Gama Audi TFSIe, los coches del cable

Ocho modelos del repertorio de la marca de los aros aprovechan las ventajas de la impulsión híbrida enchufable, considerada la fórmula idónea para transitar hacia la electrificación plena

19.12.2021 | 00:29

eL porvenir es eléctrico. A base de repetir este mantra, el sector del automóvil y una parte de la sociedad dan por hecho un augurio que aún está, precisamente, por venir; es decir, lejos de convertirse en realidad. El periplo hacia la movilidad sostenible promete redimirnos del derroche contaminante de los motores de explosión contemporáneos, para conducirnos a un mañana eléctrico presuntamente inmaculado. Es un largo camino plagado de dudas y con muy pocas certezas. La única que suscita un consenso generalizado considera a la hibridación como la solución de compromiso idónea para afrontar esa evolución tecnológica del petróleo a la corriente.

Así que para mantenerse en vanguardia, las marcas punteras cultivan esta pragmática fórmula de transición. Y pocos lo hacen con la convicción, eficacia y dedicación de Audi. La marca de los anillos aglutina bajo la denominación TFSIe su oferta PHEV, acrónimo de la expresión inglesa Plug-in Hybrid Electric Vehicle acuñada para referirse a los modelos con impulsión mixta recargables en la red. Será por siglas...

En la nomenclatura de la casa alemana, estas letras identifican a veinte propuestas mestizas enchufables. Corresponden a una docena de declinaciones formales de ocho modelos diferentes, que cubren casi todo su abanico comercial, permitiendo disponer de hibridación recargable en tres niveles del mercado. En todos los casos sacan partido al esfuerzo coordinado de un motor de gasolina y de un bloque eléctrico alimentado por una batería de iones de litio. Consienten cortos recorridos en modo exclusivamente eléctrico –73 km en el mejor de los casos–, circunstancia que los hace merecedores de la etiqueta medioambiental 0 de la DGT.

El catálogo propone, por un lado, interpretaciones semejantes de creaciones compactas como el A3 Sportback, el Q3 y su derivada Sportback; utilizan como motor principal el 1.4 TFSI de 140 CV. En la franja intermedia de la oferta TFSIe aparecen los Q5 y Q5 Sportback, los A6 y A6 Avant y el A7 Sportback, animados por el bloque de dos litros y 265 CV. En el estamento superior se sitúan el Q7, el A8 y el Q8, propulsados por el 3.0 TFSI de 340 CV.

Los motores de gasolina se vinculan siempre a otro eléctrico, una máquina síncrona de imanes permanentes cuya potencia varía entre 80 y 105 kW, dependiendo del modelo. Dicha unidad eléctrica va integrada en la caja de cambios automática, donde forma el módulo híbrido, junto con el embrague de acoplamiento que conecta el motor TFSI con la transmisión.

Los modelos compactos equipan caja S tronic de seis velocidades, que transmite la fuerza motriz a las ruedas delanteras. Los Audi de las categorías superiores, que disponen sus propulsores longitudinalmente, equipan cambio S tronic de siete relaciones o tiptronic de ocho, y disfrutan de tracción integral. Los Q5, los A6 y el A7 Sportback implementan el sistema quattro con tecnología ultra de acoplamiento automático del eje trasero. Por su parte, el Q7, el A8 y el Q8 instalan la tracción permanente quattro con un diferencial central puramente mecánico.

Tras esta sencilla pero algo farragosa descripción, el cliente potencial se preguntará: ¿y a mí en qué me afecta? La respuesta es fácil: en poco o nada. Los coches PHEV, híbridos enchufables como estos que propone Audi, se conducen exactamente igual que los de toda la vida. Muestran reacciones semejantes y hacen las mismas cosas; esas y también unas pocas más, casi todas sin intervención o esfuerzo humano. Permiten, por ejemplo, delegar en el propio sistema la gestión de la impulsión, con la certeza de que elegirá en cada momento la fórmula de avance idónea. No obstante, el usuario siempre puede determinar que las reacciones del vehículo sean alegres o más bien sosegadas y austeras.

El aspecto, la configuración interior y el manejo de los TFSIe son prácticamente idénticos a los de una variante diésel o gasolina de toda la vida. Presentan, eso sí, una instrumentación más completa y pueden padecer mínimas mermas de capacidad en el maletero para hacer sitio a la batería. Pero su gobierno y su comportamiento dinámico no difieren de lo acostumbrado, salvo por el sigilo y la suavidad cuando avanzan a batería.

Los Audi TFSIe arrancan por defecto en modo eléctrico, que actúa en exclusiva a bajas velocidades. El Audi Select Drive se encarga de adecuar la respuesta del automóvil a las preferencias y a las necesidades de utilización de quien lo maneja. En función del programa de conducción elegido, fomentará reacciones más o menos vehementes, que es como decir más o menos ecológicas, lo que determinará la duración de la reserva eléctrica. Más allá de hacer menos sostenibles los desplazamientos, el agotamiento de la batería no comporta limitaciones de movilidad: el coche continúa funcionando con total normalidad con el motor de gasolina. Eso sí, consumirá y contaminará algo más que la versión térmica equivalente, debido a su mayor peso.

Así pues, el esfuerzo económico adicional que requiere un híbrido enchufable no se justifica si no se van a aprovechar las ventajas medioambientales y la rentabilidad que propicia su naturaleza mestiza. En consecuencia, antes de adquirir un TFSIe de Audi o cualquiera de sus competidores conviene cerciorarse de cuáles son las posibilidades de reabastecer asiduamente su batería. Si no se dispone de libre acceso a un punto de recarga, ya sea en el domicilio o en el destino habitual (lugar de trabajo, por ejemplo), uno de estos PHEV aporta más problemas que soluciones.

El Audi A3 híbrido enchufable puede reponer la energía de su acumulador en una toma de hasta 2,9 kW. Los Q3 y Q3 son capaces de trabajar a 3,6 kW, mientras que los modelos del segmento superior admiten cargas a 7,4 kW. La operación de repostaje exige una inmovilización mínima de entre 2,5 y 4,5 horas, dependiendo del modelo.

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