Kuala Lumpur, una ciudad que fascina a los turistas
Malasia posee el sabor salvaje y civilizado de la verdadera Asia, pero también esconde una caja de sorpresas y leyendas. Pese a sus múltiples atractivos continentales e insulares, una visita a Malasia puede empezar por su capital, Kuala Lumpur
¿Sabías que casi la mitad de la exportación maderera mundial proviene de Malasia? No es nada extraño, por tanto, que los afortunados viajeros que deciden descubrir este apasionante país se traigan de recuerdo alguna escultura en madera. Aunque el mejor souvenir es, sin duda, el que retendrán para siempre en su memoria fotográfica. No en balde, al país malayo le encajan de verdad todos los tópicos que a menudo figuran en los reportajes turísticos: playas paradisíacas, paisajes exóticos, gente hospitalaria, etcétera. Pero antes de adentrarnos en sus selvas tropicales, bosques, y manglares para experimentar aventuras de todo tipo en tan exuberantes entornos, parece casi obligado comenzar por describir las múltiples sensaciones que Kuala Lumpur, su capital, transmite al visitante nada más aterrizar en el aeropuerto de Klia (por cierto, un modelo de eficacia).
Un abigarrado crisol multiétnico compuesto de malayos, chinos, indios y otros indígenas conforman un escenario que no deja de sorprender al recién llegado. Una vez acomodado éste en alguno de sus confortables hoteles, le asalta pronto el deseo de pisar las calles, palpar la realidad. La capital malaya es actualmente una moderna y pujante ciudad, en la que se cuecen casi todas las actividades sociales, políticas y culturales del país.
De mercadillos a rascacielos
Deambular por las callejuelas del centro es todo un espectáculo. Los mercadillos callejeros de Jalang Petaling y Chinatown, por ejemplo, exhiben una extensa gama de artículos. Desde los más típicos de la artesanía local hasta los que representan el último grito en novedades electrónicas, de producción propia, o Made in Japan. Todo ello, en medio de una mezcla indescriptible de estímulos olfativos. Olores a aceites con los que fríen la carne de cerdo, el pato laqueado o las bananas, junto con el de los pinchos morunos cruzados por agujas de bambú. O el de las especias picantes. O el de las frutas tropicales como papayas o mangos. Todo abre las ganas de comer y, como decía Paracelso, nada es veneno; la diferencia está en la dosis.
Este show también puede contemplarse desde las cómodas terrazas de cafeterías en las zonas de Munshi Abdullah y Campbell, con el telón de fondo de los inmensos rascacielos de la capital, en el que destaca, entre otros, el de las conocidas torres gemelas llamadas Petronas, con sus casi 500 metros de altura y sus 88 pisos. Desde el puente que une ambas torres, en el piso 44, máxima altura de ascenso permitida a los turistas, pueden admirarse interesantes panorámicas de la ciudad. Las casas coloniales y medievales, así como las de estilos budistas, hindúes o chinos han dado paso hoy a una arquitectura futurista.
Prosperidad económica
La transformación urbana es un síntoma de que nos hallamos en un país no demasiado extenso, pero de rápido crecimiento económico gracias a sus reservas energéticas. La arteria Turku Abdul, donde se ubican los principales hoteles, bancos y restaurantes, es un reflejo de su prosperidad.
En el itinerario urbano hay lugares imperdibles, como el de los templos hindúes de las grutas Batu Caves. Los que quieran conocerlas han de subir 270 escalones, pero el esfuerzo merece la pena. Los monos que los merodean hacen más divertida la escalada.
La mezquita azul de Sha Alam, el Lago Garden, donde se encuentran los hibiscus y las orquídeas cerca de los ciervos y las mariposas, el Museo Nacional, y el templo de Sri Mariamman son otros puntos de interés. Sin olvidar la plaza Merdeka, una ciudad-jardín de notable atractivo arquitectónico. Así es esta antigua ciudad real que una vez fue hogar de sultanes…
Las mil y una islas
Pese a los múltiples atractivos de Kuala Lumpur, conocer Malasia requiere trasladarse a visitar algunas de sus más características islas, y cómo no, también los dos estados insulares (Sarawack y Sabah) en Borneo. El archipiélago de Langkawi, apodado el arrozal de Malasia, esconde multitud de leyendas y mitos que el visitante podrá o no creerse, pero la cría de cocodrilos es una realidad impactante que no puede perderse.
En Langkawi, como en el resto de islas y costas, abundan los bosques de manglares, muy importantes para el ecosistema. En estos hábitats se encuentran enormes cangrejos, peces, crustáceos, camarones, aves acuáticas, y, con un poco de suerte, el visitante hasta puede toparse con monos y grandes reptiles, si bien estos últimos son bastante vergonzosos y sólo acostumbran a salir de noche. Llevar una linterna tampoco es mala idea.
Sabah y su capital Kota Kinabalu
El Estado de Sabah es un santuario botánico. Por poner un ejemplo, no menos de 1.200 especies de orquídeas han sido registradas en el Parque Sepilok de Kinabalu, en el que habitan también animales salvajes como orangutanes que pueden verse internándose en la selva. De hecho, toda la región de Sabah es una inmensa reserva de parques y reservas naturales. Y una de las mejores formas de zafarse de su brillante sol es pasar una jornada en uno de esos recintos. El Parque Marino (Water World Theme Park) es, entre otros, otra buena alternativa. Aunque hay más, practicar el buceo entre sus jardines de coral o simplemente nadar en las idílicas playas de las vecinas islas de Tanjung Aru, Sipadan, Seligan, o Nakungan es la mejor forma de tomarte un descanso de tu propia vida.
Es casi imposible abandonar Sabah sin conocer su capital, Kota Kinabalu (KK). En el centro de la ciudad se distingue inmediatamente una hermosa y alta torre circular de acero y vidrio. Es el moderno icono de Sabah. Su interior alberga miniteatros, gimnasios, y una interesante biblioteca. Y en el piso 18, el restaurante Atmosphere saciará tu apetito con excelentes propuestas culinarias.
Por otra parte, en Gaya Street, el centro comercial y de negocios, se encuentran tiendas donde adquirir artículos típicos de madera. Pero, si tienes oportunidad, espera el domingo para visitar esta zona. La calle se cierra al tráfico ese día y se convierte en un interesantísimo mercadillo multicolor de souvenirs, artículos de artesanía, frutas, antigüedades, etc. protegido del sol por amplias sombrillas. Se trata de un museo viviente en el que aún habitan los herederos de unos terribles guerreros, que muestran su peculiar estilo de vida: ¡Fascinante!
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