Los monopolios de Google

Ese abuso de poder tiene claramente un impacto en los precios. No es justa la competencia: ser dueño de un mercado y también operar en él, presenta probabilidades de conflicto de interés

04.04.2021 | 01:32
Los monopolios de Google

cOMO sabéis, Google lleva varios meses siendo objeto de escrutinio público a raíz de una demanda por monopolio que el Departamento de Justicia de Estados Unidos le abrió el pasado octubre. El motivo esgrimido es aparentemente sencillo: abuso de poder y actos inapropiados con tal de mantener una posición favorable en los resultados de búsqueda. En otras palabras: manipular las reglas de tu propio mercado para que siempre te salga favorable.

Las consecuencias de estas malas prácticas son evidentes: si siempre salgo yo el primero, cualquier competidor tendrá que invertir más para salir mejor en la Gran Vía de Internet. Por lo tanto, ese abuso de poder tiene claramente un impacto en los precios. No es justa la competencia: ser dueño de un mercado y también operar en él presenta probabilidades de conflicto de interés. Desde el punto de vista mercantil, este tipo de prácticas no se deben permitir.

La pregunta es entonces hasta dónde llega Google a ejercer estas prácticas monopolísticas. Mercados digitales, hay muchos. No estamos hablando de uno solo. Hagamos un repaso numérico a la posición de Google para entender cómo se tangibiliza su presencia en los diferentes mercados. Google es el mayor buscador del mundo. La propia Unión Europea totaliza ya 9.000 millones de dólares en multas por alterar los resultados. Les acusan de favorecer siempre los resultados de sus propias páginas (YouTube, Google Shopping, etc.). Tiene entre un 90% y un 95% de cuota de mercado de buscadores. Además del mayor buscador del planeta, es la dueña también de las herramientas más utilizadas para comprar e insertar anuncios publicitarios. Entre un 40 y un 50% de las inserciones publicitarias se hacen en plataformas como DV360 o Google Ads, que, lógicamente, son propiedad suya. Un 75% de los móviles del mundo funciona sobre el sistema operativo de Android, que también es propiedad de Google. En este sentido, el movimiento que hizo en su día Google para permitir que cualquier fabricante pudiera instalar su software fue una jugada maestra. Hoy es tarde para saber qué hacer con ello. El 70% de las sesiones sobre mapas digitales se hacen sobre Google Maps, la herramienta que evitó en su día que siguiéramos comprando GPS para nuestro coche. Posteriormente, por si esto le pareciera poco, Google compró Waze en 2013, que hasta entonces era su mayor competidor. Suman por lo tanto el 86% de las sesiones que existen en aplicaciones de mapas. YouTube concentra el 73% del tiempo de consumo en plataformas de vídeo. Fue la primera gran adquisición de Google, allá por el año 2006: pagó la friolera de 1.650 millones de dólares, que a muchos (yo el primero), nos pareció una cifra desorbitada en su día. Solo el año pasado (2019), los anuncios sobre esa plataforma le supusieron a Google 15.000 millones de dólares. Google Chrome se calcula que tiene aproximadamente un 65% de cuota de mercado en navegadores. Es el buscador por defecto de mucha gente, y dada su posición de dominio en dispositivos móviles con Android, lógicamente, también el que viene por defecto en los mismos. Por último, tiene ya un 40% de cuota de mercado en asistentes del hogar (si bien es cierto que aquí Amazon le lleva algo la delantera). Pero para ser el segundo en discordia, tener un 40% de mercado no está nada mal. En servicios de computación en la nube y en relojes inteligentes, los otros grandes mercados digitales, apenas llega al 6-7% su cuota, por lo que tampoco es cuestión relevante.

Con estas cifras creo que queda claro lo que es Google. Una empresa a mi juicio tremendamente diversificada y poderosa allí donde se ha ido metiendo. Aspecto que hará muy difícil entender para un legislador lo que es, ante la presunta interconexión que tiene entre todos los sistemas (que es lo que da sentido a la rentabilidad de sus inserciones publicitarias).

Como siempre con estas cuestiones digitales, hay que frenar las cosas a tiempo. Ahora quizás sea tarde.