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SkunkFunk abre su escaparate de Gran Vía al arte

SkunkFunk abre su escaparate de Gran Vía al artista que colabora en su colección

SkunkFunk abre su escaparate de Gran Vía al arteFoto: Irati Atxa

HAY que dejar volar la imaginación". La frase de Inés era perfecta para la tarde de ayer en la Gran Vía bilbaina. Imaginación. Y la preciosa melodía de Imagine, de John Lennon, comenzó a brotar de la guitarra de un músico espontáneo que amenizaba la tarde junto al edificio de la Diputación Foral. A escasos cien metros, otro artista disparaba la imaginación pintando un enorme lienzo en el interior del escaparate de la nueva tienda de SkunkFunk, inaugurada en verano. Casualidad, sin duda, pero formaban una perfecta armonía que disparó la curiosidad por el arte de los bilbainos.

Will Barras, ilustrador londinense, era quien se encontraba tras los cristales del local de los diseñadores vascos. Es la nueva firma que aparecerá en los diseños de Art Collage, las colecciones que SkunkFunk promueve desde hace nueve temporadas con diferentes artistas -la primera firma fue vasca y el próximo verano la protagonizarán por primera vez dos artistas-. En concreto, Barras ha creado los estampados de siete camisetas para hombre y seis para mujer. La de ayer no era la primera vez que este londinense exponía su trabajo a tiempo real en un escaparate, experiencia que repetirá en Madrid. "Ya lo hice en Osaka, Japón, hace siete años. Estuve pintando con un grupo de artistas en unos grandes almacenes durante una semana. La gente venía a vernos todos los días, sacaban fotos, nos traían regalos...", contaba pincel en mano.

Negro, rosa, blanco, azul... Mientras pasaba el tiempo, la obra del londinense se convertía en una explosión de colores. "Trabajar delante de la gente me hace sentirme más consciente de mí mismo. Todo va bien si la obra está yendo bien", explicaba inspirado.

La colección de Art Collage observaba atenta desde las perchas del local, como cuadros en un museo en plena Gran Vía. Dibujos de su libro de bocetos e imágenes inspiradas en su viaje a Nueva York dan vida a la colección. "Estar fuera de casa te permite estar más en contacto con tus propias ideas. Me gusta recorrer las ciudades y ver a personas diferentes. Dibujo lo que siento", decía mientras captaba la mirada de decenas de bilbainos.

Al otro lado "Mira, está pintando un cuadro". "¿Qué hace ahí dentro?". "Vaya churros que está dibujando". "¡Mira qué bonito!". Las expresiones de sorpresa se repetían por la calle principal de la villa. "Desde luego, si querían llamar la atención lo han conseguido", resaltaba un futuro periodista mientras cogía apuntes del nombre del artista y captaba unas imágenes. "Está utilizando colores muy similares a los de la colección de ropa que tienen en la tiendas, ¿no crees? Es perfecto", comentaba Sandra, tras haberse comprado un bolso SkunkFunk. "He visto las camisetas dentro y me han parecido muy chulas, probablemente acabe comprando alguna", añadía con una sonrisa.

Las acuarelas de Barras seguían dando forma al lienzo. "No tengo un plan. No existe ninguna fórmula, solo intento alcanzar una extraña tensión, es más fácil llegar a esto cuando todo lo que te rodea es nuevo", desvelaba concentrado. Sin embargo, esta no era la primera visita del inglés a la ciudad. Barras conocía el Guggenheim, "me pareció alucinante", y se había quedado impresionado con el paisaje bilbaino. "Me gustó muchísimo la manera en la que se asienta la ciudad sobre un valle y cómo se pueden apreciar las fronteras entre ciudad y el entorno natural. Me gusta el País Vasco", sentenciaba. Una cara comenzaba a vislumbrarse sobre el lienzo.

Trabajaba sobre la marcha. Salía y entraba del escaparate observando su creación. Planeando su próxima pincelada. Observaba la paleta de colores. De todos ellos, Barras escogería dos para Bilbao. "Creo que utilizaría verdes y morado. Recuerdo Bilbao húmedo, de vegetación exuberante y con niebla", reflexionaba. "Me gusta la manera en la que los pueblos y carreteras se aferran a las laderas y el viento a través de los valles. Pero no sería simplemente pintoresco. Creo que haría un dibujo sucio, orgánico y rudo también", describía.

Dos horas después, se distinguía en el escaparate un jinete montado sobre un caballo. "Siempre me ha gustado mucho la figura de un hombre montando a caballo". El rosa y el amarillo protagonizaban el dibujo al que dirigían las miradas decenas de curiosos. "Al final, todo está unido, la moda también es arte, ¿no?", sentenciaba, de nuevo acertada, Inés.