De mi querido jefe a mi querido general. Manuel Aznar, 'Imanol', el patriota voluble

09.01.2021 | 00:19
Manuel Aznar se convirtió en un destacado franquista.

Manuel Aznar pasó de ser un admirador de Sabino Arana y fervoroso nacionalista vasco, a convertirse en un seguidor de Franco que no escatimaba esfuerzos para 'explicar' su pasado

Abril de 1913. Se celebra una fiesta patriótica en Portugalete. Ante más de 300 simpatizantes, interviene Ramón de Bikuña, candidato nacionalista vasco a las elecciones a la Diputación. Manuel Aznar escribe la crónica del evento en el Euzkadi. Contagiado por el ambiente, Imanol, el nombre que utilizaba habitualmente en el diario, alaba la hermandad vasca y la afirmación en JEL de las bravas Encartaciones. Junto al candidato se encuentra Luis de Arana Goiri y no duda en referirse a él como "nuestro querido jefe". La cita textual nos muestra a Manuel Aznar, en aquel tiempo, claramente integrado en el PNV.

La figura de Manuel Aznar Zubigaray salió de la penumbra a raíz del nombramiento de su nieto José María Aznar como presidente del Gobierno español. El viejo periodista navarro, fallecido pocos días antes que el dictador y tan vinculado al franquismo, había tenido un pasado que algunos querían olvidar. Otros, por el contrario, estudiaron ese pasado y realizaron agudas investigaciones. Como Josu Erkoreka en un libro escrito junto con Iñaki AnasagastiDos familias vascas. Areilza. Aznar–, en el que pondría de manifiesto esa época nacionalista que, por el contrario, el interesado nunca recordaba. Jesús Tanco, en su biografía Manuel Aznar. Periodista y diplomático trata de desdibujar esa imagen patriótica vasca. Afirma que nunca perteneció al PNV y concluye que esa breve etapa dio paso al mundo del regeneracionismo.

Tiene interés profundizar en esa vertiente patriótica vasca, utilizando otros documentos e informaciones para ratificar, aún más si cabe, los análisis de Erkoreka.

En el diario 'Euzkadi' 

Inicia su colaboración en el periódico nacionalista, en el número 2, del 2 de febrero de 1913. Lo anunció unos días antes en el semanario Bizkaitarra, en el que creemos es su primer artículo patriótico. Bajo el título Mis crónicas, que modestamente dice representan lo último de Euzkadi, y solo "llenas de burlas menudas y de leves filosofías", escribirá un buen número de artículos que van bastante más allá de lo que aseguraba a sus lectores. Hablará de teatro, de pintura, de música, de religión, de poesía, de deporte, pero también de política y, todo ello, desde un punto de vista nacionalista vasco.

Se comporta desde el primer momento como un periodista patriota. Al celebrar el décimo aniversario de la muerte de Sabino Arana, su "querido maestro que ofreció su vida por Dios y por la patria", pide una hora de meditación casi religiosa para poder asumir los sacrificios que la patria exige. Y al hacer la crónica de la fiesta nacionalista de Tolosa en 1914, ratifica la consolidación nacionalista del Territorio y augura profético que "el nacionalismo conquistará Gipuzkoa".

Cuando estalla la Primera Guerra Mundial, hace una auténtica declaración de principios. Ante la contienda, no ve razón alguna que justifique una tendencia germanófila. Al contrario, hay motivos "de orden lógico y ontológico que nos detienen ante el imperialismo alemán". Sigue afirmando que el principio nacionalista que ideara Sabino Arana se encuentra en peligro de muerte, dado que "son el imperialismo alemán y austriaco los que quieren acabar con él". Se trata, en suma, de una lucha entre la fuerza y el derecho y para sobrevivir tiene que triunfar el derecho. Sus cientos de colaboraciones como cronista bélico bajo el seudónimo de Gudalgai, le harán ganar una popularidad que se encargó de explotar durante muchos años. Menos conocidos son los comentarios que el semanario Bizkaitarra le dirigió, no exentos de ironía, cuando decía que militares como Von Bernardi o Morant, comparados con él, iban a quedar a la altura de un cabo furriel.

Con todo hay que reconocer sus recursos literarios y su habilidad para escribir de todo tipo de asuntos, así como su capacidad de trabajo. A los cientos de artículos firmados es más que probable que haya que añadir una parte de las crónicas sobre las sesiones de Diputación, así como sus trabajos en el diario La Tarde de los que, creemos, nadie se ha ocupado.

Conferencias y mítines 

Aquel "oso rubio tan torpe de andares como agudo y voluntarioso en su ingenio", del que hablaba su compañero de redacción Alfredo de Etxabe, se sentía a gusto delante del público. Acudió a Iruñea para hablar de Renacimiento vasco en el batzoki y de deportes en el Centro Vasco. En la Filarmónica leyó la conferencia que Ivonne Pouvre preparó en homenaje al pueblo lituano.

Y tuvo diversas intervenciones en mítines políticos como los que dio en Zalla (30-VI-1913), Santurtzi (9-VIII-1914) o en Basauri y Olabeaga. En estos dos últimos participaba en la campaña electoral a diputados provinciales de 1915. En el frontón de Ariz recordaba cómo, una vez más, el nacionalismo se enfrentaba a una lucha contra todos, pero ello era preciso para dignificar y devolver el antiguo prestigio a las corporaciones vascas. Días más tarde, en un mitin celebrado en Juventud Vasca, criticaría con dureza lo que calificaba como farsa electoral.

En Juventud Vasca 

Con solo la información que aportan las noticias de Euzkadi, sabemos que Imanol toma parte muy activa en la vida de Juventud Vasca. Es miembro de la directiva que rinde cuentas en 1915 y sigue siéndolo en 1916, hasta 1917, en que la directiva entrante le da las gracias a Aznar, el patriota saliente. Ofrece un buen número de conferencias. Son frecuentes las que se llaman Charlas sabinianas, en las que se recuerda la obra de Arana, como el discurso de Larrazabal, Libe, La batalla de Padura, La ceguera de los bizkainos, etc. Trata también de temas de actualidad, como es la difusión e importancia del deporte, animando a que los jóvenes cooperen al bien de la patria tanto en el orden intelectual como en el físico.

Tuvo tiempo de hablar a favor del euskera, idioma en el que escribió un par de artículos para Euzkadi. Quiere un idioma que salga al mundo, a la sabiduría, y no encerrado en el hogar. Por eso no pierde la oportunidad de rebatir a Unamuno cuando, sin citarlo expresamente, dice: "Recordad como un vasco mantuvo hace años en Bilbao la necesidad de dejar al euzkera bien envuelto en terciopelos, en el fondo del cofre amarillo".

El teatro se convirtió en un medio importante de propaganda nacionalista. Y también aquí tuvo una intervención destacable. Escribió, como es conocido, El jardín del mayorazgo, que contó con los lógicos aplausos de Euzkadi, pero también de los de La Tarde e, incluso, del diario monárquico El Pueblo Vasco. Por eso creemos que Prieto exageraba, y mucho, cuando decía que era una obra "donde se vierten contra España los mayores insultos, los más afrentosos escarnios, las más viles calumnias". Acaso la conoció de oídas, porque dudamos que asistiese a su única representación en el Campos Elíseos, y no en la sede de Juventud Vasca, como erróneamente afirmaba el político socialista.

Una breve obra, menos conocida, es su Sol de la cumbre, un monólogo que el propio autor leyó en el Campos el 6 octubre de 1913. Y es que Imanol tuvo varias intervenciones como actor aficionado. Lo hizo en Peru gixon, la obra de Alfredo Etxabe representada también en el Campos Elíseos. Con un teatro abarrotado recibió, junto a otros miembros de Juventud, los aplausos de un público entregado. Y además incorporó al protagonista de su obra, Ramón de Barroeta, el señor de una vieja casa infanzona del país enfrentado al intruso Ricardo.

A Madrid 

El 16 de junio de 1917, el diario de la noche El Día, se hace eco del rumor de la llegada de Manuel Aznar a Madrid, como director de El Imparcial. Llama la atención esa fecha porque aún seguía publicando sus artículos en el Euzkadi. El último que conocemos impreso en este diario es del 17 de octubre. Pero es que, en agosto de este mismo año, escribe Bajo la lluvia lejana. Para mis lectores de Euzkadi. Se trata de un artículo donde todavía manifiesta sus, en apariencia, inequívocas convicciones nacionalistas. Dice sentir en el frente de guerra de Oise y Aisne, una gran nostalgia por su patria, "tan bella y tan entrañable", y recuerda con ternura la fórmula nacionalista Nuestra tierra y nuestros muertos. No deja de atisbarse un cierto aire de despedida a sus lectores, pero con tal rotundidad patriótica que parece verdad lo que escribe. A la vista estaba que Imanol no solo actuaba en los escenarios de los teatros. Y también era patente que quería dejar de ser un actor aficionado, para convertirse en uno profesional con un buen caché.

Que ya había urdido su marcha a Madrid era claro. Pero no a El Imparcial, sino al periódico de Urgoiti, El Sol. Cuando ya ha asumido su dirección, explica detenidamente las "razones" del cambio de rumbo, en una larga entrevista que ofrece en el diario La Mañana en septiembre de 1919. Se siente una de las figuras del cuarto poder. Se muestra orgulloso y autosuficiente. Afirma que fundó Euzkadi con 18 años y un año después La Tarde, aunque esta vez ayudado por su actual director. Y aunque no sea verdad, sigue creyendo sus propias justificaciones, cuando explica su incursión en el nacionalismo vasco "porque me pareció algo romántico" y motiva su salida debido a que "mi nacionalismo no tenía nada que ver con el secesionismo cerril, que después ha preponderado, con el espíritu de cerrazón que ha seguido caracterizando al bizcaitarrismo".

Habilidades oratorias no le faltaban al mocetón de Etxalar que contestaba con firmeza cualquier pregunta por comprometida que esta fuese. Pero tenía también sus detractores. Acaso con menos pericia dialéctica, pero con datos precisos que Aznar ocultaba. Desde Bizkaitarra, se recordaba cómo Imanol había pasado de rabioso nacionalista vasco a cumbre españolista en pocas zancadas. Aberri le reprochaba sus opiniones sobre la posesión española de la plaza de Tánger, unas ansias imperialistas que contrastaban con sus opiniones anteriores en defensa de las pequeñas naciones. En el mismo semanario, con ocasión de la invitación que le brindó la Sociedad El Sitio en marzo de 1922 para venir a la villa, un tal R. tar P., en un artículo titulado, ¡Cómo cambian los tiempos!, le recordaba el día en que leyó, en Juventud Vasca, Libe, la obra de Sabino Arana. Lo hizo con tal entusiasmo que se vio obligado a decir unas palabras y "excuso decirte, lector patriota, que ese algo fueron palabras de aliento separatista". Concluía el colaborador de Aberri que el Imanol de Juventud Vasca había pasado a ser don Manuel Aznar, tras sacrificar "su conciencia de vasco por el afán de medrar".

mi querido Jefe, mi querido General 

El recorrido por las piruetas ideológicas de Aznar, y otras vicisitudes más o menos santas, lo resumió Indalecio Prieto en un articulo agudo e inmisericorde titulado La ficha de un perillán. Allí va analizando los cambios del periodista de Etxalar. De sabiniano a romanonista, azañista, maurista, portelista, para terminar, esta vez definitivamente, como franquista acérrimo. Biógrafo del Caudillo, redactor de una Historia militar de la guerra de España, cantor de la supuesta gesta del Alcázar de Toledo, son tan solo una pequeña muestra de los grandes méritos que aportó a su escalafón dentro de la dictadura. No vivió lo suficiente el político socialista para ver una de las últimas imposturas de Manuel Aznar. En el documental hagiográfico que el cineasta falangista Sáenz de Heredia dedicó al dictador, Franco, ese hombre, es entrevistado en Nueva York el que entonces era representante español en Naciones Unidas. Y lo hace en un escenario peculiar, en el Pabellón de España de la Exposición Mundial de Nueva York de 1964, para dar una imagen de una España moderna y abierta al mundo. Explicaba la virtud de templanza demostrada por Franco ante el mismísimo Hitler en Hendaia, y hablaba de la Guerra Civil, pero sin que prácticamente se exhibiesen imágenes en la película. La guerra era un escenario lejano que no convenía mostrar. Mejor solo narrarlo, y el papel de narrador de las glorias bélicas de su querido general le tocó, otra vez, a Manuel Aznar Zubigaray.

Después de tantos avatares, no sabemos si a lo largo de su extensa vida pensó alguna vez en aquella pregunta esencial que se formuló en tono solemne en 1914, en un artículo titulado El sentido nacionalista. Escribía Imanol: Yo soy nacionalista. Hubo un hombre extraordinario que se llamó Sabino de Arana. Aquí sobre mi mesa de estudio o sobre mi pupitre de trabajo están abiertos sus folletos y sus periódicos ¿Dónde comienza y dónde acaba mi nacionalismo?

El autor

José Ignacio Salazar Arechalde

 

Jurista en el ámbito de la administración local, sus trabajos de investigación histórica en el mundo del Derecho Urbano y periodístico se han plasmado en muy diversos libros, artículos y ponencias.