A pesar de que estuviera cantado, porque si no se llegan a poner de acuerdo los partidos en un tema como este apaga y vámonos, el apoyo de todos los grupos, salvo Vox, a la reforma del artículo 49 de la Constitución ha llevado a que la palabra Congreso haya sido trending topic esta semana.

Acuerdo

No sé cuánto tiempo tendremos que esperar hasta que el Congreso español vuelva a registrar un número de síes tan epopéyico como el obtenido esta semana para modificar el artículo 49 de la Constitución: 312 votos a favor. Seguramente hasta que se presente una iniciativa para incrementar la remuneración de sus señorías. Ahí seguro que se sumarán los votos de Vox, que esta vez se han retratado votando en contra de la reforma.

En el lado positivo, que un término tan poco adecuado como “disminuido” haya sido sustituido por el de “personas con discapacidad”. Más vale muy tarde que nunca. En el menos positivo, la rapidez con la que PSOE y PP, para esto sí, acordaron levantar un muro numantino con el fin de impedir que se pudiera, cuando menos, tratar algunas otras posibles reformas constitucionales.

Ayuso

Cada vez que Ayuso habla sube el pan. En esta ocasión ha alertado del “caos” por la llegada “masiva” de inmigrantes a su región, dejando caer, entre mamporro y mamporro al Gobierno español, que se habían producido supuestas agresiones a mujeres en Alcalá de Henares. “Si los agresores son vecinos de Alcalá, o si son de fuera, eso lo tiene que determinar el juez”. Tiene su lógica, y más en un tema como este. Entonces, ¿para qué dice nada? 

Pues porque todo le vale para descalificar, con brocha gorda, la gestión migratoria, ciertamente mejorable, por parte del ejecutivo de Sánchez.

Cumpleaños… ¿feliz?

Cómo pasan los años. Tempus Fugit, o lo que es lo mismo, el tiempo vuela que se las pela. Que se lo digan a la gente de Podemos, que en una década han visto cómo pasaban de ser un movimiento a partido político que aspiraba a asaltar el cielo y zamparse al PSOE

Tras saborear las mieles del poder, ahora, en plena celebración de sus diez años, seguramente impregne en su cúpula la añoranza de esos tiempos pasados, no tan lejanos, en los que iban a comerse el mundo, para finalmente darse de bruces y acabar en el Grupo Mixto.

Davos

La crème de la crème de las élites económicas y políticas, y lo pongo en este orden porque las primeras mandan más que las segundas, han aparcado sus jets privados en la pequeña localidad de Davos para tratar sus asuntillos. Desconozco si, en breve, esta ciudad suiza estrenará una zona de bajas emisiones, en este caso para aviones, ya que solo en la cita del año pasado se estimó que los susodichos, entre ellos el Falcon, se cascaron al trasladar a los eminentes líderes empresariales y políticos del orbe la misma contaminación que los viajes de 350.000 coches en una semana.

Me da que en esta cita, de nuevo, no ha habido ningún autónomo o pyme presente. Tal y como se las gastan muchos de los presentes, y teniendo en cuenta que el mundo no es que haya ido precisamente a mejor en el reparto y generación de riqueza en los 50 años que se lleva celebrando este laureado evento, al lema de este año, Reconstruir la confianza, podrían haberle añadido: “Nos va a llevar trabajo... si es que lo conseguimos”