Por su trabajo en Rondallas, Judith Fernández (A Coruña, 2001) ha estado nominada a Actriz revelación por el Círculo de Escritores Cinematográficos. La trama se centra en un pequeño pueblo marinero gallego dos años después de un trágico naufragio, donde también murió su padre en la ficción. Algunos miembros de la rondalla (agrupación musical tradicional) deciden reunirse de nuevo para canalizar el duelo y recuperar la ilusión.
¿Conocía el mundo de las rondallas?
No, no lo conocía, ni yo ni ninguno de mis compañeros. Las rondallas se dan en una zona muy concreta de Galicia, en unos quince pueblos desde Vigo hacia el sur. Es algo muy de allí, muy de nicho. Así que no sabíamos lo que eran y lo descubrimos a través de la película. Yo soy de A Coruña y, sinceramente, me ha parecido un descubrimiento increíble.
¿Qué le atrajo más de Rondallas: la historia o trabajar con Daniel Sánchez Arévalo?
Las dos cosas. No podría quedarme solo con una. Por un lado, me atraía muchísimo trabajar con Dani, me parecía increíble que una de mis primeras películas fuera de su mano. Trabajar con Daniel es un regalo. Sobre todo porque yo veía su cine desde muy pequeña y, de alguna manera, ahora esa niña forma parte de una de sus películas. Eso es muy bonito. Y luego está la historia. Andrea, como personaje, me atraía mucho, pero también el conjunto. Poder hablar del amor en todas sus formas, de la oscuridad y de la luz, me parece especialmente necesario ahora mismo. Es una historia que me conectaba mucho, a nivel personal y emocional.
Interpreta a Andrea, uno de los personajes principales de la película. ¿Cómo es ella?
Andrea es una chica de un pueblo gallego que todavía no ha alcanzado la mayoría de edad. Ha perdido a su padre, y esa ausencia lo marca todo. Es el hecho que mejor la define. Está pasando por un momento de mucha oscuridad. No diría que esté buscando la luz, pero sí intentando atravesar esa oscuridad y seguir adelante.
Volviendo al tema de las rondallas, ¿qué papel juegan en la narrativa general?
Creo que hay algo muy bonito en la rondalla. Más allá de ser uno de los elementos principales de la película, funciona como un personaje en sí mismo. Representa exactamente lo que la historia quiere transmitir: la idea de comunidad. La rondalla nos recuerda que, a través de lo colectivo, podemos llegar muy lejos y atravesar cualquier oscuridad, que la comunidad tiene una capacidad enorme para sostener y salvar. Y creo que ahora mismo es especialmente importante recordarlo, porque vivimos en un momento muy individualista, con mucho ruido alrededor. La rondalla cumple ese papel dentro de la película y lo hace de una manera clara y honesta.
Viendo Rondallas da la sensación de que es más rentable financiar esta película que cualquier campaña de promoción turística de Galicia...
Todo lo que sea amplificar nuestra cultura y llevarla a todos los rincones me parece una campaña estupenda. Además, hay algo muy bonito en esa idea de que lo local también es universal, algo de lo que hemos hablado mucho en las entrevistas. Para mí es una suerte poder representar a mi tierra y a las rondallas, que quienes forman parte de ellas se sientan reconocidos y, al mismo tiempo, despertar la curiosidad de la gente. De hecho, en muchos sitios nos decían que ahora Vigo se conoce por algo más que por las luces. Y yo pensaba: el año que viene, el pack completo serán luces y rondallas.
¿Qué tal ha sido trabajar con Javier Gutiérrez?
Increíble. Con él y con todos. De verdad que hemos hecho familia, y no es una frase hecha. Fer (Fraga) es mi mejor amigo y Lola (López) es como mi hermana, la veo todas las semanas. También con Javi (Gutiérrez) y con María (Vázquez) hay algo muy bonito en la forma de trabajan: todo es muy horizontal, crean espacios muy seguros. Y eso, a nuestra edad, no es tan habitual. Estar sentada en una mesa con gente que lleva una carrera tan larga y sentirte escuchada no siempre pasa. Tanto Fer como yo hemos sentido siempre esa escucha, esa atención constante.
¿Contenta con haber estado nominada como Actriz Revelación por los Escritores Cinematográficos?
Mucho. Cualquier reconocimiento es una alegría, pero en este caso no lo siento solo como algo mío, porque esta película se ha hecho en familia. La Andrea que vemos en pantalla no sería la misma sin Fer (Fraga). Si el personaje de Elías lo hubiera interpretado otra persona, seguramente Andrea sería distinta, porque es un trabajo que va en lote. No hay Andrea sin Elías, igual que no hay Judith sin Fer. Lo mismo ocurre con Dani (Sánchez Arévalo) y con el resto de compañeros. Por eso lo vivo como un reconocimiento compartido, y así es como más sentido tiene.
Además de en el cine, le podemos ver en la serie Las hijas de la criada donde da vida a Clara. ¿Qué es lo que más le gusta de su personaje?
Clara es todo lo contrario a Andrea. Es pura luz, vive por y para la luz. Eso es algo que siempre me ha llamado mucho la atención del personaje. Hay algo que me gusta especialmente de ella: es torpe en un mundo en el que las mujeres no podían permitirse serlo y Clara no encaja en esa rigidez. Se ha criado prácticamente sola con su madre y no entiende ese mandato de estar siempre recta, correcta y bien colocada. Su torpeza, en ese contexto, me parecía muy bonita y muy atractiva.
¿Le genera cierto vértigo que esté basada en una novela y que los espectadores ya puedan haber imaginado a los personajes?
No sentí demasiada presión en ese sentido. Siempre habrá lectores que no me vean como Clara, porque se la habían imaginado de otra manera. Eso lo asumí desde el primer día. Ojalá haya, al menos, algo en mi interpretación que les conecte con su Clara. Con eso me doy por satisfecha.