En imágenes: La sierra del Toloño mas desconocidaGonzalo Pérez Zunzunegui
10Cuando hablamos de la sierra del Toloño, anteriormente sierra de Cantabria, viene a nuestra cabeza imágenes como la Cruz del Castillo, el paso de Palomares, el bonete de San Tirso, el león dormido, o como no, el propio monte Toloño. Hoy descubrimos una parte menos conocida pero igual de interesante.
Relacionadas
DATOS PRINCIPALES
· Kilómetros: 9,7 km
· Desnivel positivo: 550+
· Duración: corriendo 1:30h / Caminar - correr: 2:15h / Senderismo 3:00h
LLEGADA AL PUNTO DE PARTIDA
· Desde Vitoria, saliendo por la parte sur de la ciudad tomamos la A-2124, que pasa por el Puerto de Vitoria dirección Herrera y Rioja Alavesa. En Peñacerrada, justo al salir tomamos la A-3126 hacia Zambrana para casi inmediatamente girar a la izquierda a la A-4155 hasta Montoria.
· Desde Donostia salimos por la parte oeste para tomar la AP-8 dirección Bilbao hasta la salida 69 donde cogemos la AP-1 dirección Vitoria. Ya en Gasteiz por la N-1 vamos hasta La Puebla de Arganzón donde la CL-127 nos lleva a la A-2124. Aquí ya seguimos los pasos del punto anterior.
· Desde Pamplona, por la AP-15 llegamos a Irurzun donde por la A-10, accedemos a la N-1 en Alsasua. Saliendo de la misma en La Puebla de Arganzón seguimos los pasos del punto anterior.
· Desde Bilbao, salimos por la AP-68 hasta Altube, salida 5, donde cogemos la N-622 hasta Gasteiz. Poco antes de llegar cogemos la salida 8 y nos incorporamos a la N-1 sentido Madrid y seguimos las indicaciones del segundo punto.
DESCRIPCION
Salimos de Montoria con ese ritmo tranquilo que tienen los pueblos que viven pegados al monte. El ultimo caserío, con fuente incluida, queda atrás en cuanto tomamos la pista que sube hacia el puerto de Osluna, una subida suave, a la derecha en la bifurcación, que permite ir calentando mientras el valle se abre a la espalda. El camino, ancho y firme, nos mete en un bosque mixto donde robles y hayas conviven sin pelearse. La luz entra a ratos, filtrada, y el aire tiene ese punto fresco que anuncia una jornada entretenida. Vamos con la compañia de Iker, el chico que se ha hecho conocido en redes por hacer planes para ir al monte. Hoy el plan se lo hemos hecho nosotros para que descubra esta zona no tan frecuentada.
El bosque deja rincones de gran belleza
Rápidamente, tras un giro de 360 grados y en fuerte ascenso, el puerto de Osluna aparece sin grandes señales, pero es un cruce importante para quienes conocen la sierra del Toloño. Aquí dejamos la pista y tomamos la senda que se encarama hacia la cresta occidental de Artxabal, un sendero estrecho, algo escondido, que se abre paso entre matorral espeso. Es un tramo que exige atención, pero se deja hacer. La vegetación roza piernas y brazos, aunque el camino está lo bastante marcado como para avanzar sin dudas.
Iker en la cresta habiendo superado las primeras cuerdas en Artxabal
Pronto aparecen las primeras cuerdas instaladas por montañeros generosos. No son imprescindibles, pero ayudan a superar un par de pasos inclinados donde la roca pulida y el matorral pueden jugar malas pasadas. La cresta, aunque modesta, tiene su encanto: alterna tramos de roca limpia con pequeñas plataformas donde se asoman los puestos de cazadores, viejas estructuras de madera que recuerdan que este monte ha sido territorio de batidas durante décadas.
CONSEJOS PARA REALIZAR ESTA RUTA
Hidratación. Durante el recorrido no tenemos fuentes, existe el rio al final pero no es recomendable beber directamente por la presencia de ganado en su parte más baja.
Calzado. Salvo en época de lluvia en las zonas boscosas no es frecuente la presencia de mucho barro, así que calzado cómodo con algo de taco será lo recomendable.
Dificultad. Es una ruta moderada por la zona de la cresta hasta llegar a Artxabal. A partir de ahí una ruta sencilla, donde llevar el track es recomendable, ya que a veces el sendero se vuelve difuso.
La subida final a Artxabal guarda una pequeña sorpresa: una trepada corta, sencilla, pero divertida. La roca ofrece buenos agarres y en pocos metros se gana la parte superior. El buzón (1.168 m) aparece enseguida. Muchos lo consideran el más viejo de Álava, ya que data del año 1938, colocado por la sociedad excursionista Manuel Iradier, que salió como una sección del Club Deportivo Eibar.
Llegando a Artxabal con el Toloño al fondo
Horizonte amplio
Artxabal tiene una vista limpia hacia el sur que siempre sorprende. Desde aquí se entiende bien la estructura del Toloño occidental: lomas suaves, barrancos escondidos y un horizonte amplio hacia la Rioja Alavesa. Se sabe que en la Edad Media estos montes servían como límite natural entre aldeas que dependían de los monasterios de San Millán y Santa María de Herrera. No faltan documentos que mencionan disputas por pastos, sobre todo en años de sequía. También se habla de un antiguo camino de arrieros que cruzaba por estas lomas para evitar controles señoriales. Hoy apenas quedan trazas, pero algunos tramos de piedra suelta parecen recordar ese pasado.
Vista de la sima de Atau desde su interior
De la sima de Atau a cocinas
Desde Artxabal descendemos siguiendo un sendero que discurre entre lomas suaves y pequeños claros. La pendiente no es fuerte, pero sí continua. A medida que perdemos altura, el bosque se abre y aparece uno de los puntos más llamativos del recorrido: la sima de Atau. Está justo al borde del camino, antes del puerto del mismo nombre. La boca, ancha, impone respeto y sigue siendo un punto que llama la atención por su presencia silenciosa.
Al fondo el San Lorenzo con una buena capa de nieve
Tras la sima, el sendero sigue bajando hasta el puerto de Atau, un collado discreto que marca el tránsito natural hacia Cocinas. Aquí empieza la subida. El bosque se cierra y el ambiente se vuelve más recogido. Cocinas se alza con forma discreta, casi tímida, y su cima es ciega: no tiene vistas. El bosque la rodea por completo y la sensación es casi íntima, como si el monte quisiera guardar su secreto. Aquí aparece una de las leyendas más curiosas del Toloño occidental. Se cuenta que en Cocinas vivía un espíritu burlón, una especie de genio del viento que confundía a los caminantes. No era maligno, pero sí juguetón, y más de un pastor aseguraba haber oído voces que no venían de ningún sitio. La explicación más racional habla de ecos producidos por las dolinas y las paredes calizas, pero la historia sigue viva entre la gente mayor.
Hacia Zelarruntza
Desde Cocinas descendemos hacia el Puerto de la Rosa, un paso suave que conecta las dos cimas. Es un collado antiguo, usado por pastores y cazadores, y todavía conserva ese aire de cruce discreto pero importante. Desde aquí la subida a Zelarruntza se hace más clara. El sendero se vuelve estrecho y empinado en su camino a la cima, pero el esfuerzo es menor de lo que parece. Zelarruntza tiene una presencia más seria, con sus vistas en 360 grados y su curioso buzón con forma de porrón y un pequeño frontón en su base. Es una cima que invita a parar, a dejar que el silencio haga su trabajo. Algunos restos de mojones antiguos siguen escondidos entre la vegetación.
Iker en la cima de Zelarruntza con Herrera detras
El descenso hacia Montoria es una transición suave. Primero cruzamos un tramo de bosque espeso, donde el suelo mullido hace que los pasos suenen apagados. Luego aparece una pista más clara que nos va guiando hacia el fondo del valle, desde donde disfrutamos del sonido del río a nuestro lado. El regreso al pueblo tiene ese punto de satisfacción tranquila que dejan las rutas bien equilibradas: tres cimas, un recorrido variado y la sensación de haber caminado por un territorio con memoria. Esta circular es una ruta diferente y una de esas que dejan huella por su equilibrio. Tiene cresta, tiene bosque, tiene historia y tiene ese punto de misterio que aportan las leyendas locales. Es un recorrido perfecto para quienes buscan montaña cercana, sin artificios, pero con alma.
PLANES ALTERNATIVOS
Aquí van un par de propuestas extras con las que completar nuestra jornada:
· Paseo por varias necrópolis: en dirección a Rivas de Tereso tenemos además del Lagar de las Piletas y la necrópolis de Remelluri la también medieval de las sepulturas del Bardallo. La primera impresión sobrecoge por el color oscuro de la arenisca y por el gran número de tumbas existentes. Según vamos visitando lo que llama la atención es la gran cantidad de tumbas para niños, que delatan una gran mortandad en la zona. Existe la creencia que debido a las pésimas comunicaciones existentes en la zona sus habitantes pudieran permanecer al margen de las sucesivas invasiones. Hacia el año 934 no existía en la zona, ningún poblado de cierta entidad y si pequeños asentamientos los cuales se componían de muy pocas viviendas y la correspondiente ermita, así como los enterramientos que en la mayor parte de las veces se constituyen en el único factor delator, junto a los restos de ermitas, de su existencia.
· Saliendo de la montaña tenemos núcleos urbanos pequeños pero muy recomendables como son dos pueblos medievales. Estos son Peñacerrada, del cual destaca su muralla, el museo etnográfico al aire libre y el museo/iglesia de la Nuestra Señora de Asunción. También merece una visita la panadería situada en la parte baja del pueblo, muy cercana a la carretera general, especialidad en pan y magdalenas. El otro núcleo urbano es la también villa medieval de Salinillas de Buradón. aquí podemos disfrutar además de su muralla, de edificios emblemáticos dentro de su precioso casco histórico como son el palacio de los Condes de Oñate, los restos del antiguo hospital de Santa Ana y como no la iglesia de la Inmaculada Concepción fechada en el siglo XVI.
Por último reseñar que en ambos pueblos disponemos de lugares para comer y descansar.