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Tribuna abierta

Euskadi ante la incertidumbre: el arte de mantener el control

La incertidumbre domina el debate público: basta con introducir este término en el buscador de este periódico y aparecerán decenas de artículos recientes. Artículos relacionados con conflictos bélicos, la economía, la salud pública o la vivienda. Asimismo, los sucesos a bordo del crucero Hondius, y el brote del hantavirus, lo pusieron muy de manifiesto.

A continuación, tratamos de esbozar como la sociedad vasca pueda comportarse ante la incertidumbre. Para hacerlo, miramos a pautas de los ciudadanos e instituciones vascas a través del prisma de la UAI (Uncertainty Avoidance Index- Afán por el control de la incertidumbre) del modelo 6D del sociólogo Geert Hofstede, referente internacional en el análisis comparado de las diferencias culturales entre sociedades.

A primera vista, podría parecer que la sociedad vasca esté cómoda con cambios sociales y económicos: destaca, dentro del Estado y Europa, en innovación, impulsa la digitalización y promueve ejercicios avanzados de prospectiva estratégica. Sin embargo, un análisis más detallado sugiere que estos hábitos no implican aceptación de la incertidumbre, sino un intento sistemático de anticiparla y reducirla.

En este sentido, la planificación estratégica intensiva y la alta confianza institucional se materializan en herramientas sofisticadas, –hojas de ruta, métricas y gobernanza multinivel–, orientadas a reforzar la seguridad y la estabilidad. Este enfoque apunta a niveles elevados de control de la incertidumbre, según el modelo de Hofstede, a través de una gestión activa mediante estructura y previsión. Entre otros, en forma de métricas, observatorios y monitorización, o en prácticas de cogobernanza y consensualismo.

La arquitectura institucional ofrece otro indicio clave. El entramado de Gobierno, Diputaciones y Ayuntamientos, con sus “contrapesos” y competencias diferenciadas, configura un sistema denso pero funcional. Lejos de ser ineficiente per se, este diseño puede entenderse como una forma de distribuir y contener la incertidumbre, generando redundancias que actúan como mecanismos de seguridad. En este sentido, el modelo foral y la autonomía fiscal operan como “seguros institucionales”, alineados con una cultura que prefiere marcos definidos y estables.

Asimismo, la persistencia de indicadores sociales muy estables, –como la proliferación de cuadrillas longevas, la baja volatilidad en la renta o el seguimiento meticuloso de la igualdad de género mediante metodologías europeas–, sugiere una voluntad de minimizar la imprevisibilidad en la vida cotidiana.

Ahora bien, este cuadro no es monolítico. En las últimas décadas, a través de sucesivas ediciones del Euskobarometro y Observatorio Vasco de la Juventud, se observan matices relevantes. La mayor apertura entre las generaciones jóvenes al cambio apuntan hacia una cierta relajación del control de la incertidumbre en el plano social. También en el ámbito económico, la transición hacia una economía del conocimiento introduce dinámicas donde la incertidumbre no solo se evita, sino que se gestiona como parte inherente de un proceso de renovación (ver los informes de Economía y Sociedad Digitales del País Vasco DESI).

En conjunto, el País Vasco parece mostrar un nivel elevado de control de la incertidumbre. Mientras que en territorios del alrededor (como España u otros países latinos), la incertidumbre se gestiona mediante normas rígidas o respuestas defensivas, en Euskadi predomina una aproximación más proactiva y estructurada, basada en planificación, coordinación institucional y construcción de “colchones” sociales y económicos. Más que evitar la incertidumbre, se busca dominarla mediante mecanismos de reducción y gestión, como el Concierto Económico Vasco. En este sentido, el control de la incertidumbre vasco le da mas un estilo de alto UAI a lo austriaco, donde la busca de estabilidad no implica inmovilismo, sino una gestión cuidadosa del cambio.

En un entorno global crecientemente volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA por sus siglas en inglés), este perfil cultural tiene implicaciones relevantes para la forma en que el País Vasco puede operar y posicionarse.

Por un lado, un fuerte control de la incertidumbre, canalizado a través de sistemas robustos, planificación estratégica y coordinación institucional, constituye una ventaja clara en contextos donde la complejidad requiere capacidad de ordenar, interpretar y dar coherencia a señales dispersas. La tradición vasca de traducir la incertidumbre en marcos estructurados permite reducir el ruido inherente a entornos cambiantes o convulsos, y convertirlo en agendas operativas relativamente estables. En este sentido, el País Vasco podría asemejarse a economías centroeuropeas que, ante la volatilidad global, responden reforzando su capacidad de anticipación, coordinación y ejecución disciplinada.

Asimismo, la existencia de “colchones” institucionales y sociales, –desde la autonomía fiscal hasta los sistemas de bienestar–, tendría que facilitar una absorción de choques externos, amortiguando sus efectos sobre el tejido económico y social. En un mundo donde las disrupciones (tecnológicas, geopolíticas o demográficas) irán en aumento, esta capacidad de contención puede traducirse en resiliencia y continuidad estratégica, evitando respuestas erráticas o cortoplacistas.

Al mismo tiempo, un fuerte afán por controlar la incertidumbre plantea ciertos retos. En entornos inciertos, no toda incertidumbre puede ser anticipada ni estructurada por adelantado. Una cultura orientada a reducir la ambigüedad mediante planificación intensiva corre el riesgo de sobrerreaccionar con capas adicionales de complejidad institucional o de ralentizar la toma de decisiones cuando se requieren respuestas ágiles. La preferencia por sistemas bien definidos puede dificultar la adopción de enfoques más experimentales, típicos de contextos donde la información es incompleta y evoluciona rápidamente.

En este punto, los matices señalados arriba resultan especialmente relevantes. Sugieren la posibilidad de una hibridación cultural: mantener una base estructurada que proporcione estabilidad, pero incorporando progresivamente lógicas más flexibles, como la experimentación controlada, el aprendizaje iterativo o la tolerancia a la variación.

De este modo, el País Vasco parece estar en condiciones de evolucionar hacia un modelo en el que el fuerte control de la incertidumbre no desaparece, sino que se reconfigura: de un enfoque centrado en evitar la incertidumbre a otro orientado a gestionarla dinámicamente. En un contexto inestable, esta transición puede ser clave. Aquellas sociedades capaces de combinar estructura y adaptabilidad, planificación y aprendizaje continuo, estarán mejor posicionadas no solo para resistir la volatilidad, sino para convertirla en una fuente de ventaja competitiva. l

Bart Kamp es investigador senior en Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad Jsvier San Martín es consultor asociado en The Culture Factor Group