Berni González de Zárate: "Las generaciones venideras tendrán que reutilizar, sí o sí"

Sus apellidos delatan su origen: Berni González de Zárate Pérez de Arrilucea nació en Vitoria-Gasteiz en 1982. Con un currículo inigualable en moda y forjado incluso en la cuna del sector textil europeo como es Milán, este hoy residente en Santurtzi (Bizkaia) tocó el cielo con proyectos pioneros que brillaron con grandes titulares en los demasiado fugaces medios de comunicación.

04.02.2021 | 20:21
Berni González de Zárate.

Ex diseñador de Skunkfunk, fundador de la marca de surf BïNik y una especie de hombre del Renacimiento, arranca la página de 2020 para –aliteración incluida– arrancar de paso una nueva vida a 180º de sus sueños de los últimos años laborales. Se despide en 2021 de ellos "sin espinas clavadas" para sentir la estabilidad de ser funcionario.

Pocas personas en el mundo de la moda vasca tendrán una preparación y un currículo tan rico como el suyo. Y sin embargo, ha optado por ser funcionario.
Para nada, hay gente con currículos mucho más ricos y extensos. Al final, el currículo de uno solo muestra una parte de su experiencia. Muchas empresas solo se fijan en ello y no en lo que verdaderamente importa: la persona y su manera de trabajar y de relacionarse con los compañeros.

Usted, entonces, ¿qué destacaría de él?
Si tuviera que destacar algo en mi currículo, de lo que realmente estoy orgulloso, sería de ser padre, y es esa la razón por la que he optado por dejar la moda a un lado y ser funcionario, porque la titulitis no nos paga las facturas a final de mes. Por otro lado, trabajar en el sector textil en Euskadi está bastante difícil y lo que tenía claro es que no quería irme a vivir fuera, y menos ahora, con dos hijos.

Usted ha sido pionero creando ropa calificada de inteligente, capaz de ver, escuchar y analizar. ¿Cómo puede concretar el proyecto?
Tuve la oportunidad de crear un proyecto muy bonito llamado The Wearable Factory Project. Logré convencer a la multinacional IBM, que nos prestó logística y un programa de Inteligencia Artificial llamado IBM Watson, también al Ayuntamiento de Bilbao y a tres universidades. Fue increíble poder reunir a más de 60 personas colaborando en el objetivo de crear prendas que pudieran ayudar a solventar diferentes problemas de la sociedad. Mediante las herramientas cognitivas de reconocimiento de voz, análisis de tono o reconocimiento visual creamos prendas para evitar ataques a mujeres, facilitar la comunicación a gente con autismo, ayudar a personas invidentes a cruzar la carretera o tratar de prevenir accidentes con ciclistas mediante una señal inteligente. Pudimos elaborar prototipos funcionales, algo que se puede ver en mi web, pero lamentablemente no se llegaron a comercializar ni a hacerlos realidad.

Otro gran proyecto fue Fugu's: un prototipo que en caso de sufrir algún problema en el agua se inflaba, y se le ocurrió por el pánico que usted mismo sufrió en un pantano. ¿Llegó a comercializarse?
Sí, la verdad que aquel momento fue el detonante para crear tanto la prenda inflable como el proyecto que he comentado. Haber estado cerca de ahogarme hizo que siempre tuviera en mente la creación de un artilugio que pudiera dar una segunda oportunidad, pero al no tener las herramientas para llevarlo a cabo, se quedó solo en idea. Pude lograrlo gracias al Espacio Open, Paola Guimerans, Bilbaoekintza y la Universidad Parsons de Nueva York, que seleccionaron mi idea junto a otras cuatro en el concurso Five Prototypes.

Pero, ¿de qué se trataba?
De un inflable insertado en una pequeña riñonera que al ser presionado hacía emerger al accidentado. Además llevaba una pequeña caja estanca que aportaba datos de la geolocalización.

Hablemos de su preparación. Estudió su la cuna europea de la moda: Milán. ¿Cómo lo recuerda?
Recuerdo Milán como un espacio creativo, de amistad y de no parar de disfrutar del momento constantemente. También tuve la oportunidad de trabajar en San Siro, el estadio de fútbol del A.C. Milán, y seguir haciendo deporte ganando los 5.000 metros de la liga universitaria.

Siguiendo con las carreras. ¿Qué diferencias encontró en la forma de impartir docencia entre su paso previo por la facultad de Bellas Artes de Leioa y la milanesa?
Para mí, llegar de una universidad como la de Bellas Artes (UPV/EHU) y aterrizar en la Universitá Politécnica di Milano fue un salto enorme. De estudiar con unas instalaciones muy precarias a tener exposiciones de Ferrari en la facultad o recibir clases magistrales de grandes marcas. Aunque no todo fue positivo. Todavía tengo grabado en la mente el olor a animal muerto que desprendían las pieles del peletero de Prada, algo que me indignó. Pero donde realmente he aprendido ha sido a través de los libros y mediante la búsqueda y la práctica personal.

También estudió Arte. ¿Qué influencia tuvo su padre en este capítulo?
Mi padre es Catedrático en Historia del Arte y desde muy pequeño he estado asistiendo a sus conferencias, visitando museos, rodeado de cuadros y grabados, y escuchando las historias que los acompañaban, sabiendo que el arte trata de explicar el porqué de aquellos trazos y manchas, algo que le agradezco enormemente. Pero por otro lado la influencia de mi madre es igual de importante, ya que era ella la que siempre tenía un lápiz a mano y me inculcó las ganas de leer, escribir y desarrollarme artísticamente.

Conservan un libro familiar dedicado al cuadro Guernica, de Picasso...
Sí, en su libro Picasso Genio e Inspiración, mi padre describe y analiza el Guernica, mostrando la iconografía que utilizó el artista y el significado de dichas imágenes para representar la atrocidad de aquel acto miserable en abril de 1937. Creo que a mi padre le marcó esta obra más allá de su vocación artística, tal vez por el impacto que sufrió nuestra familia en sus propias carnes con el fusilamiento de Teodoro González de Zárate a mano de las tropas franquistas tan solo un mes antes de ese bombardeo.

Ocho décadas después de aquel episodio, ¿es el diseño gráfico fundamental en el mundo de la moda?
En mi caso sí, ya que es mi herramienta básica. Sin el ordenador y los programas informáticos no tendría opciones de trabajar en ello, pero creo que otro tipo de marcas y de profesionales se basan más en otros puntos, como la prenda en sí, el patronaje, los tejidos€

Le recuerdo trabajando para la famosa marca Skunkfunk de Lezama. ¿Qué cree que aportó a esta firma?
Creo que es más lo que la marca me aportó a mí: los valores ecológicos, la ética a la hora de trabajar en este mundo y que todo no vale. Los viajes trabajando para ellos recorriendo Asia me marcaron, y pude ver el impacto medioambiental del mundo de la moda. Por mi parte pienso que pude aportar constancia, camaradería, y sobre todo alegría. Pero si he de valorar algo es haber compartido tanto tiempo con los mejores compañeros que he tenido. A veces uno no cae en la cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde.

Casi al mismo tiempo, se hizo emprendedor con una marca de ropa de naturaleza y surf propia BïNik. Abrió mercado, pero le pillaron la crisis económica y la pandemia.
Eran tiempos difíciles, en la empresa estábamos en ERE y creí que era hora de trabajar en paralelo en un proyecto que no pudiera perjudicar a Skunkfunk. Era otro tipo de cliente y otro mercado, por lo que no tuve problemas. Creo que aprendí mucho de aquellos años, de mis fallos, de no tener un socio que me ayudara y hacerlo todo solo, de compaginarlo con tres trabajos a la vez, de mucho sacrificio, de horas de trabajo y de no estar con mi hija, de confiar en ciertas personas, tiendas€ y de enfrentarme a morosidad, falta de solvencia y a tener que ir en persona a diario a cobrar lo que era mío. Finalmente, y con mucho dolor, opté por cerrar el negocio porque si no, él iba a terminar conmigo. Y la verdad es que ahora estoy más tranquilo con mi vida, disfruto de mis dos hijos y veo todo con otra perspectiva.

¿Cómo eran sus diseños de BïNik?
La mayoría de las camisetas y prendas tenían un mensaje detrás, estaban basadas en artistas, en pinturas o en los mensajes que sacaba de algunas lecturas. En mi página web aún pueden verse –no tengo venta directa pero si alguien necesita algo no tiene nada más que escribirme–. Aunque mi plan de vida actual no gira en seguir vendiendo nada, quiero seguir pintando y dibujando el mundo que me rodea y de las ideas que saco de la lectura. Pero sobre todo, seguir investigando en mi nuevo proyecto de vida.

Pero, hay lugares aún que ofertan sus prendas€
Actualmente sigo teniendo venta en Az Shop –la tienda del Azkuna Zentroa en Bilbao– los bolsos reciclados que realizamos con parapentes, cinturones de seguridad y demás materiales reutilizados.

Siempre innovando. Hubo un boom, un ilusionante impulso colectivo de productos textiles Made in Bilbao, como también, por ejemplo, Casualirreal y otras firmas, pero de nuevo surgían necesidades en el sector que no llegaban€
Sí, el mismo problema que he relatado lo han sufrido muchas otras marcas. Grandes diseñadoras como María e Inma de Casualirreal, que también han tenido que abandonar el sueño de crear prendas porque contra el fast fashion no tenemos nada que hacer. La vida real es como un océano, donde el pez grande casi siempre se come al pequeño. Pero lo peor no es eso, sino lo que las generaciones venideras van a tener que sufrir, a raíz del consumismo excesivo que estamos generando. Tendrán que reutilizar sí o sí, porque no habrá otra vía.

¿La moda vasca ya no está de moda?
Claro que hay marcas vascas que seguirán luchando, pero la globalización no entiende de Kilómetro 0 ni del impacto de la huella de carbono. Sinceramente creo que debería prohibirse el uso de cookies y ciertas herramientas para hacernos aún más esclavos a la hora de comprar, y que deberían implantarse leyes para controlar las producciones masivas. No somos conscientes de toda la maquinaria que ponemos en marcha cada vez que compramos en Amazon o en otro tipo de portales.

¿Sobrevive la moda vasca?
Sí que la hay, y tenemos incluso marcas que fabrican sus propios tejidos sostenibles aquí en Euskadi.

¿Grandes monopolios como Inditex han globalizado la forma de vestir?
Esas empresas tienen tanto poder que se comen todo lo que hay alrededor. Sus precios no tienen competencia y sus prendas se ven en todas las calles, revistas, televisiones... Finalmente e inevitablemente esto influye en el cliente de a pie. Llegará un día en el que todo el mundo termine vistiendo de la misma manera, al gusto de un Amancio del futuro, como en la novela Un mundo feliz, de Huxley.

¿Hay espacio y espacios para nuevos valores en Euskal Herria?
Eso espero. Ojalá llegue el día en el que jóvenes y personas innovadoras puedan mostrar sus creaciones en la misma vitrina que las grandes empresas. También está claro que los que viven de subvenciones siempre son los mismos y acaparan las ayudas que podrían usarse para otros compañeros que realmente las necesitan.

Fue asesor del Ayuntamiento de Bilbao en un proyecto llamado Futurables. ¿Qué era?
Durante el año 2018 un grupo de profesionales conectados al sector de la Tecnología, como por ejemplo Emerid, trabajamos para sacar adelante proyectos innovadores la ciudad de Bilbao, con temática wearable, es decir, la unión entre tecnología y textil. Todo el trabajo realizado quedó plasmado en las ponencias sobre aplicaciones en seguridad y salud.

Corría 2016 y se gestaban ilusiones también al diseñar usted la nueva equipación y merchandising del Deportivo Alavés y Baskonia. ¿Cómo se sentía entonces? ¿Bocetaba esperanzas?
La verdad es que tras varias reuniones con un dirigente del club y su aprobación, tenía mis esperanzas en ello, pero todo quedó en humo, como también me pasó con el Athletic y su línea de moda.

¡Qué malas son las decepciones!
Fue un palo muy grande por los sueños que genera en uno mismo la idea de vestir al equipo de tu ciudad, en mi caso en el que jugué en categorías inferiores. Al final pude crear merchandising y prendas de vestir de los clubes. No era para lo que me habían contratado en su momento, pero tan solo puedo agradecer el apoyo que me brindaron en su momento y que a día de hoy la marca sigue la línea que creé.

De hecho, fue profesor universitario de Diseño de Moda, docente en talleres Fashiontech y Ephimeral. ¿Pensó que algún día cambiaría de registro?
Cuando dejé parte de mi trabajo como diseñador para convertirme en docente creí que sería mi profesión de por vida, pero pronto pude conocer de cerca el oscuro mundo de los contratos del profesorado de muchas universidades privadas, falsos autónomos o vacaciones sin pagar. Creo que el gobierno debería cerrar muchos falsos chiringuitos y dar más valor a las universidades de verdad, con estándares de calidad de trabajo y contractuales, y donde no se quiera sacar tan solo el dinero a padres que buscan un futuro mejor para sus hijos.

¡Usted arriesgó!
Creé talleres que unían Moda y Arte con la tecnología, sobre todo para los más pequeños, algo que tuvo muy buena aprobación y que están basados en la metodología STEAM y la importancia de la creatividad y el Arte unida a la Ciencia, Tecnología y las Matemáticas.

Y continuó investigando, tratando de aportar además de moda, ciencia con las citadas prendas cognitivas y uso de inteligencia artificial. ¿Tocó cielo al convertirse por ello en foco mediático?
Tuve la oportunidad de publicar un artículo de investigación en base al proyecto elaborado, también de presentarlo en la sede de IBM y de mostrarlo en la prensa, pero lo que verdaderamente me gustaría es que se investigara más al respecto y que la universidad sea un espacio de colaboración para crear una sociedad más avanzada. Lo que no pudimos llevar a término fue la segunda edición. En ella traté de crear una colección con el alumnado mediante la unión de los diseños de Balenciaga y el arte de las primeras vanguardias del siglo XX gracias a la información que nos aportaba mediante la unión de algoritmos por forma, color y textura, la herramienta de Inteligencia Artificial: Cognitive Fashion.

Acabó reinventándose como coach en liderazgo de emprendimiento e innovación. ¿Qué comunicaba a su público?
Fue una apuesta arriesgada, un trabajo en Irun, a más de 180 kilómetros de distancia, que tenía que realizar tres días a la semana, y además acababa de ser padre. No era el momento, pero no quería arrepentirme por no haberlo intentado ni quedarme con la pregunta de: ¿Y si lo hubiera hecho?

¿Cómo ve a los coaches?
La realidad es que no creo en la tarea de coach en el terreno universitario, se hablaba y hablaba pero no se ejecutaba. Pienso que se es más efectivo actuando y guiando, no solo haciendo preguntas. Lo que pude aportar fue ética, me quedo con los dieciséis compañeros de viaje que tuve.

Además, ha publicado dos novelas: El tren de la cordura y Universos paralelos. ¿Cómo cree que es su literatura?
Esas novelas necesitan una corrección más extensa y unos ligeros cambios que tal vez los lleve a cabo en un futuro próximo. Fueron escritos que ejecuté de manera mecánica y acompañados de algo de subconsciente, y creo que debo darles algo más de forma para que el lector comprenda todo el caos que llevo dentro.

Otra de sus pasiones, además de su familia, son las ilustraciones. ¿Continúa recibiendo encargos?
He estado muchos años centrado en la moda y la educación, ahora mismo tengo un proyecto para realizar murales en la ciudad donde vivo, Santurtzi. El trabajo de los últimos años en la ilustración digital se debe a la falta de espacio y a la facilidad que tiene crear a partir de una herramienta tan potente como es el Ipad y su lápiz digital. Esto tiene sus pros y sus contras. Si tuviera que elegir, me quedaría con el lienzo y el óleo, pero necesitas espacio para la obra y para no envenenar a la familia con los olores que desprenden.

¿Guarda alguna espina del mundo de la moda?
Ninguna. Agradezco el tiempo que estuve trabajando en él, la gente que conocí, los viajes que realicé y todo lo que aprendí. Sin aquellos años no sería el que soy ahora, para bien o para mal. Por otro lado, ver el impacto que tiene la producción textil me ha hecho querer dejarla de lado y buscar cómo tener la menor huella ambiental con mis actos.

¿Ha sacado algo positivo del confinamiento estricto de 2020 y esta pandemia que continúa?
2020 ha sido un año muy raro, lleno de espera, desconcierto y ansiedad. Muchos se habrán encontrado con gente tóxica en un puesto de trabajo que le han dicho que no vale, o con verse de pronto en la calle. En mi caso, en enero. Pero eso también puede ser muchas veces una gran oportunidad. Agradezco haberme encontrado con una de esas personas, fue la pieza clave para valorarme más, aprender a conocerme a mí mismo y confiar en que con esfuerzo lograría mis metas.

¿Aprovechó el aislamiento?
He sabido aprovechar el momento durante el confinamiento, cambiar de rumbo estudiando y sacando una oposición, aprobando el Advance de inglés y el título de euskera y avanzar con el Doctorado. También a decir más te quiero, y cómo no, a estar más cerca de mis hijos. He vivido muchos momentos que no hubiera podido hacer en un mundo que giraba al ritmo que estaba girando. 


PERSONAL
Nombre: Bernardo González de Zárate Pérez de Arrilucea .
Nacimiento: 26 de agosto de 1982 en Vitoria-Gasteiz.
Vida familiar: Pareja de Natalia Pedrero, artista y educadora. Tienen dos hijos: Kattalin y Martín.
Trayectoria: Diseñador e ilustrador.
 
EN CORTO
¿Un referente en moda?: "Yvon Chouinard, ecologista y fundador de la marca de ropa sostenible Patagonia".
De Gasteiz y ha vivido en Bilbao y Santurtzi. ¿Qué le ha aportado cada lugar?: "Frío y lluvia [risas]. Es broma. Con los años me doy cuenta de lo cómoda y bonita que es Vitoria, sobre todo teniendo niños. Por otro lado estoy muy feliz de vivir en Santurtzi, por lo arropado que me encuentro con amigos y familiares, y lo que supone vivir cerca del mar y la montaña". 
¿Un diseñador o diseñadora?: "Iris Van Herpen".
¿Una marca de surf?: "BïNik". 
¿Un ilustrador o ilustradora?: "David de las Heras".
¿Un escritor o escritora?: "Jack London".
¿Un sueño?: "Dos: dar la vuelta al mundo y que mis hijos sean felices".
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