EL trabajo da sus frutos. Hace doce años Pablo Carrera (2-VIII-1986, Bilbao) optó por entrenar y prepararse para competir en tiro deportivo, no siendo este un camino de rosas. El tirador vasco ha tenido que luchar contra viento y marea, sufriendo cada día la amenaza de la desaparición de su deporte en los Juegos Olímpicos por falta de inversión y apoyos. La constancia y el trabajo realizado le han situado entre los tiradores más valorados de la actualidad, siendo este, unido a las medallas ganadas, uno de los mayores logros del deportista hasta la fecha.
El tirador bilbaino viene de proclamarse campeón de la Copa del Mundo en la especialidad de 10 metros pistola de aire en Río de Janeiro, donde en agosto darán comienzo los Juegos Olímpicos. No fue una victoria fácil. La primera ronda de disparos no fue la esperada por el tirador y eso acarreó que tuviera que mejorar en los siguientes tiros para ir ganando puntos y, poco a poco, remontar posiciones. Gracias a esa mejora, el tirador entró en la última ronda con la cuarta mejor marca y doblegó en una disputada y sufrida final al serbio Damir Mikec. “Cuando disparé en la final y vi que mi rival tardaba en tirar, me di cuenta de que podría lograr el oro”, explica el deportista.
Con esta son dos las medallas de oro logradas en distintas ediciones de la Copa del Mundo, algo que para el tirador no es lo más “importante”. Cuestionado por cuál de las dos guarda con mejor recuerdo, Carrera asegura que por encima de ganar cualquier tipo de condecoración está el trabajo realizado durante meses o incluso años y resalta la regularidad como clave de cualquier éxito: “La clave es estar cerca de las medallas, es decir, ser regular. En este deporte se le tiene mayor respeto al tirador que llega a las finales con asiduidad que al que consigue colocarse en el cuello el galardón”.
Número uno “Esto no es algo que se consiga entrenando en dos o tres meses. Es algo que viene de muchos años antes”, narra Carrera. El trabajo que realiza diariamente el tirador vasco es la causa de todos los logros que obtiene. En estos últimos años, gracias al subcampeonato de Europa y a la medalla de oro lograda en la Copa del Mundo de Múnich y esta última de Río, Carrera ha conseguido auparse al primer puesto del ranking europeo y mundial, noticia que ya intuía que podría suceder tarde o temprano: “Me enteré viendo la página web de la Federación Internacional. Esto es síntoma del trabajo realizado durante muchos años, aunque más o menos yo estaba calculando cuándo podría colocarme como número uno”.
Este titulo de la Copa del Mundo le ha servido como calentamiento previo a los Juegos de Río de Janeiro. Durante la estancia en Brasil, Carrera pudo visitar junto a los compañeros las instalaciones en las que competirán en la cita olímpica, recinto deportivo que para el tirador bilbaino, salvo cuatros retoques que le falta por dar, está bien. A menos de tres meses para que dé comienzo el acontecimiento, Carrera sigue con su puesta a punto. El deportista, que compagina los entrenamientos de práctica de tiro con el ejercicio físico, resalta por encima de todo la importancia del factor psicológico en este deporte a la hora de preparase para el disparo: “La presión tiene mucha importancia, por eso cuanto más concentrado estés, mejor vas a disparar”.
Cuestionado por los rivales a tener en cuenta en la final, Carrera no ve a ningún tirador como favorito a ganar el oro, puesto que en una final cualquiera puede dar lo mejor de sí. Teniendo en cuenta el sistema que impera hoy en día en las pruebas de tiro, cualquier deportista que arranque la cita sin muy buenos números pero que consiga entrar en la final es candidato a llevarse una medalla. Para que no suceda eso y sea campeón el más regular durante el envite, el deportista suplica que se vuelva al sistema antiguo: “Nosotros lo que estamos solicitando es que los puntos logrados en la clasificación se tengan en cuenta y se sumen a los conseguidos en la final”.
A finales de julio, Carrera hará las maletas rumbo a Río de Janeiro. Su aspiración es entrar entre los ocho primeros y, una vez en la final, superar el diploma logrado en Londres 2012 y luchar por el oro.