Rincones perdidos en la memoria

Resistencia de un tiempo que se fue

El Palacio Olabarri es una de las pocas viviendas unifamiliares de Campo de Volantín que sobrevive. En la floreciente segunda mitad del siglo XIX, aquellas tierras se convirtieron en zona de expansión residencial de la ciudad

09.02.2020 | 06:56
En el Campo Volantín se alza el Palacio Olabarri como testigo de la floreciente segunda mitad del siglo XIX en la capital vizcaina.

El Palacio Olabarri es una de las pocas viviendas unifamiliares de Campo de Volantín que sobrevive

HA tenido diversas denominaciones como Ibarra y Buztinzaurreta y del nombre que hoy la apellida, Volantín, hay diversas interpretaciones sobre su origen, relacionándolo en algunos casos con el volante de una cordelería allí instalada y en otros con el sistema de pesca de volantín que se practicaba en las riberas de la Ría. De Campo Volantín les hablo. Y del Palacio Olabarri que allí hoy se encampana aún, como testigo de la floreciente segunda mitad del siglo XIX en Bilbao, allá en unas tierras que se convirtieron en la primera zona de expansión residencial de la ciudad. Pronto, pronto les cuento...

Vayamos recordándoles que Campo de Volantín es el área urbana comprendida entre el Ayuntamiento de Bilbao y la plaza de la Salve, allá en la margen derecha de la Ría. Es una zona privilegiada de la ciudad por su proximidad a la ría, un territorio que tiene una interesante historia desde finales del siglo XIX como expansión residencial burguesa, de la que todavía quedan algunas singulares muestras arquitectónicas como el palacio Olabarri al que más tarde entraremos.

Cuentan las crónicas de la villa que el Ayuntamiento adquirió las huertas del Campo Volantín a finales del siglo XVI; que el Consulado de Bilbao intervino en el cauce de la Ría para paliar los efectos de las crecidas y que entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX se modificó el cauce fluvial reduciendo la superficie del paseo e incorporando arbolado. Fue en esa época donde adquirió especial relevancia urbana como zona de expansión residencial del recinto histórico del Casco Viejo siguiendo el curso de la Ría.

¿Por qué? La burguesía fue instalando sus residencias (cottages, chalets, villas y hotelitos) en ese entorno privilegiado, aunque de manera temporal antes de elegir ubicaciones como Indautxu y más alejadas de Bilbao en las Arenas y Neguri. Fue lugar de esparcimiento y de élite a finales del siglo XIX coincidiendo en el tiempo y de manera aproximada con el Proyecto del Ensanche. Durante un cuarto de siglo ese universo se fue poblando de palacios, palacetes, villas, casas de campo y casas burguesas, en algunos casos como viviendas unifamiliares de los propietarios y en otros, colectivas de vecinos.

Con permiso de tales señores, es hora de contarles. La residencia de José María Olabarri es una de las pocas viviendas unifamiliares del Paseo del Campo de Volantín que han llegado hasta nosotros. Este edificio está considerado como una de las obras más representativas del arquitecto Julián Zubizarreta, miembro preclaro de la llamada Primera Generación del Ensanche. Por un lado, la configuración de la planta muestra los ecos de la tradición de la arquitectura doméstica victoriana. Las instalaciones sanitarias, el sistema de la calefacción central, etc., prueban el grado de confort del inmueble, mientras que la decoración de las dependencias de recibo, el origen belga de las bajadas de aguas y la importación de vidrieras alemanas demuestran cierto sibaritismo. Por otro lado, el alzado, dominado por el simbolismo del torreón angular, tiene algunos detalles decorativos clasicistas y otros extraídos del estilo Reina Ana, según cuentan los que saben de la materia. En definitiva, la residencia de José María Olabarri, presidida por un tratamiento plástico de origen ruskiniano, es un ejemplo de las corrientes arquitectónicas de moda a finales del siglo XIX. Todo un privilegio que haya llegado hasta nuestra época.

Basta con que el paseante fije su mirada a la altura de la plaza de La Salve para que comprenda cuál era el nivel de vida de aquellos años para los afortunados hijos de la revolución industrial.

No en vano, José María Olábarri heredó la mayor parte de los negocios comerciales e industriales de su padre ya que sus hermanos no tuvieron herederos, e incrementó el patrimonio familiar tanto por sí mismo como por vía de su matrimonio, dado que se casó con Manuela Zubiría e Ybarra. Antes de trasladarse a su nueva casa en el Campo Volantín, vivía con su mujer, su tía Juana de Massino y Lera y el personal de servicio, que incluía una institutriz prusiana (Sofía Oenting), en el número 2 de la calle Estufa, hoy Viuda de Epalza.

Uno de los testimonios de su vida que aun perduran es el hermoso palacete que encargó edificar en 1894 al arquitecto Julián de Zubizarreta en el Campo Volantín, zona de residencia de calidad, como les dije, de la época. Inaugurado en 1897, a la muerte de nuestro protagonista albergó las oficinas de su hijo José María Olábarri Zubiría, y hasta hace pocos años fue la sede de la Autoridad Portuaria de Bilbao. En 1903 construyó otra casa con diseño del arquitecto Cecilio de Goytia en pleno muelle de Las Arenas. Los Olabarri vivieron en esta casa hasta los años cuarenta. Durante algún tiempo, pensaron en transformarla en casa de vecinos, pero, finalmente, fue adquirida para la sede del Instituto Británico que permaneció aquí hasta principios de los años cincuenta. Entonces, el Obispado de Bilbao inició gestiones para trasladar sus dependencias a este edificio, pero éste fue comprado por la Junta de Obras del Puerto Autónomo de Bilbao en 1953.

Hablamos de un hombre muy activo en las instituciones de beneficencia y culturales de su época. Fue nombrado hermano vocal de la Junta de la Casa de Misericordia de Bilbao en 1872, y luego tesorero. En 1876 fue nombrado vocal de la Junta de Expósitos del Señorío, así como benefactor del Hospital Civil de Basurto. En 1920, el Ayuntamiento bilbaino decidió poner su nombre a la calle donde hoy todavía se encuentra la sede de la Bolsa de Bilbao. También fue aficionado al deporte, siendo socio del Real Sporting Club de Bilbao y uno de los fundadores del Club Marítimo del Abra.

Fue uno de los encargados de llevar a cabo la fusión entre Altos Hornos de Bilbao, La Vizcaya y La Iberia, para formar Altos Hornos de Vizcaya en 1901. Olábarri había sido nombrado consejero de Altos Hornos de Bilbao en 1900 para sustituir a Ramón Ybarra. También fue nombrado consejero de Tubos Forjados en 1897 por proximidad familiar con los Zubiría Ybarra. Además, mantuvo intereses en otras empresas, como Minas de Soto, Laguna de Salinas S.A., Minas de Carracedo, Euskaria, Hullera Vasco-Leonesa, Talleres Ibaizabal, Talleres de Miravalles y Alambres del Cadagua.