Actor de 'Patria' y en la película 'Hil kanpaiak'

Eneko Sagardoy: "Gorka en 'Patria' quiere vivir; Néstor en 'Hil kanpaiak' sobrevivir"

Eneko Sagardoy ha estado por partida doble en Zinemaldia con 'Patria' y con la película 'Hilkanpaiak'. Tiene pendiente de estreno 'Hondar ahoak', una serie para ETB-1

26.09.2020 | 01:21
El actor Eneko Sagardoy

Eneko Sagardoy es muy joven, demasiado para el currículo que tiene durante los diez años que lleva interpretando. No le gustan las grandilocuencias con las que los medios le describimos en ocasiones. Él hace su trabajo consciente de las intermitencias de un oficio irregular, pero apasionante. El domingo se estrena en HBO Patria. En esta serie, una de las que más expectativas ha levantado, es Gorka un personaje con el que se identifica y que le reseña como el más parecido a él de todos los que ha interpretado. "Gorka es como yo, quiere vivir, Néstor en Hil kanpaiak, sobrevivir".

'Patria', 'Hil kanpaiak' y 'Hondar ahoak', dos series, una película por estrenar. Lo suyo es puro vicio laboral.

—Y tanto. Ja, ja, ja€ No me puedo quejar. Tengo dos películas por estrenar: Mia y moi del director Borja de la Vega y Contando ovejas de José Corral. He trabajado bastante. Cuando pase todo esto de Zinemaldia me meto a ensayar Madre coraje que estrenamos en nada en el Teatro Arriaga. Esta obra se iba a estrenar en marzo, pero la pandemia anuló todo.

¿Cómo es su personaje en una película tan negra, tan oscura y misteriosa como 'Hill kanpaiak'?

—Y tanto que es como tú dices. Tengo dos personajes, Néstor y Aitor, son dos hermanos gemelos. La trama se centra en una familia que vive en la máxima frialdad. Están amedrantados por el pasado, Aitor fue asesinado y ese pasado los tiene martirizados. Mi personaje tiene una relación muy hostil con sus padres. La película comienza cuando el padre encuentra unos huesos y serán estos restos los que remuevan las heridas familiares, las que surgieron con la muerte del hermano.

Una historia inquietante.

—Toda esta historia está narrada por Imanol Rayo, un director al que admiro mucho. Ha sido muy fiel a su estilo, a sus silencios, a sus planos estáticos y a una música magistral, llena de voces que no sabes si vienen del infierno o del cielo. Es una película muy inquietante y muy atmosférica, pero no por ello abstracta. Es misterio, es cine negro.

¿Resulta cómodo un personaje en una historia llena de silencios?

—Me encanta que así sea. Soy muy partidario de pulir muy bien el texto y dejar solo lo imprescindible, me parece mucho más interesante. El silencio, como actor, lo disfruto mucho. Tienes que llenarlo con otras muchas cosas: gestos, respiración, mirada€ Es un trabajo menos obvio, más meticuloso.

¿Comprometidos?

—Eso también. Me gusta que los directores confíen en los actores para llenar esos silencios. Es un trabajo más sugerente, más arriesgado y en el que me siento muy cómodo.

Tiene solo 26 años y un currículo que asombra.

—Ja, ja, ja€ Mucha gente me dice que parece mentira que tenga 26 años y que parezco mayor. Me siento muy afortunado. He trabajado mucho en cine, que es difícil. He hecho historias muy diferentes como Handia en su momento o Patria ahora.

Dos personajes muy diferentes el de Néstor en 'Hil kanpaiak' y Gorka en 'Patria'.

—Néstor es un joven que está totalmente roto, sin esperanzas, sin ilusiones y muy amedrentado. Gorka, aunque también tiene un punto introspectivo o de silencio, tiene toda la vida por delante. Gorka tiene ilusiones y motivaciones, quiere vivir; Néstor está sobreviviendo. Gorka en Patria está mostrando constantemente lo que quiere, lo que piensa y con lo que no está de acuerdo. Néstor está más callado que los huesos que encuentran y está lleno de ira, rabia y ganas de venganza.

Habiendo visto los dos trabajos es Gorka quien se parece más a usted.

—Gorka está en la calma, en la pena, pero también está en la ilusión de la reconstrucción. Sin duda, es Gorka el que más se parece a mí. El que más de todos los que realizado. Desde el principio señalé el poco esfuerzo que me estaba costando acercarme al personaje.

—'Patria', una serie con expectaciones y con polémica desde el minuto uno. Levanta pasiones y aún no se ha estrenado.

—Va a levantar mucho ruido, mucho polvo. Pero después de ese ruido y de ese polvo, cuando todos la veamos con más nitidez y desde la tranquilidad, la serie dará una oportunidad muy grande para entablar conversaciones y hablar sobre un tema importante.

¿Por qué escogió ser actor?

—Todos, pero todos, actuamos más o menos teatralmente en la vida. Existen los códigos, existen las mentiras, existen los miedos y frente a este escenario, todos interpretamos roles diferentes en el día.

Pero no profesionalizamos las mentiras y los miedos.

—Me creo mucho esos roles y descubrí en el teatro un espacio donde poder jugar a ese juego pero con una excusa y otras miradas que me decían: "Te creo lo que estás haciendo y lo que me estás diciendo aunque sepamos que es mentira". Ese pacto de la verdad o la mentira me ha atraído mucho, me ha resguardado mucho, me ha ilusionado. Me decía una amiga, y estoy de acuerdo con ella, para nosotros el teatro ha sido una excusa para vivir.

Mucho cine, televisión y teatro en euskera. ¿Se siente más cómodo que en castellano?

—Las dos lenguas son lenguas madres para mí. Me siento muy cómodo en las dos. Mi idioma emocional, el que hablo con mis padres y con mi hermano, es el euskera. Es un idioma que me sale muy natural. Pero el castellano es una herramienta que utilizo mucho para mi trabajo y con muchos amigos.

¿Se imaginaba este carrerón cuando estaba en la ikastola y daba sus primeros pasos en un escenario?

—¡Qué va! Si yo estaba en bachiller e iba a estudiar Euskal Filologia o Filosofía. No tenía ni idea a lo que me iba a dedicar. De hecho, no estudié Arte Dramático, estudié Comunicación Audiovisual porque me parecía imposible que yo fuera a vivir de esto. Entonces, me cogieron en Goenkale mientras hacía la carrera. Me llegó mi primer sueldo y dije: "¡Ostias!, pues igual sí que puedo vivir de esto, parece que me creen y no parece que lo haga tan mal". Lo de ser actor ha sido una cosa que ha ido pasando. Lo de hacer películas no estaba ni en mis mejores sueños, era un mundo que me atraía mucho, pero yo lo veía como muy lejano y difícil de entrar, ni los pensaba.

¿Y ahora que está dentro?

—Pues que todo es mucho más pequeño y más sencillo de lo que parecía desde fuera. Me encuentro cada vez más relajado más a gusto y más consciente de lo que estoy haciendo y de lo afortunado que soy.

¿Puede vivir de sus códigos y mentiras o hay momentos que no vemos desde fuera y que son de bajón absoluto?

—Sin duda, en todos los oficios hay momentos de bajón, en el nuestro hay muchos bajones. No sé decirte en noviembre qué es lo que voy a hacer. Admiro a los actores que llevan tantos años en esta profesión y me pregunto: "¿Cómo han conseguido mantenerse emocionalmente estables tanto tiempo con este trabajo?". La intermitencia de nuestro oficio es dura, muy dura. No puedes realizar planes a muy largo plazo y si los realizas, es correr riesgos.

¿Lleva bien las intermitencias?

—Estoy aprendiendo y lidiando con determinadas situaciones. Me gusta tenerlo todo muy controlado y este trabajo no deja en mis manos ese control. Sufro un poco, pero es verdad que para cuando me empiezo a preocupar me sale otro trabajo, así que no me voy a quejar mucho.

'Handia' fue una película muy importante para el cine vasco. ¿Tuvo miedo de que ese éxito que consiguió con esta película se convirtiera en una sombra muy alargada y eclipsara otros trabajos suyos y fuera un lastre a futuro?

—Cuando haces un trabajo tan reconocido y la película es tan querida y respetada por el público, te da miedo de que la sombra sea más alargada que tú y te tape. Pero han pasado tres años desde que la estrenamos, dos desde que gané el Goya y ahora encajo muy bien todo lo que me pasó. Me siento muy agradecido, todo lo que me ha traído ha sido bueno y, afortunadamente, he hecho otros trabajos con los que estoy muy contento y vienen otros trabajos con los que estoy muy ilusionado. Además, Handia es una película que me gusta a mí como espectador.

¿Se creyó que era a usted a quien nombraban para subir a recoger el Goya o pensaba que vivía en una realidad paralela?

—Lo de realidad paralela es verdad. Estuve en esa realidad durante meses, necesité tiempo para entender lo que pasó€

Era usted una criatura, muy joven.

—Eso también. Pero creo que nadie está preparado para semejantes golpes de emoción, de reconocimiento y de circo mediático. Yo no lo estaba, me costó asumirlo.

Pues no lo ha llevado tan mal.

—En el día a día nada cambia cuando recibes un Goya, pero mediáticamente y en los ojos del otro que te mira, sí que hay cambios, hay que ver cómo cambia la forma en la que te hablan. Hay que gestionar todas esas emociones que tienes dentro y las que desprenden los demás.

¿Se sube la fama a la cabeza?

—Hay que recordarse a uno mismo muchas cosas para seguir en la Tierra, para no bajar la guardia y para no olvidar que ser actor es un oficio increíblemente irregular. Sintetizar lo que pasó me hizo mucho bien.

¿Y cómo lo sintetizó?

—Simplemente, había personas a las que mi trabajo les gustó mucho. Nada más. Estaba claro que iba a mantener los pies en el suelo, pero era mi entorno el que me metía miedo y me decía: "Eneko, ahora no te crezcas, sigue siendo el mismo". Pienso que esos consejos eran muletillas más que realidad.

¿Un hombre feliz?

—Contento con lo que hago.

"Néstor en 'Hil kanpaiak' es un hombre lleno de ira y de ganas de venganza. Gorka en 'Patria' está cargado de ilusiones"

"Cuando gané el Goya me costó tiempo, meses, asumir lo que había pasado. No estaba preparado para ese golpe emocinal "

"Me siento cómodo trabajando en euskera y en castellano. Mi idioma emocional, el que hablo en casa, es el euskera"

"El oficio de actor es tremendamente irregular e intermitente, yo no sé decirte qué voy a hacer en noviembre"