Juanma Bajo Ulloa: "No puede ir a mejor nada, esta sociedad es insostenible"

'Baby' es la última historia con la que Juanma Bajo Ulloa se enfrenta a la mirada de los espectadores

21.12.2020 | 21:19
Juanma Bajo Ulloa acaba de estrenar 'Baby'.

Juanma Bajo Ulloa hace un cine que suele dividir al público. Una parte de los espectadores se rinde ante sus propuestas, que pueden ser bien una comedia muy gamberra, bien un drama que se clava en el alma. La otra parte, igual ni responde. Lo que está claro es que no deja indiferentes ni a sus seguidores ni a sus detractores. Ver su cine es algo obligado antes de hablar con él, y en el caso de Baby es más que necesario. La cita para esta entrevista es en los cines Golem del Azkuna Zentroa de Bilbao. En cuanto las luces bajan la intensidad el silencio se vuelve abrumador e inquietante; no hay palabras, la banda sonora de la película es omnipresente, los personajes no tienen nombre, pero la historia atrapa, aterroriza e impregna. Es dura, un cuento con segundas oportunidades. Resumirla es imposible, contarla una osadía. Solo queda verla. Sí se puede decir que es la historia de una joven drogadicta que vende a su hijo y se da cuenta del error que ha cometido.

No podrá decir que Baby es una oda a la maternidad...
Lo que tiene el cine que no obliga al espectador a interpretarlo de una única manera es que permite el debate, la reflexión. Te permite meditar sobre lo que has visto y te abre la puerta a hacer tu propia interpretación. Ese el cine que me ha convertido en cineasta.

Una pregunta simple: ¿por qué?
Porque el cine que me ha hecho lo que soy está basado en las historias que me sugerían, abrían mi mente y me tocaban el alma, pero no me decían lo que tenía que pensar. Ese es el cine que trato de hacer, donde sugiero y expreso de una manera un poco más subconsciente, no dando la historia mascada al espectador y no tratándole como a un tonto.

Pero quizá el espectador quiera historias no solo mascadas, sino también digeridas. Y no solo en cine, también en libros, música, artes plásticas€ En la vida.
Por supuesto, pero eso es una consecuencia de los intereses que tienen los sistemas. Los sistemas tienen interés en que nosotros seamos puros consumidores, y eso hace que no tengamos criterio.

¿Qué es el criterio para usted?
Algo que se cultiva, que se crea, que se hace, y se hace conociendo, escuchando, comparando. El criterio se consigue trabajando tú mismo en él. Los gobiernos, los Estados, los grandes intereses, no quieren personas pensantes, quieren personas consumistas, que sencillamente seamos borregos dirigidos hacia el consumo. Por eso han ido cultivándonos durante muchos años; para eso están las televisiones y no hace falta decir de cuáles estamos hablando.

"El cine de las televisiones es bulímico, de consumir y vomitar"

Creo que no va a gustar a muchos lo que está diciendo.
¿Sabes? Todo el mundo conoce lo que pienso, que se crean personas que solo sean un mecanismo de consumo. El arte lo que hace es abrir esa mente, ese corazón, permite a la gente pensar por sí misma. El arte permite llegar a casa y reflexionar sobre lo que has visto. El cine que nos ponen en las televisiones no produce el mismo efecto, y seguramente al cabo de una hora no lo recuerdas. Es un cine puramente bulímico.

Está diciendo€
Lo que estás entendiendo: que ese cine bulímico es cine de consumir y vomitar.

En todo caso, va usted a contracorriente.
Está claro, pero voy a contracorriente de unos intereses, no del público. Creo que hay un público que es capaz de elegir, de seleccionar, que tiene criterio y que exige que haya otro tipo de obras que le permitan convertirse en las personas que somos.

Baby es una película sin diálogo donde las palabras brillan por su ausencia. ¿Es difícil de dirigir e interpretar?
Ha sido otro reto más, como rodar una película en un clima extremo, rodar con actores que tienen problemas, rodar con niños, con animales€ Baby es un homenaje al cine y una reivindicación de que el cine tiene sus propias herramientas.

¿Y no es la palabra una de sus herramientas?
Para mí son la luz, la oscuridad, el decorado, el vestuario, la interpretación, la mirada de las actrices, la música, el silencio€ Este es el lenguaje universal del cine, y no siempre tiene que estar supervisado por el texto. Hay veces que el autor tiene miedo y lo que hace es sobreponer una serie de textos para explicar algo que ya habíamos entendido todos como espectadores. Ese te quiero que ya lo hemos visto en las miradas o venid por aquí cuando estamos viendo hacia donde se dirigen. Hay muchas cosas que resultan redundantes. Muchas veces veo miedo en el espectador y películas que son literatura filmada o teatro filmado, pero no suelen ser cine. En Baby hay un acto de amor hacia el cine, hacia los elementos del cine. En Baby también hay un grito irónico que dice: Estamos hartos de palabras.

Ha acercado la cámara a los personajes hasta dejarlos desnudos y mostrando todas las imperfecciones.
Es una película hecha para el cine. Tú no hubieras podido apreciar lo que estás diciendo si la hubieras visto en casa. Es una película llena de detalles y eso no se puede apreciar en un televisor y, además, haciendo otra cosa como hacemos cuando vemos cine en casa. Por eso digo que es un homenaje al cine, porque requiere de la implicación del espectador. Es cine porque cada detalle que hay en la película, visual o sonoro, es muy valioso. Si te despistas vas a perderte información, vas a perderte una metáfora, vas a perderte un símbolo.

Ha rodeado una historia sencilla de unos elementos sobrecogedores.
Exactamente. La historia es muy sencilla y si solo quieres pasar un rato, lo acepto. Pero para aquel espectador que quiera implicarse más y que lo que desea es sacar más de esta historia, que le va a dar vueltas y la va a comentar, la película ofrece muchos matices. Ves cómo esa chica sufre un síndrome de abstinencia, y los que sabemos cómo son esos síndromes de abstinencia vemos en cada gota de sudor que le cae por la cara o en esos ojos apagados a esa persona que está al límite.

No hay voces evidentes y tampoco nombres para los personajes.
Los nombres no importan. He prescindido de muchas cosas. Esta película tiene un proceso de esencia, como cuento que es. Los cuentos me interesan mucho porque van a la esencia del ser humano, a la esencia del alma, a la de sus miedos y sus anhelos. Es por todo esto que los cuentos han perdurado en el tiempo. En cada versión de guion se esenciaba más la historia, cada vez había menos texto, menos localizaciones, menos personajes y en un momento dado, prescindí de los figurantes, no importaban€ Y claro, en esta intención de ir esenciando, el resultado final tiene menos elementos.

¿Ha conseguido la metamorfosis de la protagonista sin nombre? ¿Es un cuento con final feliz?
Al principio de la película ella está llena de temores, de debilidades, le maneja el ego. Es el ego el que te hace decir que los demás tienen la culpa de lo que te ocurre, es la inmadurez. A veces se piensa: Qué malos han sido conmigo. Me veo obligado a tomar una sustancia e irme a un paraíso artificial porque la sociedad es malvada, la vida es dura, mis padres no me entienden, los políticos también son malvados, etc, etc€

Una forma de ver una realidad.
Puede ser, pero la realidad es que tenemos la responsabilidad de nuestras vidas y que cada día podemos elegir otro camino si no nos gusta el que estamos siguiendo. No sirve echar la culpa y victimizarse, eso es lo absurdo de muchas de nuestras vidas. Es un mecanismo nocivo hacia uno mismo. Cuando esta chica quiere arreglar el grave error que ha cometido, es el propio universo el que la lleva hacia esa pesadilla.

Otra metáfora, ¿no?
Exacto. El recorrido vital que hacemos todos es duro. No existe un recorrido sin dolor, eso es mentira; nos gusta escucharlo, pensarlo, pero no es verdad. El recorrido de la vida requiere de responsabilidades, esta chica las ha obviado y el universo le dice una y otra vez que tiene que superarse. Cada vez que se levanta lo va haciendo mejor. Lo que dice a la gente es que hay una segunda oportunidad y existe un grito de esperanza: Tú puedes pasar del temor al amor.

"Hacer una película, sobre todo si no es agradable al sistema, cuesta muchísimo"

La última vez que hablé con usted fue hace cinco años, cuando presentaba El rey gitano. ¿Qué ha hecho durante este lustro?
Quienes me conocen saben de sobra que no siempre tengo algo que contar. Entiendo que haya autores que rueden de una manera más compulsiva o de encargo€

¿Es una crítica?
No, es una forma de explicar que yo solo ruedo de vez en cuando, si tengo algo que me interesa contar. Y a la hora de contar soy bastante extremo. Me voy desde el extremo más gamberro y más frívolo hasta el que me obliga a sacar lo más emocional y visceral que llevo dentro. Pienso que lo que debe hacer un creador es buscar dentro de sus emociones y dejar salir su visceralidad. Creo que eso es la creación.

Muchos le dirán con Baby que€
¿Que he vuelto a mis orígenes? Sí, dirán que he vuelto a Alas de mariposa o La madre muerta. Pues no, no he vuelto, es que nunca me fui. De vez en cuando tengo la necesidad de transmitir algo de una forma obsesiva y me pongo a hacer una película como Baby. Hacer una película, sobre todo si no es agradable al sistema, cuesta muchísimo. Esta historia la empecé a preparar en 2016, en 2017 estaba buscando la financiación y se ha rodado en 2019. Es el tiempo que suelo utilizar, tres o cuatro años para cada película.

El próximo año se cumplen 30 del estreno de Alas de mariposa
¡Madre mía! Qué rápido ha pasado el tiempo. Fue ayer. Qué tiempos€

Para cumplir el sueño de su primer largometraje hipotecó su casa. ¿Lo sigue haciendo?
Ja, ja, ja€ No es tan raro, lo he tenido que hacer muchas veces. De alguna forma hay una inconsciencia en mí. Llevo dentro esa visceralidad de la que siempre hablamos y cuando me doy cuenta, estoy metido en una vorágine y tengo que acabar la película, confío en ella, me hipoteco y eso es algo que no es aconsejable. En esta película he intentado evitarlo.

¿Lo ha conseguido?
Sí. Tenemos el apoyo de socios. Al principio la película se estaba derivando hacia Barcelona, el teeser original se rodó en Barcelona, pero gracias a la intervención de la Diputación de Álava, que confió en el proyecto y en que se podía rodar allí y que se podía encontrar talento en Álava, se ha podido hacer esta película sin que yo tuviera que hipotecar mi casa. Se han incorporado a esta financiación otras instituciones y también está Radio Televisión Española, así que por primera vez no he tenido que hipotecar nada. Confieso que es una sensación muy rara la que me produce esta situación.

Ha hablado mucho del sistema y de cómo el sistema pone al ciudadano contra las cuerdas. ¿Podríamos decir que Juanma Bajo Ulloa es un antisistema?
Creo que hay una postura antisistema que es infantiloide, la que muchas veces vemos de cara a la galería. Creo que la persona que no acepta el sistema porque lo considera agresivo, insostenible, como es mi caso, no lo hace de cara a la galería. No está quemando objetos en la calle o poniéndose banderitas de colores.

¿Cómo entiende usted ese sistema con el que no está de acuerdo?
Entiendo que el sistema es totalitario por defecto y que cada vez nos va cercenando más libertades. Ir contra el sistema lo puedes hacer tú todos los días desde tu casa.

¿Cómo?
Entendiendo que no están los elementos medioambientales para nuestro beneficio y que solo son herramientas. Todos somos parte de un organismo y agrediéndolo estamos enfermando. De eso habla esta película también, de cómo somos un gran organismo: la lluvia, las plantas, los insectos, los animales, las personas€ Somos un todo. El que vea esta película se dará cuenta de que no hay diferencias entre personas y animales. Somos lo mismo. La desconexión de ese todo que somos nos ha llevado a un desequilibrio del medio ambiente. Ahora mismo estamos abocados hacia una autodestrucción.

¿La pandemia?
No tengo ninguna duda de que esto está en la base de la pandemia que nos afecta.

Pues dicen que vamos a salir de ella siendo mejores personas.
Y supongo que no te lo has creído. Muchas personas piensan que va a ser así, ¿no? Los mensajes institucionales suelen ser profundamente simplistas porque nos tratan de tontos. No creo en las instituciones como tal, pero sí creo en las personas que puede haber en ellas. A algunas las respeto y son apreciables.

¿Esta crisis nos ha puesto a pensar o tomar una iniciativa de cambio de vida?
En este caso lo tengo claro. La enfermedad, cualquier desastre que nos pueda afectar, incluso la propia muerte, no son más que elementos que forman parte del camino. El mensaje que nos lanzan estos elementos es: Por aquí, no. El ser humano puede comprenderlo y tomar otra dirección radicalmente opuesta o tratar de esperar a que eso pase para seguir el mismo camino.

¿Y seguiremos el mismo camino?
Estoy convencido. De hecho, en la calle escuchas: A ver si esto pasa pronto. Mi percepción y mi mensaje es: No va a pasar pronto.

¿Apocalíptico? ¿Pesimista?
Es que aunque esto pase pronto llegará otra cosa peor. Y no me considero ni una cosa ni otra. Es pura objetividad y puro pragmatismo. No puede ir a mejor nada, la sociedad que tenemos ahora es totalmente insostenible. ¿Cuántos zapatos tenemos en el armario? ¿Cuánta comida tiramos a la basura? ¿Cuántos desplazamientos absurdos hacemos en aviones y en coches prácticamente vacíos? Y no solo hablo de términos ecológicos, hablo también de términos de convivencia social. El mensaje es polarizarnos: ricos contra pobres, mujeres contra hombres€ Son los mensajes que nos lanzan y que hemos comprado. Somos tontos en la medida en la que compramos estas ideas.

¿Por qué seguimos comprando esos mensajes?
Por comodidad. Son mensajes autodestructivos que compramos, y tomamos la dirección para ir hacia el muro. El muro está ahí y aparecerá en algún momento. Ahora estamos viviendo esta pandemia, pero todo viene de mucho antes. Todo esto exige un cambio profundo en la mentalidad y en las emociones de las personas. En la medida en que miramos hacia otro lado y esperamos que una vacuna nos vaya a curar, es que estamos ciegos. ¿Y qué pasa cuando vamos ciegos? Que chocamos.

A pesar de esa visión que califica de objetiva, no apocalíptica ni pesimista, tendrá proyectos de futuro...
Soy muy realista, pero claro que tengo proyectos de futuro, si es que el cine sigue siendo un medio posible dentro de equis años. Tengo varias cosas, como siempre, e iré tomando decisiones. Vuelvo al extremo de la comedia, hay una a la que llevo muchos años dándole vueltas, que quizá sea la más loca que pueda rodar, y lleva el título de Muerte mortal. Y en el otro extremo tengo en proceso un thriller que se llama El mal. Es el que está más adelantado de mis proyectos y el que espero que se ruede antes.

¿Dos proyectos ambiciosos?
Sí, lo son bastante. Y aparte de estas dos posibles películas tengo previsto un documental que hablará de cómo el sistema nos manipula, nos polariza y nos enfrenta entre nosotros.

Algunos colegas suyos han comenzado a producir para plataformas y para que el cine se vea a través de la televisión. ¿Es el lado oscuro de la profesión?
El mensaje de algunos colegas es: Que simpáticas son las plataformas y cómo nos ayudan. El mío no es ese, en absoluto. ¿Lado oscuro? No, opciones. Las plataformas pueden ser una herramienta más, pero el cine no es para plataformas, el cine es para verlo donde tú y yo estamos hablando ahora y donde hemos visto esta película, en una sala como esta. Ir al cine es un acto de amor a una obra.

Y de esfuerzo, ¿no?
Bueno, el espectador debe seleccionar la obra, tiene que desplazarse, tiene que entrar en la sala y abstraerse, quedarse a oscuras, no hacer ninguna otra cosa y dedicarle su tiempo. El tiempo es lo más valioso que tenemos. Puedes multiplicar tu dinero, tu ropa, pero no el tiempo; el tiempo se acaba, se consume. Entre el espectador y el cine existe un acto de amor que se desencadena con la liturgia de asistir a una sala de cine. Cuando ves una película en tu casa o en una plataforma la estás usando para llenar tu tiempo. Eso se sabe y se fomenta ese consumo. Claro que la película puede ir a una plataforma o se puede rodar para ella, pero siempre utilizándola como herramienta extra para la revisión de una obra que no has podido ver, o una que ya has visto y te apetece volver a ver. 

PERSONAL
Edad: 53 años (1 de enero de 1967).
Lugar de nacimiento: Gasteiz.
Inicios: Su recorrido personal parece estar hecho para un libro de récords. La tienda de fotografía de su padre le abre desde niño su mirada al mundo de la imagen.  Con 14 años rueda su primer cortometraje premiado. A los 17, monta su primera productora, Gazteiko Zinema. A los 22 gana su primer Goya con el documental El reino de Víctor
Carrera: Escribe el guion de Alas de mariposa con 23 años y uno más tarde se convierte en el director más joven en ganar el festival de cine de Donostia. La madre muerta, su segundo largometraje, se estrena en el Festival de Venecia y  recoge numerosos premios internacionales. Sin cumplir los treinta años escribe y dirige Airbag, que rápidamente bate récords de taquilla y crea un nuevo género cinematográfico, el de la comedia gamberra. Entre esta película y la siguiente pasaron siete años. En 2004 rueda Frágil y nueve años después El rey gitano. Tras cinco años de ausencia acaba de estrenar Baby.
La música: Los periodos en los que no ha producido cine, Bajo Ulloa los ha dedicado en gran parte a una de sus pasiones, la música. Ha grabado videoclips de Barricada, Enemigos, Sabina, Golpes Bajos, Distrito 14 y Pablo Carbonell, entre otros. Entre Frágiles y El rey gitano realizó dos largometrajes documentales: Historia de un grupo de rock y Rockanrollers
Premios: Sus trabajos han recibido en total siete Goyas, un premio Ondas, el premio Ícaro, el premio de la Crítica de Nueva York y numerosos galardones internacionales. Sus películas han viajado por diversos festivales de todo el mundo y en todos ellos se reconoce el carácter independiente y rebelde del director.
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