Saber pedir, saber negarse, ser flexible y respetuoso, y mostrar empatía son cualidades de una comunicación asertiva, clave para mejorar las relaciones interpersonales, fomentar la honestidad y la autoestima y aprender a poner limites. En definitiva, para aprender a gestionar mejor los conflictos.

Hay ocasiones –reuniones familiares, de trabajo...– en las que pueden darse conversaciones que generen tensión e incluso ansiedad. Por ello, tener interiorizadas una serie de herramientas de comunicación puede ser muy útil para enfrentarnos a este tipo de conversaciones con calma y seguridad. Pilar Conde, psicóloga y Directora técnica de Clínicas Origen, afirma que la base fundamental de la asertividad consiste en conocer y tener presentes nuestros propios derechos personales, al mismo tiempo que reconocemos y respetamos los derechos de los demás. Esto implica comprender que tanto nosotros como quienes nos rodean tenemos derecho a expresar lo que sentimos, a cometer errores, a decir “no”, a realizar peticiones, a cambiar de opinión, a establecer límites, y a tomar decisiones sobre nuestra propia vida sin sentir culpa injustificada.

Sin agresividad ni pasividad

Tener claridad sobre estos derechos es esencial porque la asertividad se construye sobre la capacidad de defender y comunicar lo que pensamos, sentimos o necesitamos, sin caer en la agresividad ni en la pasividad. Es decir, podemos y debemos expresar nuestros derechos, pero siempre evitando invadir, invalidar o vulnerar los derechos ajenos. La asertividad busca un equilibrio: cuidarnos sin dejar de cuidar el bienestar de la otra persona.

La asertividad no solo es una habilidad comunicativa: “es una herramienta de autocuidado”, puntualizada Conde.

Para aprender a ser asertivo existen diversas técnicas asertivas que pueden ayudarnos a manejar conversaciones difíciles, situaciones de conflicto o momentos en los que necesitamos poner límites. La experta nos comparte cuatro sencillas técnicas utilizadas frecuentemente que podemos aplicar con facilidad cuando nos encontremos bajo contextos incómodos. 

Disco rayado

Consiste en repetir de manera tranquila, firme y consistente el mensaje que queremos transmitir, a pesar de que la otra persona trate de desviarnos o presionarnos. Esta técnica es útil cuando necesitamos mantener un límite claro, por ejemplo, al decir “no” ante una petición insistente. La clave es no entrar en discusiones innecesarias y evitar justificaciones excesivas.

Banco de niebla

Consiste en reconocer parcialmente lo que la otra persona dice sin ceder en nuestra postura. Se utiliza especialmente cuando nos enfrentamos a críticas o intentos de manipulación. Con el “banco de niebla”, validamos ciertos aspectos. Por ejemplo, se puede utilizar “entiendo que lo veas así”, “Puede que tengas razón en parte”, pero siempre mantenemos nuestra propia visión o decisión. Esto desactiva la confrontación sin renunciar a nuestro punto de vista.

Técnica del sándwich

Se basa en presentar un mensaje difícil o un límite envuelto entre dos mensajes positivos. Por ejemplo, empezar reconociendo algo bueno, comunicar el límite o la crítica de manera clara, y cerrar con otra frase positiva o de agradecimiento. Esta técnica del sándwich ayuda a que el mensaje sea recibido con menos resistencia y ayuda a mantener un clima respetuoso.

Validación emocional con límite

Con esta técnica, primero reconocemos y validamos las emociones de la otra persona para mostrar comprensión y empatía. Sin embargo, tras validar dicha opinión, establecemos un límite claro. Es útil en situaciones en que el otro está molesto, frustrado o insistente. Por ejemplo: “Entiendo que estés enfadado y que esto sea importante para ti; aun así, no puedo ir”.