Para los locales de Euskal Herria que buscan un cambio de aires, un paisaje completamente verde y huir de los destinos costeros habituales, los Valles Pasiegos en Cantabria son una opción excelente para este verano. En pleno corazón de Cantabria, se esconde un rincón que rompe con la imagen típica de la zona: la Ruta de los Molinos y Cascadas, ubicada en el municipio de San Pedro del Romeral. Este sendero nos ofrece la oportunidad de adentrarse en una bosque que parece una selva, lo que lo convierte en el lugar perfecto para organizar una excursión de un día completo en familia o con amigos.
La magia de este recorrido radica en su frondoso microclima. El sendero avanza junto al cauce del río, rodeado de musgo, helechos y una vegetación muy densa digna de los bosques tropicales. La Oficina de Turismo de los Valles Pasiegos destaca en sus guías de patrimonio que esta ruta "recupera la memoria de la molienda tradicional en un entorno fluvial de alto valor ecológico". A lo largo del camino, nos toparemos con antiguos molinos de piedra abandonados y con una sucesión de saltos de agua y puentes de madera que hacen que la caminata sea muy entretenida.
El sendero
Una de las grandes ventajas de esta ruta es su accesibilidad. Se trata de un recorrido de apenas 2,7 kilómetros entre la ida y la vuelta, con un desnivel positivo que ronda los 120 metros. Completar el paseo con calma, deteniéndonos a observar las cascadas y los restos de los molinos lleva entre una hora y una hora y media y al ser un trazado corto y sin apenas dificultad es una alternativa ideal para visitar con niños o para quienes simplemente buscan un paseo agradable y tranquilo.
Al terminar la ruta, la ubicación de San Pedro del Romeral permite conectar de forma muy sencilla con la carretera para descubrir la esencia de la Cantabria rural.
Un entorno que merece la pena
La tarde se puede dedicar a recorrer los pueblos más especiales de la comarca. La primera parada obligatoria es Vega de Pas, uno de los tres núcleos pasiegos históricos. Pasear por su plaza, contemplar sus casas con balconadas de madera y visitar el Museo de las Tres Villas Pasiegas permite entender el modo de vida de los ganaderos de estos valles y es una visita que no puede faltar.
Además de Vega de Pas, los alrededores esconden otros municipios dignos de ser visitados. Una parada muy recomendable es San Roque de Riomiera, el pueblo que mejor conserva la esencia de los asentamientos pasiegos originales gracias a sus barrios dispersos y sus cabañas de piedra integradas en las laderas. Asimismo, si se viaja con tiempo, merece la pena acercarse hasta Liérganes, una localidad declarada conjunto histórico-artístico que atrapa al visitante con su famoso Puente Mayor del siglo XVII y la leyenda del Hombre Pez. Para quienes busquen atracciones diferentes a las caminatas, la comarca ofrece la posibilidad de visitar antiguas cuevas prehistóricas con pinturas rupestres en la zona de Puente Viesgo o disfrutar del balneario histórico de Alceda, opciones ideales para redondear la tarde antes de emprender el viaje de regreso.
Para ello, lo ideal es coger el coche y ascender por el Puerto de las Estacas de Trueba. Este paso de montaña, que conecta Cantabria con Burgos, ofrece unos paisajes espectaculares de praderas verdes con las típicas cabañas pasiegas de piedra y tejado de pizarra. Pararse en alguno de sus miradores para ver el atardecer sobre las montañas puede ser el broche de oro perfecto para un día de desconexión en la naturaleza.
Qué comer en la zona
La gastronomía pasiega es famosa por su contundencia y por la altísima calidad de sus productos derivados de la leche. En cualquier local de la comarca es obligatorio empezar con un buen cocido montañés, elaborado con alubias blancas, berza y el correspondiente compango (chorizo, morcilla y tocino). Las carnes de ternera de raza tudanca y los quesos frescos también destacan en una oferta culinaria en la que destaca el producto de kilómetro cero. Para el camino de vuelta, la parada en las pastelerías locales es obligatoria para hacerse con los auténticos sobaos pasiegos artesanales y las quesadas, dos recetas típicas que utilizan la mantequilla de la zona como ingrediente principal.