Historias de los vascos

Marroquíes en el Ejército de Euzkadi

12.04.2020 | 00:30
Mohamed Ben Alí y Mohamed Ben Archi en el palomar de El Arenal de Bilbao .

El investigador Aitor Miñambres revela que al menos tres magrebíes del bando franquista pasaron a ser combatientes del lehendakari Aguirre

Unna de las mayores curiosidades y de las más desconocidas del Ejército de Euzkadi fue la presencia de marroquíes en sus filas. Dejaron el bando golpista porque "allí nos trataban como a perros", aducían. No se tiene constancia de que fuesen muchos, pero sí hay tres casos bien documentados, como revela a este diario el investigador Aitor Miñambres, de Berango. Algunos de ellos mantuvieron relación familiar muy estrecha con compañeros de batallones como el Meabe de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) o de las Milicias Antifascistas Obreras y Campesinas (MAOC). Se cree que pudieron acabar fusilados por los franquistas al ser apresados.

El contacto de los combatientes del lehendakari Aguirre con los marroquíes surge en Asturias en octubre de 1936. Oviedo estaba cercado por los republicanos y los franquistas intentaron socorrer a sus correligionarios desde Galicia. Con tal fin, envíaron a la legión y a a marroquíes.

Al mismo tiempo, el Gobierno vasco destinó a dos batallones a Asturias para reforzar el ejército republicano: el Meabe 1 de Benito Rehola y el MAOC 1 de Jesús Larrañaga. En combate, recibieron a dos desertores de un tabor de regulares que les insisten en que quieren pasarse: Mohamed Ben Alí y Mohamed Ben Archi.

El primero hablaba castellano. De 21 años y natural de Alcazarquivir (Larache), aseguró que estaba descontento con el trato vejatorio recibido por sus superiores, "para quienes los soldados moros no son más que carne de cañón barata utilizada por los golpistas para alcanzar sus fines", detalla Miñambres, también director del Museo Memorial del Cinturón de Hierro de Berango.

Los golpistas le reclutaron por la fuerza "valiéndose del engaño y la autoridad", recibiendo 3,50 pesetas diarias. Ben Alí, en 15 días salió de África con sus compañeros y pasó en barco a Algeciras. El tren les trasladó a Cáceres, y en camiones a Asturias "sin descanso ni apenas avituallamiento". En el Naranco, pasaron frío y hambre intenso. "La traumática experiencia les llevó a los dos amigos a desertar y pasarse al bando republicano".

Los franquistas hirieron a Ben Alí en un pie mientras huía. Y al pasar de bando recibió nuevas heridas leves en un costado y mano derecha. Pronto los milicianos del MAOC confraternizaron con los marroquíes. "Lejos de considerarles prisioneros, les adoptaron como compañeros de armas", subraya el historiador.

El día 30 de octubre llegaron a Bilbao. Desfilaron por las calles ante la multitud. Ben Archi no pasó desapercibido para la prensa bilbaina, montado en la parte trasera de un auto del batallón, con la cabeza cubierta por la capucha de su chilaba. Los diarios mostraron al día siguiente la imagen de un "morito que en Asturias se pasó a la columna de Larrañaga", publicaron.

Por su parte, Ben Alí fue trasladado a enfermería. Vestía íacomo un miliciano más, con mono azul mahón y txapela ladeada, con apariencia de "un clásico atxuritarra", apunta Miñambres que se ha hecho con esta información "gracias a un recorte de aquí y otro de allí que suelo ir guardando".

Tres meses después, un reportero encontró a los dos Mohamed en el Arenal. Formaban parte del MAOC 2, de Gonzalo Laredo. Declararon encontrarse a gusto. Alí fue ayudante del mando, con el que guardó una estrecha relación. Archi chapurreaba castellano y, en relación al campo franquista precisa que, "allí nos trataban como a perros". Ambos quisieron animar a pasarse a las filas leales a otros soldados marroquíes que fueran enviados al frente vasco "hablando por altavoces colocados en los parapetos".

El caso de Mohamed Ben Busia no es muy diferente. De 28 años, casado, padre, era de Cabo de Agua. En su pueblo fue reducido a golpes y enviado a la península. Ya en Asturias, fue apresado junto a un muecín por milicianos asturianos que "pretendieron cortarles las orejas, como venganza a actuaciones similares de los africanos". José María Muguerza, ayudante y cartógrafo del capitán Ciutat del Estado Mayor del Norte y sus compañeros, consiguieron llegar para evitarlo con Ben Busia; no así con el religioso que fue enviado al hospital.

A partir de ahí, Muguerza protege a Busia y le tomó como ayudante, "creándose entre ambos un vínculo de afecto muy fuerte: la fidelidad del magrebí es muy grande hacia quien considera que le ha salvado in extremis". En Bilbao, el marroquí se alojó en casa de Muguerza e incluso cuando suena la sirena anunciando peligro de bombardeo, "llevó a la niña de 3 años en sus brazos hasta el refugio de la calle Buenos Aires".

Días después fue destinado a labores de intendencia en Garellano, donde se desenvuelve cómodamente con los milicianos. Pasan a llamarle Fernando. Iniciada la ofensiva contra Bizkaia, Muguerza recorrió con Busia frentes, incluso en misiones de reconocimiento, fusil en mano, aprovechando varios trucos guerreros aprendidos. Esta etapa supuso un periplo que se extiendió más allá de la caída de Bilbao, seguramente también en Santander y Asturias.

Miñambres no conoce el devenir de estos curiosos integrantes del Ejército de Euzkadi. "Difícilmente pudieron haber escapado de ser apresados por los franquistas. Teniendo en cuenta que para los golpistas sus soldados africanos ya de por sí son solo carne de cañón, tratándose además de desertores o colaboradores con el bando perdedor, poca piedad podrían esperar estos de sus captores, por lo que muy probablemente fueron fusilados sin remedio, aunque tampoco tenemos evidencia de ello. Tan solo nos queda el deseo de que en algún momento hubieran podido escapar a tan terrible final".

Los franquistas les reclutaron por la fuerza pero desertaron y se pasaron al bando republicano por la "traumática experiencia"

"Los soldados africanos son carne de cañón para los golpistas. Poca piedad podrían esperar de sus captores", sostiene Miñambres


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