Carme Chaparro: "Necesitamos un periodismo veraz"

En los próximos meses cumplirá 25 años en Mediaset, 20 de los cuales ha estado en los servicios informativos de Telecinco y Cuatro

02.12.2021 | 09:58
Carme Chaparro lleva 25 años en Mediaset.

Carme Chaparro es uno de los rostros televisivos más conocidos de la actualidad después de más de dos décadas dando la cara ante los telespectadores. Actualmente divide su tiempo entre el periodismo en televisión y la escritura de novelas, algo que seduce a muchos profesionales de la pequeña pantalla. Es una apasionada de la información que está a favor del periodismo comprometido y veraz, ese que confirma y ratifica, y que no se mueve por estar antes en web para dar luego marcha atrás. En No decepciones a tu padre, el nuevo libro que ha puesto en el mercado, el lector entrará en la sala de autopsias para encontrarse con el cadáver una mujer joven brutalmente asesinada. Es el inicio de una historia con muchas aristas.

El título de su nueva novela es No decepciones a tu padre. ¿En qué sentido?
Es algo que los lectores entenderán al final de la novela, y más no puedo decir. Me gusta contar muchas cosas, pero encajando muchas al final. Esta historia tiene que ver con las familias, con relaciones entre padres e hijos, y tiene también que ver con relaciones tóxicas.

Parece sentir usted pasión por la novela negra...
He leído siempre mucho y de todo, pero la primera vez que escribí una novela fue un thriller. Se me ocurrió el final y a partir de ahí las novelas siguientes han sido continuación y tienen a la misma protagonista, la inspectora jefa Ana Arén. La novela negra me da la oportunidad de bucear en las mentes de personas normales que de repente empiezan a matar.

¿Normales?
Aparentemente lo son. Me interesa saber por qué lo hacen, qué les motiva, por qué tienen miedo a matar pero matan, cómo lo preparan... Me resulta apasionante saber qué les pasa por la cabeza a determinadas personas.

Dicen que el thriller es el género que mejor refleja la sociedad.
Es que en el fondo, la sociedad es muy negra. La novela negra tiene verdugos, víctimas, y luego está esa parte de la sociedad que mira. Somos muchos los que pertenecemos a este último capítulo. Cuando ocurre un crimen nos gusta mirar y conocer los detalles. Tengo la sensación de que pensamos que eso nos pone en el lado del bien, porque el criminal es otro. Crees que nunca cometerías un crimen horrible, y aunque hayas hecho cosas malas, no te situarías en ese punto. También sentimos cierto alivio al ver que no somos las víctimas.

¿Qué tiene Ana Arén de usted?
Muchas cosas. Está siempre anticipando todo lo malo que puede pasar, es muy visceral, tiene abundantes cambios de humor, y no con los demás, sino con ella misma, y se guarda muchas cosas.

¡Vaya! No era de imaginar ese retrato de Carme Chaparro.
No es un retrato fiel, pero digamos que me parezco. Ana Arén está un rato arriba y otro abajo emocionalmente, sin saber bien lo que le está pasando.

Es también una novela que critica y se adentra en el mundo de la prostitución y el porno.
Deja a la vista lo que hay detrás de esos negocios. Los tres negocios ilegales que más dinero mueven en el mundo son el tráfico de armas, el tráfico de drogas y el tráfico de seres humanos. La gran mayoría de mujeres que se prostituyen no lo hacen de manera libre. Son mujeres esclavizadas, obligadas a prostituirse, dominadas... Cada vez más son menores de edad y las que dicen que lo hacen de manera libre, pero en realidad no es así, porque en la pobreza no hay libertad. Mientras haya puteros, mientras haya hombres que consuman sexo, habrá prostitución. ¿El porno? No es malo.

Aunque se dice que los más jóvenes están consumiendo un porno muy violento, en especial con las mujeres.
Ese porno sí es malo. Estamos dejando que uno violento, muy duro con las mujeres y también con los hombres, eduque a nuestros hijos. No hay clases de educación sexual en los colegios y nos cuesta hablar con nuestros hijos de sexo. Y sabemos que algunos chavales están viendo pornografía desde los ocho años.

Escalofriante.
Y tanto. Desde niños aprenden a tratar a las mujeres desde esa violencia que ven en internet. Creen también que tienen que tener esa actitud que ven en los vídeos. Piensan que eso es el sexo y que deben comportarse de esas maneras que ven a través del porno de internet. Pasa lo mismo con las chicas, que intentan comportarse como víctimas. Sigo pensando que el porno no es malo en general, lo malo es el tipo de porno con el que nuestros hijos se están educando.

Vivimos en un mundo conectado y muy informado, con unas redes sociales que nos bombardean. ¿No piensa que esto también está afectando en la educación de los jóvenes?
Yo no diría que estamos en mundo muy informado, diría más bien que estamos en un mundo muy estimulado. Eso no quiere decir que los estímulos que nos llegan sean informaciones veraces y adecuadas a los diferentes tipos de edad. Pienso que ahora es mucho más necesario que nunca el periodismo.

¿Aunque el periodismo esté muy cuestionado?
Hablo del periodismo comprometido, del periodismo veraz, de un periodismo que sepa poner en contexto las informaciones. Y no, no considero que estemos en una sociedad muy informada.

En la facultad de Ciencias de la Información se repetía en determinadas asignaturas que las noticias deben ser contrastadas y no una sola vez, dos y tres si es necesario. Acabamos de leer la entrevista a un hombre que dijo haber estado 35 años en coma. Al final, era mentira. ¿Qué podemos decir ante esto?
Es algo que ha hecho daño a la profesión. Estas cosas hacen más daño que las trincheras políticas que vemos en determinados compañeros. Esta es una historia muy llamativa y todo el mundo ha oído hablar de ella, aunque leyéndola sabías que algo estaba mal.

Solamente por la duración de ese coma, igual tendrían que haber saltado las alarmas y haberse comprobado la noticia, ¿no?
35 años ya sonaba raro... Las consejerías de Sanidad suelen informar, los hospitales sacan pecho y dan ruedas de prensa... Es que además luego decía que se había casado estando en coma y que había tenido dos hijas estando en ese estado. Increíble.

Porque se despertaba de vez en cuando, o eso decía. Lo justo para casarse y hacer hijos.
Ja, ja, ja... Contaba que se había despertado casado, con dos hijas y a punto de ser abuelo.

Teatro del absurdo.
Yo me decía: Esto no puede estar publicado, pero sí que lo estaba. Efectivamente, era como una historia de Gila. Evidentemente, que uno de nosotros haga algo de este tipo da argumentos y herramientas a los que atacan a nuestra profesión.

¿Y a quién se puede responsabilizar del hecho de que esta noticia diera la vuelta por distintos medios de comunicación?
Caía por su propio peso. Es que todo era tan increíble que casi no tenías que confirmar nada para saber que lo que contaba ese señor era imposible. Pienso que hay que achacarlo a la precariedad de la profesión. No hay un único culpable, no es un solo periodista el que tiene la culpa. Ha habido una cadena muy larga de errores y quizá nos costará recuperar el prestigio.

Usted trabaja en televisión, un medio que se expone más que otros a las críticas. Pero, ¿hasta dónde estamos llegando con el periodismo espectáculo? ¿Dónde está la frontera entre periodismo y entretenimiento?
Es difícil de establecer. No es comparable, pero, ¿cuántas veces se han cuestionado las campañas de la DGT? Sobre el volcán de La Palma, y ahora ya llevamos dos meses de erupción, diré que al principio no sabíamos nada, y hasta que la televisión no empezó a mostrar el dolor de los vecinos, a la gente llorando y recogiendo sus pertenencias a toda prisa, no nos dimos cuenta del alcance del suceso.

De acuerdo, pero, ¿es necesario sacar La Palma incluso cuando no hay nada nuevo?
Si no llegamos a ver las imágenes de la gente desolada en los pabellones deportivos, ¿seríamos conscientes de lo que están viviendo esas personas? A veces hay que mostrar cosas que puede parecernos que están en el límite. Nuestra función es poner luz y ser taquígrafos de lo que está ocurriendo. La Palma nos necesita. ¿Es fácil traspasar la línea? Lo es, pero si no mostramos determinadas cosas quizá no nos llegarían emocionalmente y la gente no se pondría en el lugar de los demás. 

PERSONAL
Edad
: 48 años (5 de febrero de 1973).
Lugar de nacimiento: Salamanca.
Familia: Su pareja es Bernabé Domínguez, también profesional de la comunicación.
Trayectoria: Estudió Periodismo en Barcelona y su primer trabajo fue el de redactora en programas de TV3. En 1997 comenzó a trabajar en Telecinco en Cataluña. En 2001 se convirtió en presentadora del informativo del mediodía, tres años después pasó a los del fin de semana y más tarde a Cuatro al día. En estos momentos prepara reportajes especiales. Ha publicado las novelas No soy un monstruo, Premio Primavera 2017, La química del odio y ahora No decepciones a tu padre.
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