Rosario, 1913: La primera "guerra de las banderas"

12.02.2022 | 00:46

La inclusión de la bicrucífera en el emblema del Zazpiak Bat adoptado como distintivo por la comunidad vasca de Rosario suscitó la indignación entre los españoles afincados en tierras argentinas y desató una profunda polémica

LA aprobación del Estatuto Vasco de Autonomía de 1979 oficializó, por segunda vez, el uso de la ikurriña como bandera oficial de la Comunidad Autónoma Vasca, en su carácter de bandera que, ya desde la década de 1920, había alcanzado un gran consenso como genuina representación de la identidad nacional vasca en todos los territorios de Euskal Herria así como en la diáspora. La recuperación del uso de la ikurriña en los edificios oficiales vino acompañada de un episodio que comenzamos ya a recordar como un episodio de nuestra historia reciente: nos referimos a lo que vino a conocerse, a través de la prensa, como la "guerra de las banderas". No vamos a entrar aquí en discutir los motivos y justificaciones de los episodios que se generaron recurrentemente, especialmente durante la década de 1980. Como tampoco tenemos intención de analizar el modo en el que se fue imponiendo la situación actual, en la que el contencioso ha perdido en cierto modo su visibilidad pasada, que no sus motivaciones profundas.

Sin embargo, como otras muchas cosas que han jalonado el pasado remoto y cercano de nuestro país, sí que podemos constatar que, en esta llamada "guerra de las banderas", no hay nada nuevo bajo el sol. Esto es muy cierto, además, si dirigimos la mirada a ese octavo territorio vasco constituido por la diáspora. Porque, como ya habrá podido imaginarse el lector, vamos a hablar aquí de otra guerra de banderas que tuvo como protagonista central a la ikurriña, solo que ocurrió mucho antes en el tiempo y muy lejos en el espacio.

Rosario, los vascos y el Zazpirak Bat 

Rosario es una ciudad argentina, localizada en el interior del país, a unos 600 kilómetros de la capital y a orillas del río Paraná, sobre el que ha sido históricamente un activo puerto fluvial para la exportación de la producción agropecuaria, sobre todo del área de las llamadas "colonias gringas" de la provincia de Santa Fe, a la que pertenece. No nos dejemos engañar por el apelativo de gringas. En la Argentina de la inmigración masiva europea –entre 1880 y 1930– los gringos eran de modo genérico todos los inmigrantes europeos. Tras la ley de colonización de 1876, las autoridades federales y provinciales de Santa Fe promovieron la inmigración europea mediante la creación de toda una red de nuevos asentamientos rurales y urbanos, a los que llegaron españoles, italianos, suizos, franceses o alemanes. Y también vascos, que siguiendo las prácticas laborales que ya habían adoptado otros connacionales en la Pampa húmeda de Buenos Aires, pronto destacaron en el negocio de la producción láctea.

Rosario fue, de este modo, el punto de asentamiento de una cada vez más nutrida colonia vasca, que encontraron en la ciudad, además, una diversidad de posibilidades laborales que iban, incluso, más allá de la figura del "vasco lechero" que era dominante en el imaginario argentino de aquel momento. Siguiendo el proceso que se vivía al mismo tiempo en otras ciudades y localidades argentinas en las que se había asentado la inmigración vasca, a lo largo de la última década del siglo XIX y primera década del XX, la progresiva toma de conciencia de su identidad llevó a un grupo de miembros de la colectividad vasca a promover la creación de un espacio propio: de una euskal etxea que sirviera como lugar de encuentro y espacio para la promoción de actividades dirigidas a la población vasca de la ciudad y su entorno, al tiempo que visibilizara la presencia vasca entre el resto de los habitantes.

En 1912 un grupo de diez vascos residentes en Rosario hizo un llamamiento público para la creación de una institución destinada a "acoger en su seno a todos los compatriotas que arriben a ésta ciudad". Respecto al nombre de la nueva entidad no tenían dudas. Eran los tiempos en los que la candidatura carlista dominaba la junta directiva del primer y principal centro vasco de Argentina, el Laurak Bat de Buenos Aires. Como hizo notar Julio de Beitia –uno de los convocantes de la primera asamblea– "para evitar se nos tache de no haber sido tan completos en nuestro amor á la Patria común de todos los baskos, en cuanto nos es posible, él propone se dé á este centro el título de Zazpirak Bat".

Es preciso hacer notar que casi todos los promotores del nuevo centro eran nacionalistas: seis de ellos habían formado en 1911 el llamado Comité Nacionalista Vasco de Rosario, vinculado al PNV; no obstante, no por ello se propusieron fundar una entidad política, sino una euskal etxea abierta, al estilo de las existentes en otras zonas de América. De este modo, el 14 de julio de 1912 se firmaba el acta fundacional de la nueva entidad a la que prontamente se unió una numerosa parte de la colectividad vasco-rosarina.

Una bandera para todos los vascos 

La elección de la fecha del 14 de julio no fue casualidad. La memoria del propio centro admite que esta fecha se adoptó por "ser el mismo día con diez y ocho años de diferencia de aquel, en que Sabino Arana y Goiri izó por primera vez la bandera vasca en los balcones del Euzkeldun Batzokija de Bilbao". No obstante, la ikurriña todavía era vista por aquel entonces –incluso entre los vascos– más como un emblema de partido, por lo que si bien había estado presente en forma de homenaje en la fecha fundacional, los miembros de la nueva junta directiva, encabezados por Benito Urrutia, José María Beitia y Bernardo Ustaran evitaron proponer la bandera bicrucífera como emblema vasco de la entidad. Optaron, por lo tanto, por recurrir a otro emblema que, por aquellos mismos años, ya gozaba de una aceptación generalizada entre las colectividades vasco-americanas: el escudo del Zazpiak Bat.

De este modo, en los estatutos del centro se había optado por otorgarle una "insignia" identificadora compuesta por "una bandera de color blanco con el nombre de la sociedad y en el centro el escudo de Euzkadi". Pero aquí los estatutos presentaban una sorpresa oculta, porque se describía dicho escudo como "formado por la unión de todos los escudos de los que fueron siete estados vascos, pintados sobre fondo rojo; la bandera de Euzkadi (y) la palabra Euzkadi". La ikurriña, a fin de cuentas, tendría un reflejo en el nuevo emblema societario. A pesar de ello, la propuesta fue admitida unánimemente. Como recordaba Julián Muro, que actuaba como secretario, porque una bandera blanca "es la conjunción de todos los colores del iris", por lo que "en ella verá cada uno reflejados los matices de su predilección".

La guerra de 1913 

Las hostilidades se desatarían un año más tarde. Coincidiendo con el aniversario del centro se organizaron una serie de actos en conmemoración de la fiesta de San Ignacio, actos en los que la comisión directiva incluyó la bendición, en la misa solemne, de una "bandera bizkaitarra, un "trasunto del separatismo" como denunciaron los miembros de las asociaciones españolas de Rosario, comenzando por el Club Español que, por intermedio del cónsul de España en la ciudad, reclamó al Ministerio del Interior argentino que la Policía impidiera el acto y se incautara de la bandera. Las mismas autoridades consulares se dirigieron al Obispado de Santa Fe, del que dependían las iglesias de Rosario, para que no se permitiera a ningún sacerdote participar en la bendición, señalando que este hecho lo único que pretendía era "perturbar el orden de la colectividad española". La mención al clero no era baladí porque nada menos que cuatro sacerdotes vascos habían amparado la fundación del Zazpirak Bat, cuya reunión fundacional había tenido lugar, precisamente, en unos locales parroquiales.

La solicitud de prohibición, sin embargo, no tuvo ningún recorrido. Para las autoridades argentinas, lo de las banderas era un problema propio de la colectividad sobre lo que nada tenían que decir, mientras el orden público no fuera alterado. Respecto a la Iglesia católica, las reclamaciones al Obispado fueron bloqueadas por Andrés A. Olaizola, un sacerdote guipuzcoano que era, por entonces, secretario particular del obispo. De hecho, sería el propio Olaizola el que se personaría en Rosario para impartir personalmente la bendición a la bandera.

Sin embargo, la mayor fractura se produciría en el mismo seno de la colectividad. Pocos meses después, el Club Español de Rosario pedía que los ezpatadantzaris del Zazpirak Bat participaran en unas romerías benéficas. Debido a los fines humanitarios no se podían negar, pero surgía la cuestión de qué bandera llevar. No pudiendo llevar la ikurriña, una parte de los asociados pidieron que se llevara la bandera española arguyendo que los vascos pertenecen a dicha nación. La solución de compromiso (llevar un emblema blanco acompañado de las banderas española y francesa a los lados, y la argentina en el centro) no pudo evitar la ruptura. En poco tiempo la directiva nacionalista perdía el control de la entidad, refugiándose en una nueva entidad, Euzko Batzokija, claramente política. Y la nueva junta directiva iniciaría en 1914 un proceso de limpieza simbólica de la institución, eliminando del emblema de la institución la pequeña ikurriña que había sido incluida inicialmente y expulsando a los socios nacionalistas. No sería hasta la siguiente década que el sector nacionalista volvería al seno del Zazpirak Bat y recuperaría, esta vez de manera definitiva, la ikurriña como símbolo societario e identitario, siguiendo el ejemplo del Laurak Bat de Buenos Aires, que había hecho lo propio en 1921. La colectividad vasca de Rosario fue la pionera en intentarlo, la de Buenos Aires, la primera en tener éxito en el empeño.

El autor

Óscar Álvarez Gila

 

Profesor titular de Historia de América en la Facultad de Letras de la Universidad del País Vasco- Euskal Herriko Unibertsitatea. Grupo de Investigación 'País Vasco, Europa y América. Vínculos y relaciones atlánticas'.

El Club Español reclamó a la Policía que se incautara de la bandera y al Obispado que ningún sacerdote bendijera el emblema acordado

Alegaban que la misa y bendición de "una bandera bizkaitarra" pretendía "perturbar el orden de la colectividad española"

Las solicitudes para prohibir el acto fueron bloqueadas por Andrés A. Olaizola, sacerdote guipuzcoano, secretario particular del obispo


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