La triste mentira que Rosa contó para entrar a OT y que ha mantenido hasta ahora

La 'triunfita' aseguró que nació y vivía en Armilla para que el programa no descubriera que residía en un barrio marginal de Granada

21.03.2022 | 19:25
Rosa López, en su charla con Jordi Évole.

La aparición de Rosa López en Lo de Évole ha dado mucho de sí. La granadina se sinceró y habló de muchos temas del pasado y del presente, de sus problemas personales, de sus tristezas y alegrías, y de Operación Triunfo, claro, que es ahí donde se le conoció y donde se le convirtió en Rosa de España.

La ganadora de esa irrepetible primera edición reveló también las tres mentiras que contó al programa para así tener más posibilidades de entrar en la Academia y ser una de las primeras triunfitas. "Mentí un poco para entrar a OT, y luego me sentí muy mal", aclaraba.

Las dos primeras mentiras son dos trampas recurrentes que se resumen en una: inflar el currículum, algo que mucha gente ha hecho y no resulta sorprendente. Así, aseguró que dominaba otro idioma además del español, en este caso el inglés, cuando después durante su paso en la academia se pudo comprobar que su relación con el idioma de Shakespeare era muy poco estrecha. Y también indicó que tocaba un instrumento: el piano. Nada que ver con la realidad.

La tercera mentira es la más impactante: Rosa López ni nació ni creció ni vivió en Armilla, la localidad granadina de la que dijo ser natural y vecina y que se volcó con ella durante todo el concurso. ¿Por qué mintió? Porque tenía miedo de que las cámaras se desplazaran a los barrios y ciudades de los concursantes para conocer sus vidas y descubrieran que vivía en una barriada marginal de las afueras de Granada y diera mala imagen. "Vivimos toda la vida en el polígono de Almanjáyar. ¡Soy poligonera!", reconocía, y explicaba cómo era su barrio. "De vez en cuando escuchaba: 'Ayer mataron a no sé quién de un navajazo'. Mi madre no nos dejaba salir y nos lanzaba los bocadillos del balcón al colegio. Si no llegaban al patio, igual le caían al que se estaba pinchando debajo".



Es más, decoraron una habitación de una casa de Armilla para que pareciera que era la suya. "En una revista salía mi cuarto, pero no era mi cuarto, el mío era el del polígono. Es muy fuerte, era magia", añade. Pese a ello, el pueblo adoptivo se volcó con ella. "El apoyo que recibimos de Armilla fue enorme. Lo curioso es que hay gente del pueblo que me decía: 'Yo me acuerdo de cuando eras pequeña".
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