El tiempo, ese intangible material de construcción
Más caro que el hormigón, el acero o la cerámica, el tiempo es el material que eleva no solo os costes financieros de una edificación, también los materiales. Reducirlo resulta fundamental.
EL tiempo ha sido siempre el auténtico material del que se hacen los edificios. La construcción tradicional, lenta y dependiente del capricho meteorológico, cede paso a una industria que abraza la fábrica, el algoritmo y el módulo. La seguridad y la calidad permanecen como pilares innegables, pero el objetivo es ahorrar el material más costoso de todos: el tiempo.
Hace años que cambió el paradigma. Era preciso construir los edificios e infraestructuras en contextos controlados e intensivos en automatización. Ese era el camino para acortar los tiempos. Se trata del modelo de la obra en la fábrica. Un apartamento, un aula o una sección de un túnel se pueden fabricar igual que un automóvil o una lavadora. La construcción industrializada permite generar hasta el 90% de un edificio en una cadena de montaje mientras otro equipo da forma a los cimientos, las tomas, infraestructuras y todo lo que el detallado modelo de trabajo haya programado al milímetro y, sobre todo, al segundo.
La construcción modular 3D monta habitaciones completas, con instalaciones, baños y acabados, que salen de la planta de montaje listas para ser almacenadas o transportadas a destino. Los plazos quedan reducidos hasta en un 70%. Lo que antes suponía el trabajo de una cuadrilla durante dieciocho meses, queda resuelto en seis.
Los paneles 2D, o sistemas de entramado, son muros de hormigón, madera, acero o cualquier otro material que llegan al punto de instalación con puertas, ventanas, balcones y claraboyas ya encastradas. Funcionan como un gigantesco mecano. Adiós al error humano y a los interminables repasos que dilatan de manera exasperante los plazos de entrega.
Sin ir más lejos, las nuevas promociones en construcción en Zorrozaurre integran sistemas de fachada prefabricada que reducen el andamiaje y el ruido, lo que hace viable la entrega de llaves en 2028 para unas viviendas que han empezado a construirse este mismo año.
La impresora de muros
La impresión 3D de hormigón a gran escala es una realidad desde hace tiempo. Máquinas gigantescas, guiadas por coordenadas exactas, depositan capas de mortero técnico con una velocidad increíble, de manera que una vivienda tipo completa su esqueleto en dos días. La boquilla de la impresora está diseñada y programada para verter estrictamente el material preciso.
Este procedimiento permite generar formas curvas fuera del alcance del sistema tradicional de encofrado. La impresión 3D de hormigón hubiera sido el sueño de arquitectos como Antoni Gaudí. ¿Estaría la Sagrada Familia de Barcelona terminada si el genio de Reus hubiera tenido acceso a esta tecnología?
El encofrado autotrepante hidráulico es un sistema más conocido. Consigue que en los edificios de altura no sean precisas las grúas: pistones hidraulicos elevan la estructura de forjado a forjado sin necesidad de ayuda externa. De este modo, los núcleos de los rascacielos o las pilastras de los viaductos crecen muchos metros cada jornada.
Química y mecánica
La química y la mecánica también toman parte en la lucha contra el reloj. Existen ya hormigones de alta resistencia temprana, cuyas mezclas alcanzan la capacidad estructural prevista en cuestión de horas, lo que permite desencofrar y continuar con la planta superior sin necesidad de esperar largas jornadas. No resultan raros en las construcciones actuales los robots que comparten espacio con humanos para tareas repetitivas como la colocación de ladrillos, ciertas soldaduras o determinados tipos de pintura. Mantienen un ritmo constante las 24 horas si es necesario.
Con estos nuevos sistemas los plazos de ejecución pueden reducirse hasta en un 70%. Además, el coste de mano de obra es menor, aumenta el control de calidad, se puede presupuestar sobre un coste materiales estable y aumenta la seguridad laboral. Las ventajas resultan evidentes. Y las novedades que se implantarán a corto plazo resultan difíciles de imaginar. Caso de los exoesqueletos activos para operarios que permiten cargar piezas pesadas sin fatiga. O los drones de supervisión, que escanean la obra en tiempo real, detectando desviaciones al instante, evitando demoliciones por errores de cálculo.
En resumen, reduciendo tiempos, el promotor ahorra en intereses bancarios al vender antes; quien necesite la vivienda tiene acceso a ella en meses en lugar de en años; y la administración pública puede responder a las urgencias habitacionales con agilidad.
El tiempo parece ya camino del ahorro definitivo en las construcciones. El siguiente paso deben ser las obras que no ensucien y que no generen contaminación sonora.