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Aulas de 1969 o de 2019

Tener un ordenador para cada alumno supone un reto no por parte de los profesores que van a tener que adoptar los nuevos contenidos tecnológicos, sino un reto de infraestructuras

09.02.2020 | 14:32
Un aula vacía

Tener un ordenador para cada alumno supone un reto no por parte de los profesores que van a tener que adoptar los nuevos contenidos tecnológicos, sino un reto de infraestructuras

LA foto que acompaña este artículo puede ser de un aula de 1969 o de 2019. Es verdad que tanto el ángulo como la disposición de los elementos evitan que se muestre algunos de los nuevos dispositivos que las actuales aulas incorporan, pero lo importante es que hagamos el ejercicio de reflexión de lo poco que han evolucionado las clases en 50 años. Si esto lo trasladamos al mundo de las oficinas nos resulta imposible hacer ahora mismo una foto y hacerla pasar por una oficina antigua. La arquitectura y la decoración han empezado a hacer cambios en muchos centros educativos, pero cuando les hemos preguntado como ha sido posible ese cambio, siempre nos cuentan los múltiples escollos que la actual normativa y legislación les impone. Aulas sin paredes, que aprovechan los pasillos para ganar espacio, mesas que se convierten en pizarras, diferentes zonas de trabajo en la misma aula, son cambios que han ayudado a mejorar el nivel formativo y, si te fijas, no hemos hablado de tecnología en ningún momento.

Tener un ordenador para cada alumno supone un reto no por parte de los profesores que van a tener que adoptar los nuevos contenidos tecnológicos, sino un reto de infraestructuras. No podemos esperar que cada alumno tenga que cargar su portátil en casa porque nuestra aula no dispone de enchufes adaptados a las mesas. No podemos dar clases con el mismo wifi que hemos contratado hace 5 años y empezar a poner trabas a que no se pueden usar smartphones porque se satura la red. Los fabricantes de muebles están empezando a ofrecer armarios especiales para guardar dispositivos electrónicos a precios desorbitados, pero en su catalogo hay mil tipos de armarios diferentes para los libros en las aulas. En una oficina tenemos sillas con ruedas, ergonómicas, con diferentes posiciones y en las aulas sigue la misma silla, con los mismos colores y la misma incomodidad de hace 50 años. Ya se que hay muchos ejemplos de centros educativos que están evolucionando en este sentido pero cada uno de ellos hace lo que puede casi por su cuenta.

Classroom Pero si hablamos ya del aspecto puramente tecnológico y suponemos que ya tenemos a todos los alumnos con su portátil en clase y nuestras pizarras son monitores de gran tamaño, llega el momento de ver que no usamos los contenidos digitales, el libro se ha convertido en muchos casos en un PDF. Hay una aplicación de Google, totalmente gratuita, que se llama Classroom, que está empezando a incorporarse en muchas de las aulas del País Vasco. Se trata de una plataforma que integra muchas de las aplicaciones que se usan también en las empresas sin la necesidad de tener un formato especial para los colegios. Lo que más me gusta de este grupo de herramientas es que permiten la colaboración inmediata y sencilla entre los alumnos y los profesores. Pero no solo dentro del aula sino que la forma de aprender continua en nuestros hogares, en el campo o en un museo, porque es posible acceder desde cualquier dispositivo. De esta forma los profesores pueden seguir el desarrollo individual de cada alumno, dando libertad a que unos alumnos avancen libremente y pudiéndose centrar en ayudar a aquellos que tienen que ir a otro ritmo. Pero lo importante no es que se usen este tipo de herramientas sino que todos estemos involucrados en este cambio del modelo educativo. Padres, profesores y nuestros queridos alumnos tiene que aprender a colaborar para aprender a utilizar estos nuevos recursos que nos ofrece la tecnología.

@juandelaherran

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