Rincones perdidos de la memoria

Una calle con vida propia

02.02.2020 | 06:19
Una mirada de la calle Tendería desde la Catedral de Santiago, punto de salida de la vía hacia La Ribera.

La calle Tenderia fue testigo de la jura de Isabel, La Católica, de los Fueros de Bizkaia, vestida como las mujeres vascas de la época. Es una de las siete que dieron vida al Casco Viejo y guarda una historia singular bajo sus adoquines

PASE el visitante a uno de los clásicos del callejero bilbaino, la calle Tendería, una de las Siete Calles por la que cruza el camino de Santiago. El paseo propuesto viene de años atrás, cuando el lugar se conocía como la antigua calle de Francos, porque sus mercaderes gozaban de franqueza en sus tratos comerciales y calle de Santiago, lo cual era lógico, ya que iba desde la misma catedral de Santiago, única existente en el recinto amurallado, hasta la ribera de la ría, siendo, como comprenderán, una de las más importantes vías de aquella época.

El nombre por el que hoy se le conoce, Tenderia, viene del euskera Dendería, lugar frecuentado por tiendas y tenderos. Incluso los más viejos del lugar lo denominan Dendarikale. Cuentan las crónica medievales de aquel Bilbao que en la citada calle estaba emplazada, hacia 1375, la casa-torre de Martín Pérez de Arbolantxa. Su carácter medieval y comercial la convirtió en una calle pródiga en tiendas de producto textil y posteriormente de confección, con alguna sedería intercalada. No en vano, está consignado que allí vivieron dos famosos mercaderes, Manuel Iriarte y los hermanos Cortecemas, acaudalados personajes.

No era un lugar cualquiera. No por nada la historia nos recuerda que el año 1483 en el Portal de Tendería, sobre la Ribera, Isabel la Católica, vestida al uso de la mujer vasca, juró los Fueros de Bizkaia. Lo hizo acompañada de su hija la infanta Isabel; el viaje lo realizó entrando por Orduña en Bizkaia y se hospedó en la torre de Güemes, que situada en la Plaza Vieja, formaba ángulo con la entrada a Artekale, torre que era mansión de los Reyes durante su permanencia en Bilbao.

Como testigos de aquel juramento puede citarse el cuadro del artista local Marcoartu donde aparece reflejado el acto, viéndose a Isabel I de Castilla, señora de Bizkaia, jurando con la mano puesta sobre la cruz y la otra sobre los Santos Evangelios, los Fueros, Privilegios y Libertades, Buenos Usos y Costumbres del País.

Detengase el visitante, harto quizás ya de efemérides históricos, en algún detalle costumbrista. Por ejemplo, que en los siglos XV y XVI, las casas no tenían numeración. Se cerraban las puertas al toque de oración (puertas grandes con descomunales aldabas...) y el vecindario se recogía en casa con el rezo del rosario, que era lo habitual en la villa.

En 1413, los Leguizamón, acosados en la misma villa por los de Zurbaran, sostuvieron la pelea en este cantón de la Tendería, parapetándose en él. Zurbaran apostó en la casa del cantón algunos ballesteros y, comenzada la lucha, fueron muertos "de antes que se apercibiesen" Pedro, hijo de Juan Sánchez Esteban, Martín de Bolívar, Rodrigo de Zumeltzu y Ochoa de Ibarsusi, y apretados los de Leguizamón, abandonaron el campo con gran número de heridos; de los de Zurbaran solo fue herido de un dardo en un ojo, Juan Martínez de Arana, sobrino de Martín Martínez de Zurbaran.

Hubo otras lides bien distintas en aquella calle. En la salida por la Ribera a la Plaza Vieja, se habilitaba un toril o chiquero, cuando en esta plaza se celebraban en el siglo XVI corridas de toros, cerrándose previamente las calles o afluentes y los arcos con talanqueras o maderas en los días de fiestas populares, costumbre que se mantiene aún hoy en algunos pueblos. Era el Bilbao antiguo el que desfilaba por aquellas calles textiles.

Fijémonos en la calle y sus curiosidades a lo largo de los años. Por ejemplo cómo muy famosa era la tienda de Manucanela, allá en el número treinta y seis, que hacía esquina con el cantón donde hoy se ubica el batzoki del PNV. El dueño se llamaba Félix de Izaguirre. El obrador estaba en la planta baja y toda la calle despedía un olor delicioso a cacao y a otros productos exóticos. Traía el cacao de América y posteriormente hizo negocios con la madera y el azúcar, cuando la empresa se llamaba Izaguirre y Valdés con las maderas semipreciosas de la Guinea. He ahí uno de los mil ejemplos a recordar.

Como curiosidad diremos que en 1866,Tomás Rovira era el alcalde de barrio de la calle Tendería, se ganaba la vida como comerciante y vivía en una habitación alquilada en Tendería dos.

Por detallar el escenario digamos que era una calle con mucha vida y gentes de variopinta clase social. Sastres, costureras, modistas, jornaleros, cigarreras, tablajeros, marragueros, convivían sin descuido. La gente humilde en las buhardillas; en los pisos altos las profesiones menestrales. En habitaciones alquiladas y realquiladas, con los mismos problemas que hoy escasez de viviendas y precios elevados. El primer piso y el principal estaban reservados para las familias pudientes.

Los cronicones de la ciudad recuerdan que en 1885 hubo un intento de cambiar el nombre para llamarla Camacho, pero no prosperó y se mantuvo con el nombre actual. En el portal nº 1, edificio construido en 1817 por el arquitecto Silvestre Pérez, se encuentra el restaurante Retolaza, si no el más antiguo que se conserva en la villa, uno de ellos. Anteriormente se llamó Tasca de Rosendo, pero ya en 1907 la taberna sidrería Retolaza era lugar de encuentro de arrantzales, baserritarras y bilbaínos que, atraídos por su comida casera iban a degustar sus platos.

No se tenga el paseo aún. En esta calle nació Julián Echevarría "Camarón" en enero de 1896, Director del Circo Amateur del Club Deportivo de 1931 a 1936, organizador de concursos y escritor. Por sus actividades le concedieron, además del recuerdo en la placa de una de las calles de la villa, la Cruz de Beneficencia de primera clase y La angula de Oro.

Tendería ha sido una calle con mayúsculas, un lugar donde la vida se mantiene sin avanzar hacia la estratosfera del siglo XXiI La vida cruza por allí a otro ritmo y entre los vecinos habituales se recuerdan nombres que le dieron fama al Bilbao de otras épocas. Entre los personajes chirenes e inolvidables de Bilbao está Julián de Salazar, El droguero de Tendería, soltero de nacimiento, botxero de los de siempre, txikitero de pro y, en los momentos que le dejaba la clientela y los compromisos, ejercía de alquimista y se fabricaba el mismo los perfumes y esencias, bautizando a sus creaciones con nombres tan seductores como Heno de Urbía o Lastana. Se retiró en 1980 y falleció el día de San Juan, 24 de junio de 1987. Aún le lloran quienes le conocieron.