Especialista de los centros IVI

Marcos Ferrando: "El deseo de ser madre es más fuerte que la pandemia"

El director médico del centro IVI en Bilbao, Donostia y Santander, subraya la necesidad "de poder ofrecer una solución a todas aquellas mujeres que han visto truncados sus planes por el colapso general que ha supuesto el covid-19"

17.02.2021 | 19:48
Marcos Ferrando, especialista de los centros IVI

Dice que "la prioridad es poder garantizar no solo la seguridad de los pacientes, sino también el éxito de sus tratamientos en el menor tiempo posible", aunque "somos conscientes de que muchas mujeres no pueden esperar a que la pandemia mundial permita reanudar la actividad hospitalaria con la agilidad que tenía antes". Y añade: "Para las pacientes de preservación de la fertilidad por motivos oncológicos, con baja respuesta ovárica y las de edad avanzada, el tiempo es fundamental". Hablamos con el doctor Marcos Ferrando de este asunto, que siempre está de actualidad.

Con la pandemia, ¿los tratamientos de fertilización están aumentando o por el contrario se sitúan como antes de su aparición?

- Están a un nivel parecido. En marzo, cuando apareció la pandemia, ninguna sociedad científica dijo que resultaba peligroso embarazarse; lo que querían evitar era los contagios entre las personas. Como se decidió que la reproducción asistida no era "esencial" nos recomendaron que, tras acabar los tratamientos que tuviéramos en marcha, parásemos, y así lo hicimos, pero al cabo de un mes ya habíamos iniciado los nuevos ciclos con las pacientes y a principios de mayo ya estábamos trabajando normal. La actividad asistencial es la misma que la del año pasado por estas fechas; no vemos diferencias.

¿Les resultó llamativo no ser considerados como actividad esencial?

- Los especialistas que nos dedicamos a la reproducción no entendimos que no se incluyera la especialidad como esencial, porque sí lo es. Está claro que tener un hijo lo puedes dejar un poco, no es vital, pero sin embargo sí lo es para muchas mujeres con edad, ya que la calidad de sus óvulos disminuye. Desciende principalmente a partir de los 38-40 años, y por eso, decirle a una mujer de esa edad que aplazamos seis meses su tratamiento significa que contará con menos oportunidades de embarazarse con sus óvulos que otras mujeres que sí lo pueden intentar en sus casas. Las mujeres que acuden a nuestros centros lo hacen por necesidad, por el deseo inmenso de tener hijos. Esta mujer va a demorar su maternidad porque no le están dejando hacer el tratamiento y tendrá un perjuicio para su salud reproductiva con respecto a otras mujeres que no lo necesitan y que sí podrán seguir con su proyecto de vida.

¿Qué es lo que se demanda más: fecundación in vitro, vitrificación de óvulos...?

- En general, lo que más realizamos son fecundaciones in vitro. En Bilbao hacemos unas mil fecundaciones in vitro y unas 800 donaciones de óvulos, y en otros centros del País Vasco y Navarra también son los tratamientos más demandados. Además, siguen aumentando, porque las mujeres demoran la maternidad. Lo que vemos mucho es que cada vez tenemos más demanda de pacientes extranjeras, pacientes francesas que vienen a realizarse tratamientos porque en Francia no pueden hacer donación de óvulos. También tenemos muchas parejas lesbianas francesas, porque allí tienen problemas para encontrar donantes. De hecho, allí hasta hace poco esto no se contemplaba, aunque la ley iba a cambiar, pero de momento, las francesas siguen viniendo aquí y son las que más crecen.

¿Y las preservaciones de óvulos?

- Por temas sociales siguen aumentando mucho, y se deben a que cada vez se demora más la edad de la maternidad. Así como las fecundaciones in vitro no son llamativas, en lo que es la preservación de óvulos año tras año nos asombra el incremento.

¿En qué tramos de edad hay más demanda?

- La media de edad comienza a partir de los 38 años. El perfil actual es una mujer de 38 años que viene a buscar el primer hijo. El segundo lo tendrá con 40 o 41.

¿Las parejas repiten?

- Sí. A mí me llamó la atención con respecto por ejemplo a Valencia. Aquí veo más el deseo de las parejas de tener una familia y ese mensaje cala. Allí, si les ha costado mucho tener un hijo, igual ya no van a tener un segundo, pero aquí lucharán por él. Incluso tengo bastantes pacientes que vienen a por un tercero y hasta un cuarto. En Valencia no recuerdo tener un paciente que viene a por un tercero.

¿El porcentaje de éxito cada vez es más elevado debido al desarrollo de las técnicas existentes?

- Este es uno de los grandes cambios. La tecnología nos ha permitido que cada año las tasas de embarazo mejoren y que no solo sean mejores las tasas globales, sino que las mujeres lo puedan conseguir en el primer intento. Disponemos ya de programas de garantía, y al final, para la gente que estamos trabajando en temas de fertilidad esto da mucha tranquilidad. Más allá del mensaje comercial o no, lo que se intenta decir a las pacientes es que hemos mejorado tanto las técnicas que somos capaces de poder garantizar los resultados. Tenemos tan claro que las tasas son superaltas que al final prácticamente todo el mundo tendrá descendencia, y a quienes no lo logren la clínica les devolverá el dinero gastado. Para las pacientes que se someten a estos procesos, que son muy duros emocionalmente, ofrecerles estas garantías le supone una gran tranquilidad, y eso se puede hacer, porque a día de hoy ya digo que las tasas de éxito son muy altas.

Hay un tema vidrioso: los vientres de alquiler, que aquí no son legales. ¿No habría que regularizar esto para que la gente no se vaya al extranjero y se genere una especie de tráfico?

- Claramente. En España está prohibido y no se puede hacer. Nosotros como grupo, y yo como médico a nivel personal, lo que queremos es lo mejor para nuestros pacientes, y darles a cada uno lo que necesitan. Aquí surgen divisiones entre quienes piensan que esta práctica va en contra de los derechos de las mujeres, algo en lo que no voy a entrar, pero lo que tengo claro es que quiero lo mejor para mis pacientes. Obviamente, lo que no deseo es que por este bien una mujer sea explotada en cualquier país pobre, eso en absoluto. Eso sí, habrá que buscar una forma intermedia para que se pueda regular este asunto al mismo tiempo que se asegura que no existe explotación.

¿Se pueden delimitar los casos para que no haya dinero por medio?

- Podría ser. Por ejemplo, si se pudiera hacer entre hermanas, donde nunca se va a producir una explotación porque todo se hace por amor; o entre familiares de primer grado, o entre amigas, y así asegurarnos de que no hay una parte económica en juego, pero pienso que se tiene que regular y legislar para que exista esa opción, porque de lo contrario, esas parejas lo buscarán en otros países, donde se acabará explotando a otras mujeres. Se producirá lo que queríamos evitar, y precisamente por prohibirlo aquí. Hagamos una buena normativa donde se explicite que no se explotará a la mujer, y a partir de ahí que sea algo que se pueda ofrecer, porque si no la gente se irá a otros países.

La fecundación in vitro en ocasiones se asocia a parejas homosexuales, pero, ¿el perfil es más general?

- Es una medicina reproductiva para ayudar a cualquier persona a crear una familia. Habrá gente que está enferma (con trompas obstruidas, semen alterado€) pero estamos para ayudar a cumplir el deseo de ser madres y padres a cualquier tipo de parejas. Aquí entran las de lesbianas y las mujeres solas, que de otra forma no podrían acceder a la maternidad. Por el momento, a quien no podemos ayudar, porque no están permitidos los vientres de alquiler, es a las parejas de gays, para quienes si tuviéramos esos vientres de alquiler habría otra opción. Al final, lo que damos son herramientas a parejas de cualquier tipo que quieran ser padres o madres.

¿Abogaría por la selección de embriones para evitar enfermedades genéticas?

- Como médico, todo lo que pueda hacer por evitar enfermedades a un niño que la van a sufrir él y la familia, me parece bien siempre que tengamos las herramientas científicas y médicas que puedan evitarlas. Por eso soy partidario. Tenemos técnicas actualmente, como el diagnóstico genético preimplantatorio, que te permite analizar los embriones antes de transferirlos y puedes saber si es un síndrome de Down, una mutación de una enfermedad monogénica, o lo que sea, y poder evitar tener un hijo enfermo. A veces nos llegan parejas que han tenido un hijo enfermo, que a raíz de eso se han enterado de que son portadoras de una mutación y lo que desean es evitar que el segundo hijo sufra lo mismo que el primero. También tenemos el test de incompatibilidad genética, prueba que consiste en hacer una analítica de sangre para saber qué mutaciones tiene una persona y evitarle cuando se junte con otra que tiene la misma mutación que se sufra la misma enfermedad.

Hay quienes piensan que eso es jugar a ser dioses...

- Podría pensarse, pero yo lo veo como una forma de ayudar a esas parejas a evitar las enfermedades de sus hijos, que es a lo que nos dedicamos nosotros. La medicina tiene una parte que es curar la enfermedad, y otra que es preventiva, es decir, evitar la enfermedad, ver qué herramientas damos a la población para soslayar la patología.

Hoy más que nunca es difícil aventurar qué nos deparará el futuro...

- Sí, porque con el test de incompatibilidad genética analizamos unas 600 enfermedades. Estoy convencido de que en unos años seremos capaces de analizar casi todas, las 2.200 que hay. Es cierto que ahora cada analítica puede costar unos mil euros, pero estoy seguro de que dentro de unos dos años puede costar unos cien, por ejemplo. Llegará un momento en el que si hacemos una analítica de sangre a los dos miembros de la pareja, podremos saber y evitar al cien por cien las enfermedades raras que en la actualidad existen entre nosotros. Por ejemplo, una fibrosis quística. Todo esto lo podremos evitar.

¿No nos acercara al mundo feliz de Huxley?

- No lo sé, pero estaría feliz de saber que hemos contribuido a erradicar enfermedades, del mismo modo que se erradican dolencias infecciosas con las vacunas. Estaré encantado de trabajar para acabar con determinadas dolencias genéticas.

Hasta hace poco la implantación era multiembrionaria. ¿Se camina ahora a implantar monoembriones o aún está esto lejos de conseguirse?

- La tendencia es cada vez mayor a implantar un embrión, y ahora en el 90% de los casos solo introducimos uno. Exclusivamente cuando la paciente es muy insistente y así lo desea, implantamos dos. Hicimos hace poco un estudio para saber la cantidad de dinero que le cuesta al sistema público el incluir dos embriones, por los ingresos en las Ucis pediátricas, las alteraciones de esos niños, la casuística de cesáreas y alrededor del embarazo€ La recomendación es que la gente se mentalice y que la tendencia sea a implantar un embrión. Hay gente que tiene la ilusión de tener gemelos, pero deben primar la parte médica y nuestra responsabilidad hacia los pacientes.

¿Cómo realizan la selección de donantes de óvulos?

- Antes lo hacíamos por el color del pelo y optábamos por el que más se parecía a quien quería ser madre, pero ahora contamos con una herramienta que hace una fotografía del donante, considera cien puntos faciales, y se hace la misma fotografía a la receptora. No solo buscamos que alguien se parezca más o menos, sino parecidos reales, porque busca cien puntos de concordancia, cien puntos de similitud real, además de hacerle todos los test y pruebas.

¿Cuál es el principal caballo de batalla para quienes trabajan en temas de fertilidad?

- La baja calidad de los óvulos, porque hay gente que llega con pocos óvulos o malos, y este es el principal problema. Me paso el día viendo a mujeres con pocos óvulos, que son mi perfil principal. Muchas de las líneas de investigación están intentando encontrar una solución al problema. Algunas parten desde las células madre para conseguir óvulos nuevos, y de hecho se han logrado algunas líneas para obtener espermatozoides a través de células de la piel. Luego están las tres técnicas de rejuvenecimiento ovárico.

¿Cuáles son?

- Una es coger células madre de la médula ósea que luego se introducen a través de un cateterismo en la arteria ovárica; es una técnica más invasiva que ya hemos realizado en el IVI. Otra técnica consiste en coger un trocito del ovario, que se trocea para que se activen factores de crecimiento, y ese trocito se vuelve a introducir otra vez en el ovario, con lo que consigues que se reactiven algunas células durmientes. Así, ovarios que no tenían vida han vuelto a tener actividad. De hecho, se ha conseguido que mujeres con fallo ovárico, con menopausia precoz, vuelvan a tener reglas y vuelvan a ser madres. Y la tercera técnica se basa en factores plaquetarios: se cogen plaquetas y las pinchas en el ovario. En el IVI seremos pioneros en esta técnica, ya que tenemos aprobado un estudio que se pondrá en marcha en breve. Ha costado mucho la aprobación por los comités éticos, pero ya tenemos su visto bueno, con lo cual empezaremos pronto.

¿El rejuvenecimiento ovárico es el futuro?

- Sí, alguna solución habrá que encontrar. Si serán estas, ya lo veremos, pero por ahí van los pasos a seguir, porque es lo que más problemas nos da a los especialistas que trabajamos en fertilidad y en reproducción humana.