Castilla y León se inclina un poco más a la derecha con el éxito del PP y la leve subida de Vox
Mañueco, aunque necesitará al partido ultra para gobernar, gana unas elecciones en las que el PSOE también crece
Es ya un clásico la peculiar interpretación que, ocurra lo que ocurra, se hace de los resultados electorales por la que todas las fuerzas políticas se postulan como ganadoras. Algo de eso hay en los comicios celebrados este domingo en Castilla y León, en los que las tres grandes formaciones que se presentaban han visto incrementada su presencia en las Cortes de Valladolid respecto a los de hace cuatro años. La lista más votada ha sido la de Partido Popular, que además se ha impuesto con más claridad de la prevista. Los dos procuradores más que tendrán refuerzan a Alfonso Fernández Mañueco en su aspiración de encadenar una tercera legislatura. Aunque para ello, como ocurrió en 2022, tendrá que apoyarse de nuevo en Vox, cuya subida de un solo escaño no satisface sus expectativas. Sí hay, satisfacción, por contra, en un PSOE que, de la mano de Carlos Martínez, no solo evita un descalabro como los vividos recientemente en Extremadura y Aragón, sino que incluso y contra todo pronóstico, mejora sus resultados y pasa de 28 procuradores a 30. Un éxito incuestionable para un partido que estaba experimentando una caída en barrena en este ciclo electoral autonómico.
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Con todo, Castilla y León se ha inclinado aún un poco más a la derecha de lo que ya estaba. Si en la anterior legislatura entre PP y Vox sumaron un 49% de los sufragios, en esta ocasión han elevado ese listón hasta un 54,3%, pasando de 44 procuradores a 47, superando con holgura la mayoría absoluta fijada en 42 asientos.
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Los incendios no pasan factura
Al PP no le ha pasado factura la gestión de los incendios que el pasado verano asolaron gran parte del extenso territorio de Castilla y León. Confiaban en mantener los 31 escaños de que disponía y pasa a contar con 33. El triunfo de Mañueco lo endulza, más aún que los dos escaños arañados, la marcada desaceleración que experimenta la progresión de Vox. Los sondeos les auguraban un aumento de entre tres y cinco escaños que los de Abascal esgrimían como forma de presión hacia el PP en vistas a unas futuras negociaciones para una nueva investidura del actual presidente en funciones. El hecho de que, de forma inopinada, solo haya logrado un asiento más en las Cortes que hace cuatro años, pasando de 13 a 14, rebaja la fuerza de la posición que Vox esperaba poder plasmar en la mesa en la que se debatirá la formación del próximo gobierno castellano-leonés.
Frenazo a la euforia ultra
El resultado, además, supone un frenazo a la euforia de una ultraderecha que aspiraba ya abiertamente a discutir la hegemonía del PP en el espacio de la derecha. Cuando casi todas las encuestas apuntaban que, probablemente, superaría la barrera del 20% de votos nunca alcanzada antes en cualquier cita con las urnas, Vox se ha quedado en un 18,8%, solo 1,26% que en 2022, donde sí materializó en Castilla y León un gran salto. El crecimiento logrado en los comicios de ayer palidece con lo vivido en diciembre en Extremadura y hace poco más de un mes en Aragón, donde duplicó su presencia parlamentaria.
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Se las prometían muy felices los de Abascal, liderados en estas elecciones por Carlos Pollán, que también se relamían con un fuerte bajón del PSOE que no se ha producido. El cabeza de lista socialista, Carlos Martínez, alcalde de Soria desde hace 19 años, los últimos 15 tras encadenar cuatro mayorías absolutas, ha sabido hacer valer su contrastado arraigo a la política castellano-leonesa para ganar en credibilidad ante el electorado progresista, a diferencia de lo ocurrido en Aragón con Pilar Alegría, que venía de ser ministra del gabinete de Sánchez durante cuatro años. Y qué decir de Extremadura, donde el PSOE pagó un alto precio por ponerse en manos de Miguel Ángel Gallardo, imputado por colaborar en la presunta contratación irregular de David Sánchez, el hermano del presidente del Gobierno.
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Cercanía de Martínez
Más allá del posible efecto movilizador del no a la guerra, que habría beneficiado al PSOE en detrimento de un Vox alineado con Estados Unidos e Israel en su ofensiva contra Irán, Martínez ha rentabilizado su cercanía y el priorizar los problemas de los castellano-leoneses, como acredita el que se haya impuesto en Soria, provocando además que la fuerza localista Soria ¡Ya! descienda de tres a solo un procurador.Por el contrario, Unión del Pueblo Leonés –con 3 escaños– y Por Ávila –con 1– mantienen su representación. No ocurre lo mismo con Ciudadanos y Podemos, que desaparecen del hemiciclo, algo que no ha podido aprovechar IU-Sumar, que también se queda fuera. Gabriel Rufián no ha dejado pasar la oportunidad para alertar del fracaso de la izquierda alternativa al PSOE. “No hacer algo es pura negligencia”, dijo.
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