Bilbao

No por manida la sentencia deja de tener rango de ley. En el deporte profesional lo difícil no es llegar a la élite, sino mantenerse en ella. Año tras año se cuentan por centenares las promesas que irrumpen con fuerza en las distintas modalidades deportivas. Muchas de ellas, la mayoría, no pasan de ser estrellas fugaces que desaparecen con la misma rapidez con la que un día se instalaron en el Olimpo creyendo que aquello iba a durar para siempre. Son pocos, muy pocos, los que logran quedarse en lo más alto, los que conquistan una continuidad necesaria para que su brillo no sea flor de un día.

La llegada de fulgurantes y púberes promesas al mundo profesional no es exclusiva de estos días. Para ilustrarlo, ahí está el caso de Alberto Baby Arizmendi, un boxeador mexicano con un notable currículum que le valió para ingresar en el Salón de la Fama de este deporte, que se convirtió en profesional en 1927 a la edad de 13 años, algo impensable en la actualidad. Las irrupciones recientes de Jordan Romero, el escalador más joven en hollar la cumbre del Everest (13 años) y Jessica Watson, la navegante más joven en dar la vuelta al mundo en solitario y sin escalas (16 años), no hacen más que constatar una dinámica que es incluso más constante en el caso de los deportes de equipo.

Ahí están, por ejemplo, los casos del jugador de baloncesto Ricky Rubio y el futbolista Freddy Adu. Tanto el catalán como el estadounidense aterrizaron en el profesionalismo a la temprana edad de 14 años. Ambos surgieron con la etiqueta de rutilantes estrellas llamados a marcar una época, pero sus trayectorias deportivas no han podido ser más dispares. Menos de cinco años después de que debutara en la Liga ACB de la mano de Aíto García Reneses (un 10 de octubre de 1995, a los 14 años, 11 meses y 24 días en un Joventut-Granada), el base de El Masnou presenta una hoja de servicios soberbia para alguien que todavía no ha llegado a la veintena. Tras formarse en la Penya, colgarse la plata olímpica en Pekín"08 y ganar un Eurobasket, Rubio fichó por el Barcelona el verano pasado y como culé ha ganado ya la Supercopa, la Copa y la Euroliga y va camino de conquistar también la Liga. Además, fue elegido en el número cinco del último draft de la NBA por los Minnesota Timberwolves y su desembarco en la mejor competición del planeta, donde su nombre es motivo de conversación constante desde hace un par de años, se producirá cuando él mismo lo crea oportuno.

Adu estaba llamado también a caminar por el mismo sendero de gloria que Rubio, pero su camino no tardó en torcerse. Nacido en Ghana pero estadounidense de adopción, este delantero se convirtió en una estrella antes incluso de debutar en la MLS, la Liga profesional de su país. Se hablaba que iba a ser el astro que iba a convertir el soccer en un deporte de masas en yankeelandia, el Inter llegó a ofrecerle un contrato de seis dígitos a los diez años y los patrocinadores, blandiendo cheques en blanco, le animaban a dar lo antes posible el salto al profesionalismo. Lo hizo finalmente a los 14 años, debutando en la MLS con el DC United. Clubes como el Manchester United y el Chelsea llamaron a su puerta y se rumoreó incluso que Florentino Pérez podía hacerle un hueco en la Galaxia para facilitar la penetración de la marca Real Madrid en Estados Unidos, pero la estrella de Adu fue apagándose poco a poco. En 2006 fue traspasado al Real Salt Lake y fue el Benfica, un año después, el que le abrió finalmente la puerta del fútbol europeo. Tampoco triunfó en Portugal y desde entonces ha sido cedido al Mónaco, Os Belenenses y AEK Atenas, su actual club, sin que su trayectoria haya remontado el vuelo. Pese a que aún tiene 20 años y está a tiempo de convertirse en un buen jugador, no parece que vaya a alcanzar el rango de estrella que se le presuponía.

Rubio y Adu, dos talentos con un punto de partida común pero trayectorias totalmente opuestas. Y es que por cada Iker Muniain, el eléctrico cachorro que con 16 años comenzó esta última temporada a ganarse el calificativo de león a base de juego y goles, existen decenas de casos como el de Haruna Babangida, aquel extremo derecho nigeriano que estaba llamado a ser una figura rutilante -debutó en 1998, con 15 años, con el Barcelona en un amistoso de pretemporada para no volver a vestir nunca más la camiseta azulgrana- que ha acabado militando sin pena ni gloria en clubes de cuarta fila como el Terrassa, Cádiz, Metalurh Donetsk, Olympiacos, Apollon Limassol o Kuban Krasnodar; por cada LeBron James, catalogado como El Elegido desde los 16 años, se pierden por el camino numerosos jugadores como Derrick Caracter, a quien antes incluso de llegar al instituto etiquetaron como el nuevo Shaquille O"Neal y que bastante fortuna tendrá si en el próximo draft alguna franquicia le selecciona en la segunda ronda del draft de la NBA después de un turbulento y errático periplo escolar.

Caza y captura Sin embargo, la búsqueda del enésimo niño prodigio del deporte se mantiene incesante, como demuestran dos casos acontecidos recientemente en Estados Unidos. Así, la universidad de Southern California cerró en febrero el reclutamiento de David Sills, un quarterback de fútbol americano de sólo 13 años, mientras que la NBA ha posado ya sus ojos en Jaylin Mitchell, una joven promesa que ya ha completado varias sesiones de entrenamiento con jugadores de la NBA y que cuenta incluso con entrenadores personales. ¿Su edad? 10 años.