrupaciones territoriales como encuadramiento básico para la participación política va a acabar siendo superado. Un ciudadano que pretenda participar en la construcción del discurso de su partido no puede ver limitada su capacidad de acción al recurso tradicional de acudir a una asamblea local.

Las organizaciones políticas basadas en un régimen asambleario y que muchas veces no promocionan la capacidad de iniciativa de simpatizantes enredados en la burocracia interna deben dejar paso a otras formas de relación entre los dirigentes políticos y los ciudadanos.

Emerge así una dinámica mucho más estimulante de participación. Ante el desapego de la ciudadanía frente a la política, la movilización de tanta potencial energía vital para la acción política puede encontrar un filón en el universo Internet.

Esta nueva cultura digital puede aportar una ola de regeneración social, un impulso de fuerza política que logre poner en conexión movimientos políticos y sociedad civil, basado en compartir la creación de propuestas electorales, en superar la verticalidad organizativa y en alcanzar fórmulas más abiertas y puntuales de colaboración. Son señas de identidad de un futuro que ya es presente, también en el terreno de la política vasca. Una tendencia que tal vez quede consolidada en la futura realidad pospandemia.