bilbao. "Hoy he mandado". Rafa Nadal, defensor del título en Melbourne, definió con claridad sus sensaciones sobre la pista australiana para superar la segunda ronda, en la que destrozó al eslovaco Lukas Lacko, 75 del mundo, a quien endosó un triple 6-2 en menos de dos horas de partido. Es la diferencia que existe entre el número 2 y el 75 de la ATP. La distancia entre un aspirante a la victoria final y un jugador que hasta el pasado lunes no había ganado ningún partido en sus cuatro fulgurantes apariciones en torneos de Grand Slam.

Nadal no esperó para marcar territorio. El 5-0 con que inició el encuentro fue otra declaración de intenciones. En un torneo de dos semanas es fundamental ahorrar la mayor cantidad de energías. Y si encima el calor aprieta, cuanto más tiempo a la sombra, mejor. Así, que el de Manacor se aplicó, mantuvo su concentración sin resquicios y se permitió el lujo de realizar lo que parecían ensayos de nuevas jugadas. Raqueta y cordaje nuevos así lo requieren.

No lo tendrá tan fácil mañana cuando tenga que cruzar raquetazos con el alemán Phillip Kohlschreiber, 27º favorito, que derrotó al australiano Wayne Odesnik, por 6-4, 3-6, 6-3 y 6-2. Es cierto que el de Manacor le ha ganado en las cuatro ocasiones en que se han enfrentado, incluida una en la cita australiana hace tres años, también es verdad que no se han medido desde hace dos años.

del potro firma el empate El día que el Abierto de Australia batió su récord de asistencia en una jornada, con 66.154 espectadores, también fue el día de las frases. Y si Nadal se sintió El Jefe, el argentino Juan Martín del Potro sintió lástima del estadounidense James Blake, 45 del mundo, a quien derrotó por 6-4, 6-7 (3), 5-7, 6-3 y 10-8 en un gran partido de cuatro horas y 17 minutos, a cuyo término el suramericano tuvo una frase para la historia: "Quizás lo más justo hubiera sido un empate". Como si en tenis fuera posible.

Y es que el número 5 del mundo pasó verdaderos apuros para alcanzar la tercera ronda. Por el juego de su rival y por los problemas físicos que le martirizaron mientras estuvo sobre la pista. A las molestias que sufre en la muñeca derecha, se unieron dolores en el costado y en el muslo izquierdo, lo que le obligó a solicitar la presencia del fisioterapeuta.

Blake pudo enfilar hacia la victoria cuando se colocó 2-0 en el quinto y definitivo set, pero el ganador del anterior Grand Slam tuvo la sangre fría suficiente para nivelar el marcador y colocarse por delante con el 9-8 para sentenciar la contienda en el siguiente juego.

El estadounidense Andy Roddick tuvo más problemas con los jueces que con su rival. Superó al brasileño Thomaz Bellucci por 6-3, 6-4 y 6-4, pero posiblemente sea sancionado por "obscenidad audible" repetida, después de insultar al juez de silla en la primera jugada del partido tras una bola que habían cantado como mala al suramericano y que el ojo del halcón demostró que había sido buena. Luego reconoció su error.

Las belgas, a lo suyo En el cuadro femenino, la belga Justine Henin apartó a la rusa Elena Dementieva en dos horas y 50 minutos por 7-5 y 7-6 (6) en uno de los mejores encuentros de la jornada, entre la campeona de 2004 y la ganadora en Sydney la pasada semana.

Henin, que llevaba una ventaja de 9-2 en los enfrentamientos con la rusa y que no pierde con Dementieva desde 2006 en Indian Wells, se enfrentará ahora con la rusa Alisa Kleybanova (27).

Su compatriota Kim Clijsters, campeona del Abierto de Estados Unidos, derrotó a la veterana tailandesa Tamarine Tanasugarn, 99 del mundo, por un doble 6-3 gracias a sus constantes cambios de ritmo con mortíferas dejadas.

Sólo sufrió un pequeño bajón al comienzo del segundo set, cuando su rival se colocó con 2-0, pero la respuesta de la belga fue luego inmediata. Ahora se enfrentará con la rusa Nadia Petrova, que le ha ganado siempre en los cuatro partidos en los que ambas se han medido.