Eneko Sagardoy: "En cada proyecto asoman el miedo y la incertidumbre"

Eneko Sagardoy acaba de estrenar en salas de cine la película 'Contando ovejas', y aún le queda otra historia en la recámara que verá la luz en otoño, 'Irati'. Aunque lleva trabajando diez años más o menos como actor, fue hace cinco cuando 'Handia' le puso en el gran mapa de la interpretación.

02.05.2022 | 09:40
Pese a su juventud, Eneko Sagardoy cuenta con una sólida carrera actoral.

Es un gran conversador. Lo es a los 28 años que tiene ahora y lo era cuando con 23 trataba de digerir el éxito de Handia, la película con la que obtuvo el Goya como Mejor actor revelación. Este año los espectadores le podrán ver en dos registros muy diferentes. En Contando ovejas es Ernesto, un joven retraído que busca otros mundos para refugiarse de una realidad que no le gusta nada. En Irati se convierte en Eneko, el guerrero audaz, violento y valiente que galopa a toda velocidad por el Pirineo navarro en una historia épica. El actor vizcaíno es un joven reflexivo que ahora busca el placer del tiempo libre después de haberse pasado un largo tiempo solo pensando en el trabajo.

¿Es usted de los que cuentan ovejas por la noche?
Ja, ja, ja€ No muchas, duermo bastante bien. Por el momento, lo de estar contando ovejas solo es en la película. Es una historia muy bonita que me ha gustado mucho interpretar.

¿Cómo es Ernesto, su personaje?
Es un chico muy introvertido que vive en un mundo de ficción y no se siente muy a gusto con la realidad, con su realidad, pero consigue encauzar su vida cuando le llegan nuevas compañías. Es una película muy interesante y que tiene unos perfiles maravillosos.

Han pasado ya algunos años desde que se convirtió en un actor de moda tras hacer Handia. Durante este tiempo su currículo ha crecido enormemente. ¿Había soñado lo que le está ocurriendo?
Imposible. He recorrido un camino que no tenía en la cabeza, y además, con los personajes que me tocan, nunca podría haberlo soñado. He superado cualquier sueño que podía tener al principio, y aún así, sigo soñando. Nunca hay que dejar de soñar.

Empezó en esto siendo casi una criatura y parecía que tenía muy claro que iba a ser actor.
¡Qué va! No. Hacía teatro en la ikastola, era un espacio donde me lo pasaba muy bien y por impulso quería alargar ese momento. Cada vez hacía más teatro, hasta que un día me di cuenta de que estaba haciendo funciones profesionales, pero no tenía el objetivo de querer vivir de esta profesión.

Entonces, ¿por qué seguía dando pasos en el mundo de la interpretación?
Porque lo pasaba muy bien. Llegó un momento en el que reflexioné y me di cuenta de que podía trabajar e intentar vivir de ser actor, y ahí fue cuando me lo empecé a tomar más en serio, pero durante seis años, desde que comencé a hacer teatro con 14 años, cada obra que hacía era cómo una prueba más en mi vida. Era ver qué pasaba, y resulta que esa broma ha durado hasta ahora.

Y ha conseguido lo más difícil: vivir solo de una profesión como es actuar.
Difícil, inestable y con un panorama nada optimista. Esta es la definición de una profesión que, a pesar de todo, no deja de ser apasionante. Lo de difícil es cierto, y no tengo más que mirar a mi alrededor.

Aunque a usted no le va nada mal.
No me puedo quejar; sería muy injusto y caprichoso si lo hiciera, pero tengo los pies en la tierra. Estar trabajando de forma más o menos continua no me ha hecho desconectar de la realidad. En cada proyecto siempre asoman el miedo y la incertidumbre. Cuando estás metido en una historia siempre piensas: A ver cuándo es la próxima. Nunca tienes la seguridad de que tu vida va a continuar por el camino que has elegido. De momento, puedo decir que llevo un tiempo y con proyectos atados para uno o dos años vista.

Tiene que resultar tranquilizador trabajar con tanta previsión.
Sí. En nuestro mundo podría decirse que es una previsión a largo plazo, aunque solo hablemos de un año, pero efectivamente, resulta tranquilizador en una profesión tan inestable como esta.

Acaba de estrenar Contando ovejas y tiene pendiente el lanzamiento de Irati, donde su personaje se llama igual que usted, Eneko.
Ja, ja, ja€ Es como de risa, un chiste. Es la primera vez que me ocurre: un personaje que se llama como yo. No me gusta decir que los proyectos que me llegan son un regalo, porque es como decir que te están haciendo un favor. En mi caso y en el de otros compañeros es una cuestión de trabajo, aunque tengo que reconocer que Irati y volver a trabajar con Paul [Urkijo] puede considerarse un regalo.

Interpreta a un personaje que no parece creado para usted...
Exacto. El Eneko de Irati es un personaje que no me suelen ofrecer. Él es el musculoso guerrero, violento y valiente de las montañas. No había hecho nada que se le pareciera lo más mínimo. Que Paul apostara por mí en Errementari como el diablo, y en esta como rey de Navarra, hizo que recibiera ambos personajes como un regalo. Además, yo soy medio navarro. Mi aita es de Iruña.

Hay muchos compañeros suyos que están encantados de repetir con el mismo director.
Es que es muy bonito eso de repetir con directores. En este caso trabajé con él a saco en su primera película. Las primeras películas tienen algo de incógnita para todas las partes implicadas. El vínculo que se genera con los directores en sus óperas primas puede ser muy fuerte, y lo fue en mi experiencia con Paul. La repetición ha sido una experiencia igual de fuerte, pero siendo ya muy buenos amigos. Yo había seguido el proyecto de cerca y eso lo ha hecho más personal para mí.


El actor vizcaíno acaba de estrenar 'Contando ovejas'.

Una película que ha costado levantar.
Como casi todas. He visto cómo peleaba durante cuatro años por sacar este proyecto adelante. Tiene un presupuesto elevado, es muy ambiciosa y le ha quitado mucho sueño. Verte trabajando codo con codo con él haciendo la película ha sido muy emocionante. Me siento muy unido a este proyecto y ojalá pueda trabajar muchas más veces con Paul; es tan divertido, tan buena persona, y escribe unos personajes tan tentadores de interpretar, que qué te voy a decir.

¿Con qué personaje se identifica más, con el de Contando ovejas o con el de Irati?
Te diría que más con el de Irati, aunque hay una parte de Ernesto que la siento muy cercana. Es esa pasión que tiene el protagonista de Contando ovejas de sumergirse en la ficción, ya sea en las películas o en los libros, para sentirse a salvo. Es algo que también hago yo, y me da un poco igual lo que pasa en el exterior. Pero no hipoteco mi vida entera a la ficción, como hace Ernesto, no tengo ningún problema en volver a sumergirme en la realidad.

Aunque le gusta aislarse, ¿no?
De vez en cuando es hasta sano. Ese aislamiento, ese habitar en mundos pequeños o tener una habitación propia, sí que lo comparto con Ernesto.

¿Y qué comparten el Eneko actor y el Eneko personaje de Irati?
Él es muy escéptico con el poder de la naturaleza, con los seres invisibles que habitan el submundo, pero luego, durante la película, hay tanta revolución en esas creencias que el protagonista empieza a adentrarse en ellas e intenta conocer más de lo que le rodeaba. Pienso que comparto con el Eneko de ficción la curiosidad por acercarme a mundos desconocidos. También tengo esa disposición a adaptarme y a creer en cosas que antes no creía. Soy escéptico y muy curioso, y creo que estos rasgos no son incompatibles ni en el Eneko de Irati ni en Eneko Sagardoy.

Le recuerdo perplejo y casi sorprendido por el éxito de Handia. ¿Es la historia que marca un antes y un después en su vida?
Sin duda. La película era una buena historia, y al margen de mi participación estaba muy bien contada. Pero el éxito siempre tiene algo de sorpresa. Fue un antes y después para mí en todos los sentidos, me puso en el mapa, me pusieron cara y también algo cambió en mi vida. Cogí las riendas de mi carrera y pude decir: Esto puede ir en serio. Fue como el último empujón para poner todas mis energías en este oficio. Y para el cine vasco también fue importante. Era el resultado de muchos años de trabajo de directores y directoras que han hecho cine en euskera con películas difíciles de levantar.

Pero Handia fue más allá.
Toda la producción vasca ha sido muy interesante, y han sido retos importantes. Es cierto que Handia supuso un impulso muy grande para el cine en euskera. He tenido la suerte de pertenecer a esa generación de actores que está haciendo estas películas tan importantes en Euskal Herria. He tenido la suerte de nacer en un año determinado, y si no hubiera sido así, quizá no estaríamos hablando ahora mismo.

¿Solo suerte?
No. También hay mucho trabajo, pero nunca debemos olvidar el factor suerte. Me siento muy agradecido y afortunado de haber estado con toda esta gente que ha hecho mucho, que sigue haciendo mucho, para levantar películas en Euskal Herria y además haciéndolas en euskera. Estoy feliz de pertenecer a estos tiempos, unos tiempos que nos están dando muchas oportunidades a los actores vascos. También soy feliz con otro tipo de películas, como puede ser Contando ovejas.

Ha trabajado en dos obras de Bernardo Atxaga, una en cine y otra en teatro: El hijo del acordeonista y Obabakoak.
Y son textos impresionantes, cualquiera de los dos. En la obra que acabo de terminar, Erresuma/Kingdom/Reino, la adaptación al euskera la ha hecho él. Atxaga es uno de los grandes tótems de nuestra literatura y de nuestro arte. Es un lujo estar cerca de él y formar parte de su mundo. Ojalá tenga más ocasiones de interpretar sus textos. Veo sus libros y creo que hay mucho material para llevar al cine o al teatro. Es un gran pensador y a mí me guía en la manera de cómo estar en el mundo de la interpretación. Es un hombre que me inspira.

Ver su currículo con 28 años resulta impresionante. ¿No le da vértigo una trayectoria tan intensa?
Más que vértigo me da seguridad. Me da tiempo a hacer tantas cosas que me siento contento. Observar lo que he hecho me produce una satisfacción muy grande. Pero no solo me fijo en que la lista sea larga o corta, me fijo en la cantidad diferentes de personajes que he hecho a lo largo de los años que llevo como actor. He vivido experiencias increíbles. En Irati hay una escena que me la guardaré para toda la vida. Es una que grabamos a las siete de la mañana galopando a toda velocidad por los Pirineos. Este tipo de experiencias son las que más marcan. Me siento afortunadísimo.

Además, no se pierde títulos que han suscitado interés entre los espectadores, como Patria.
Fue un momento en el que noté el cambio. Sentí mayor exposición, mayor expectación€ También podríamos hablar de mayor desencuentro. Fue muy potente decidir hacer Patria y escuchar las opiniones de la crítica y las de la gente que tenía al lado, que fueron muchas y muy variadas.

Es muy joven y lleva muchos años trabajando sin descanso. ¿Ha tenido tiempo para disfrutar, para tener momentos de ocio, para vivir su vida al margen de guiones y cámaras?
Ja, ja, ja€ Bueno, hubo un momento en el que tuve que parar y replantearme cosas. El cine es importante, y también lo son el teatro y la televisión, pero la vida es mucho más grande. Ahora mismo llevo una temporada en la que me siento muy bien, me siento equilibrando y anteponiendo la vida y el disfrute al trabajo. Hubo un tiempo en el que 90% de las horas se iba al trabajo: pensar en historias, hacer casting, pensar en cuándo te iban a llamar y construir personajes. Eso te desgasta mucho, aunque no deja de ser un privilegio tener trabajo en algo que te entusiasma.

Y ha decidido desconectar.
Eso es. Llega un momento en el que te apetece estar con los amigos, viajar€ Eran cosas que se me habían olvidado. Ahora mismo disfruto mucho trabajando y escogiendo con cuidado qué proyectos elegir, porque quiero tener tiempo libre.

Escoger los proyectos es como gozar de mucha libertad...
Me lo puedo permitir ahora, más tarde no lo sé. Creo que estoy en el mejor momento de mi vida.

¿Dónde está su casa, en Madrid o en Euskal Herria?
En Bilbao. Estuvo en Madrid por tiempos, sobre todo cuando estuve con teatro, grabando parte de Patria o Contando ovejas, pero me satura mucho. Es donde me doy cuenta de que el oficio ocupa mucho más espacio que la ciudad. Madrid es una ciudad muy divertida, hay muchas fiestas, tengo muchos amigos y la oferta cultural es inabarcable, pero hay algo de la calidad de vida de Euskal Herria que me gusta y me puede. En Bilbao estoy muy feliz. Cuando estoy fuera es porque estoy trabajando.

¿Qué proyectos tiene a la vista? ¿Alguno del que pueda hablar?
Empezamos con la gira de Erresuma/Kingdom/Reino por todo el Estado, y durará hasta finales de junio. En otoño dirigiré mi primer cortometraje y rodaré dos películas. Una de ellas puedo decir que llevará el nombre de Una ballena, del director alavés Pablo Hernando; de la otra no puedo hablar, pero es un guion precioso que va de lo negro a lo fantástico. 


PERSONAL
Edad: 28 años (17 de enero de 1994).
Lugar de nacimiento: Durango (Bizkaia).
Trayectoria: Durante mucho tiempo estuvo haciendo teatro de forma amateur en la ikastola. Le tiraban las tablas, pero no tuvo claro hasta años después que su futuro podía ser el de actor. Uno de sus primeros trabajos lo desarrolló en Goenkale. Estuvo dos temporadas y fue su punto de partida para hacer otras historias en cine y televisión, medio en el que también ha hecho Patria y Hondar ahoak.
Obras: En cine, tras hacer Amaren eskuak, Argi y La higuera de los bastardos, triunfó sin paliativos con Handia. Después llegarían Errementari, Cuando dejes de quererme, El hijo del acordeonista, Hil kampaiak y Mia y Moi. Sus últimos trabajos son Contando ovejas e Irati. También ha trabajado en numerosas obras de teatro, tanto en euskera como en castellano. 
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