sopelana
de repente, Eunate Agirre -la sopeloztarra de 28 años subcampeona del mundo de bodyboard en 2009 que el martes inicia en Buzios, Brasil, la temporada de su consagración- desapareció. Se borró como un dibujo sobre el lienzo de la arena mojada que se lleva la marea; se la tragó una ola. Fue hace cinco años. Amaneció una mañana y dijo: "Quiero dejar de competir". Era un náufrago. Se ahogaba. Y deambulaba porque ya no era capaz de recordar lo inolvidable, porque se interrogaba a sí misma, "¿por qué empecé yo en esto?", y en el desorden de su memoria no encontraba aquella burbuja rosa abrazada al torso, el planking de madera y la emoción que le subía del pecho al rostro, a sus cinco años, al escuchar la voz de espuma de aquella ola que besó la playa de Sopelana y se fue por donde vino.
Nada de aquello asomaba. "¿Por qué empecé yo en esto?". Nada. Así que atropellada por el transatlántico de la alta competición, superada su capacidad de asimilación de una realidad que resquebraja lo idealizado, desnortada, desmotivada, vomitó aquella mañana su renuncia a un sueño: "Quiero dejar de competir". Lo hizo. Abandonó la mar y se buscó un trabajo en tierra firme, en una tienda de surf. "Aquello me estaba matando", recuerda ahora Eunate en una mañana de abril de un gris turbador de las que devuelven la esencia al surfeo, su sentido íntimo por lo solitario de la playa. "Yo siempre he sido una persona positiva y jovial, pero entonces me había apagado. La decisión de dejar la competición fue mía, de nadie más, porque me metí en un ciclo complicado de depresión. No me integraba en el circuito, me sentía muy sola, no llegaban los resultados… Se me cayó el mundo encima porque vi que aquella vida que yo idealizaba era bastante más dura de lo que pensaba. Yo era joven y no tenía a nadie cerca que me aconsejara. Eso también influyó. Por eso lo dejé", rescata la sopeloztarra, la mirada inquieta, la voz trémula, las manos, finas, que se unen y se deslazan continuamente, que acarician la superficie de la mesa pegada a un ventanal por el que entra la mañana, que se entretienen con un libro que llama su atención y le aleja de la conversación. "¿Sobre qué es?". Alguien se lo explica. Luego vuelve. Y sigue recordando.
El punto de inflexión La tienda de surf. "Sí, eso". Allí asentó su nueva vida. Ocurrió que ésta, aunque de notables dimensiones, era como un bidé en comparación con el mar. Era claustrofóbico. Volvió a ahogarse. Le faltaba aire entre aquellas cuatro paredes y le invadía la angustiosa sensación de estar recluida en una oficina. Le ardía el alma, además, cada vez que escuchaba a los clientes que iban a surfear y hablaban de las olas, "qué buenas las de hoy", mientras la luminosidad del día se colaba a hurtadillas por los cristales del escaparate. "Esa situación era insoportable. No lo aguanté". Quiso volver a la competición. "Pero de una forma distinta. Me convencí de que tenía que darlo todo por eso que tanto deseaba, que no valía sólo con quererlo, sino que era necesario hacerlo de la mejor manera posible, con todos los medios, al cien por cien. Aquello fue un punto de inflexión tremendo en mi carrera", sostiene.
La conjura, su rearme psicológico, fue total. Un año después de su renuncia, en 2006, Eunate ocupó durante gran parte de la temporada el segundo puesto del ranking mundial, aunque al final concluyó cuarta, y fue subcampeona de Europa; en 2007, cayó al fin el título continental, pero se descolgó en el ranking mundial hasta el octavo puesto. Fue un accidente, pues en 2008 volvió a recuperar su jerarquía a nivel planeatario, acabó cuarta y se sumergió en el invierno confiada en afrontar su despegue definitivo un año después.
2009, la temporada pasada, fue su gran año, pues lo acabó como subcampeona del mundo tras una lucha cerradísima con Neymara Carvalho, la brasileña cinco veces campeona del mundo, una leyenda que es a la vez rival, amiga y maestra de Eunate. Porque entre ambas se creó un vínculo extraño en la dimensión competitiva, tan reacia a la amistad, tan desconfiada. "Eso mismo, lo de la poca relación entre nosotras, lo de los puñales que se clavan por la espalda, fue lo que le comenté a Neymara después de que en 2008 fuésemos compañeras de tour. Aquel ambiente me disgustaba. Hubo cierto acercamiento entre nosotras, pero nada íntimo. Eso sí, nos intercambiábamos emailes". Uno de ellos en enero de 2009, en plena pretemporada en la que el tiempo no dejaba entrenar como quisiera a Eunate, las acercó definitivamente. "Yo le escribí que estaba desesperada porque apenas podía entrar al agua. Y ella me respondió entonces que me fuese con ella a Brasil. No lo dudé".
En cierto modo, parte del éxito de Eunate en la temporada pasada llegó por aquella pretemporada en Brasil como invitada de Carvalho. "Es una referencia para mí. El año pasado yo estaba empezando a tener las sensaciones de una atleta de élite y ella me enseñó a canalizarlas. También a entender el calor de la gente, la presión de los compromisos, el hecho de estar expuesto como personaje público… Yo todo eso lo desconocía. Y no hubiese sabido cómo llevarlo", reflexiona Eunate.
En Barra do Jucu, cuna de Neymara Carvalho, campeona de raíces modestas, "que no las olvida, se muestra muy cercana a la gente, que le adora, algo que yo no había visto en otros campeones", la sopeloztarra, "además de mejorar mucho el aspecto técnico", reforzó su confianza y, sobre todo, se reencontró a sí misma. "Neymara me enseñó a canalizar todo lo que rodea al pedestal en el que se sube un atleta de élite, me ha enseñado a mirarme para adentro y a entrar al agua siendo yo misma", descubre la sopeloztarra, quien en 2009 se pegó hasta la última prueba con la brasileña por un título mundial que acabó perdiendo. "Fue algo extraño, un poco chocante, porque éramos amigas y, a la vez, rivales. Compartimos hoteles durante todo el tour, pero al final, decidimos separarnos un poco porque había mucha tensión, el título estaba en juego... Hubo momentos en los que durante la competición ella me decía que no le hablase. Resultó complicado".
la técnica Regresó el invierno, un periodo de descompresión en el que los surfistas se recogen para sumergirse en la reflexión. Abrazada a la meditación a la que le obligaba una temporada deliciosa, la de su explosión definitiva, pero también el vértigo del vuelo que había alcanzado su trayectoria, retornó la ofuscación al encuentro de Eunate Agirre. "Es el tema ese de la victoria. Todo el mundo la quiere y yo no soy una excepción, claro, porque ser campeona del mundo es ahora mi máxima aspiración, pero necesito darle la vuelta a todo eso porque no quiero convertirme en lo que no soy", concede la vizcaina, quien reconoce que durante la pretemporada, "una época complicada porque hay que entrenar sin el estímulo de la competición y se hace muy cuesta arriba porque el coco no te da descanso", se han cruzado en su mente anhelos y temores, que su subcampeonato del mundo le ha colocado en situaciones limítrofes con la incomodidad, en el filo de la obsesión por ganar, y eso, dice ella, es lo que te hace precipitarte al pozo inhóspito de la desazón, del desquiciamiento, un lugar sin retorno, peligroso y destructivo. "En definitiva, se trata de no dejarte seducir por la obsesión. Tengo claro que para ser campeona del mundo hay que trabajar mucho y así lo he hecho, pero también sé que no puedo dejar de ser yo misma por ganar. Si las victorias vienen, vienen, estupendo. Es lo que he sacado en claro este invierno".
Asentada su psique sobre una base de granito, latiéndole en el tímpano un consejo de Neymara que protege como un tesoro, "las cosas tienes que sentirlas por ti misma", le dijo una vez, Eunate afronta el año de su confirmación consciente de lo grandioso del objetivo, pese a que la brasileña le ha despejado el camino, pues no participará en las dos pruebas europeas del mundial, lo que la descarta para la pelea por su sexto título. "Pero eso no quiere decir que vaya a ser más fácil. Habrá rivales menos fuertes otros años que mejorarán mucho". ¿Y Eunate, ha mejorado? "Hemos trabajado mucho la parte técnica -la sopeloztarra graba sus entrenamientos en vídeo y luego se autocorrige-. Sabemos que son las maniobras extremas las que nos separan de estar más arriba. Sé que puedo hacerlo, que puedo ser campeona del mundo y que voy a ir a por ello con todo, pero no hay que olvidar que son muchos los factores que hay que controlar para que todo salga perfecto", cierra Eunate, que dulcifica su gesto al mismo ritmo que se pliegan las tapas duras del cuaderno que recoge sus reflexiones, abandona la pose tensa de los interrogados, se relaja y exhala una reflexión final que es como un suspiro que lo condensa todo. "La cuestión es que nunca hay que olvidarse de por qué empezaste", dice y a su mente acuden la burbuja rosa, el planking de madera y la voz de espuma de la primera ola. .