Federer no entiende de amores
Andreev cae ante el suizo y no completa el plan que urdió con su novia Kirilenko
BILBAO. Son las cosas del amor. Esas promesas tan difíciles de cumplir. Sobre todo si un tercero, y hasta una cuarta, se interpone entre la pareja. Es lo que les pasó a los rusos Maria Kirilenko e Igor Andreev. Dos jugadores sin pedigrí en los circuitos profesionales de la WTA y la ATP, pero que han encontrado en los brazos del otro todo el cariño y la afectividad que se echa en falta cuando está a miles de kilómetros de su hogar.
Así que cuando Kirilenko y Andreev conocieron quienes serían sus rivales en primera ronda del Abierto de Australia, se juraron no sólo amor eterno, sino que se conjuraron para protagonizar la sorpresa que marcase el primer Grand Slam de la temporada. Ambos debían derrotar a dos de los favoritos, dos raquetas que saben lo que es ganar el Abierto de Australia: Maria Sharapova y Roger Federer. Tarea de titanes.
Ella, Maria, cumplió su promesa el primer día de competición. Allí frente a su bella compatriota no se arrugó y prolongó la maldición que pesa sobre la campeona del torneo australiano desde que lo ganar en 2008. Y es que el año pasado no pudo acudir por lesión y en esta ocasión cayó a las primeras de cambio.
Ella, Maria Kirilenko, había dado el primer paso hacia la gloria. Y allí en su pequeño parnaso esperaba con una sonrisa a su media naranja. Así que Igor Andreev creyó en imposibles. Ajustó sus raquetas, tensó los cordones de sus zapatillas y saltó a la ardiente pista de Melbourne dispuesto a morir por su amada. Y comenzó asustando al número 1 del mundo, al inalterable Roger Federer, el hombre de los quince Grand Slam. Andreev ganó el primer set por 4-6 y parecía encaminarse hacia el mismo paraíso donde Maria Kirilenko empezaba a moverse nerviosa.
el despertar de roger Y fue entonces cuando Federer despertó. Cuando el helvético sacó a relucir todo el talento que lleva dentro. Ese que le ha permitido dominar el tenis mundial en los últimos años, con permiso de Rafa Nadal, y que le puede convertir en el mejor jugador de todos los tiempos, con permiso de Rod Laver, y en el que mejor historial atesore, conseguido ya el permiso de manos de Pete Sampras.
Así que Federer comenzó a buscar las líneas, a presionar a su rival hasta arrinconarlo en el fondo de la pista y se anotó la segunda manga con la facilidad prevista. Un 6-2 que devolvió a Andreev a la cruda realidad para darse cuenta de que al cielo no se llega por caminos trillados. Volvió a apretar el ruso los dientes y forzó la muerte súbita en el tercer acto, pero el suizo no estaba para jueguecitos amorosos. Ahí se acabó la resistencia de Andreev y comenzaron a llorar los ojos de Maria Kirilenko. Igor cayó rendido ante el perfeccionismo de su rival. 6-0. No importó. Se habían jurado amor eterno. Su amor le consoló como sólo ella sabe hacerlo.