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Tribuna abierta

Jesús de Galíndez y el embajador Gardner

Estuve hace unos años en Amurrio en la Casa Parroquial, junto a la Iglesia, dando una charla. Recordaba la última vez cuando se celebró el ochenta aniversario del cura Lezama, el gran emprendedor eclesiástico de obras sociales, periodista, hostelero, secretario de Tarancón y con parroquia en Madrid, fallecido en enero 2025. Gran promotor de restaurantes por el mundo. Entró a la Iglesia con un gran globo flotando. Luego fuimos a su caserío Iruaritz cerca de la ermita de San Prudencio. Escribió un libro, El capitán del Arriluze sobre la peripecia de su abuelo, del PNV, que terminó encallando su barco para proteger a sus marinos. Un libro que seguramente se convertirá en película. Ojalá.

En esta ocasión la Organización Municipal del EAJ-PNV me invitó a un encuentro. Tiene la Casa Parroquial una sala para conferencias, muy bien arreglada, donde hablé de diez historias siendo la última mi experiencia con la figura de Jesús de Galindez, secuestrado en Nueva York el 12 de marzo de 1956. El pasado jueves 12 se cumplieron 70 años.

Mi aita le conoció en Ciudad Trujillo (Santo Domingo) cuando llegó en diciembre de 1939, con un grupo de gudaris exiliados del EAJ-PNV. Allí estaba Galindez que había llegado el mes anterior y era el secretario de la Delegación del Gobierno Vasco siendo Eusebio Irujo el Delegado. Les dijo a aquellos jóvenes jelkides que se fueran cuanto antes de aquella satrapía. Y se fueron en el barco de un capitán vasco. Cuando mataron a Galindez en 1956 mi aita hizo gestiones con el presidente Bosch para que en Santo Domingo le dedicaran una plaza o una calle. La tiene hoy. Su muerte fue un escándalo mundial y marcó el principio del fin de la dictadura de Trujillo. Le recordé la fecha a Ander Caballero, quien fuera asimismo Delegado del Gobierno Vasco en Nueva York como Galindez. Ni acusar recibo.

He promovido cuatro publicaciones sobre Galindez y es normal que con el tiempo, el recuerdo se vaya difuminando. Pero les dije a los que tienen en Amurrio una personalidad tan singular, tan volcada en la difusión de lo vasco, tan defensor del valle de Aiala, del derecho vasco, de su defensa en la ONU de las sanciones al régimen de Franco, de su trabajo con Gurrutxaga, Jon Bilbao, Abrisketa, López Mendizabal para hacer una historia vasca siguiendo el empeño del Lehendakari Agirre que se debería hacer un esfuerzo para que su legado no vaya quedando en el olvido. Decía Saramago que se comienza por el olvido y se acaba en la indiferencia. Es lo que estamos viviendo.

Su testamento

Galindez amaba Amurrio con toda su alma. Dejó escrito como testamento: “Me declaro cristiano y vasco. Como tal quiero ser enterrado en la fe y en la tierra de mis antepasados cuando esto sea posible. Y ruego a quien se haga cargo de mi cuerpo y bienes que mis restos sean llevados un día a Amurrio, en la provincia de Araba, Euzkadi, para ser enterrados allí. Quisiera que fuese en la finca que mi padre tiene cerca de Zaraobe, en la parte alta donde se divisan las montañas de mi Patria”.

Desgraciadamente no pudo ser. Lo secuestraron en Nueva York y Trujillo lo asesinó en Santo Domingo aunque el 13 de marzo de 1986, treinta años después de su desaparición, se inauguró una estela funeraria en el alto de Larrabeobe siendo Diputado General Juan María Ollora. Estuvieron el Consejero de presidencia del gobierno Ardanza, Juan Ramón Gevara, y el presidente del EBB, Xabier Arzalluz. Rodeados de los estandartes de las siete cuadrillas alavesas y centrando la estela funeraria en un círculo de piedra noble, dos lápidas en euskera y castellano proclaman las palabras de Jesús de Galindez donde quiso ser enterrado. “Y algún día me tenderé a dormir junto al árbol que escogí en lo alto de la colina, en el valle solitario de mi pueblo, a solas con mi tierra y con mi lluvia. Estas me comprenderán al fin”.

Xabier Arzalluz destacó que “a mí me admira que sean pocos los que se acuerden hoy de Jesús de Galindez . Y no es que solo fuera del PNV, que lo fue, sino que luchó mucho más allá de lo que es la lucha por Euzkadi, siguiendo el mandato de que todas las libertades son solidarias. No se dan demasiados ejemplos en este mundo de gentes que arriesguen su vida y la pierden de una forma cruel por defender la libertad y la justicia”.

Con el embajador Gardner

El actual embajador estadounidense en Madrid, Benjamin León, es un señor de 82 años nacido en Cuba y exitoso empresario. Seguramente ha sido nombrado por Trump de la mano de Marco Rubio. Pero la foto que ilustra este trabajo es de otros tiempos y tiene que ver con otro embajador, Jesús de Galindez y su secuestro.

Se trata de Richard Gardner que fue un diplomático, economista y jurista, del Partido Demócrata, nombrado embajador en España por el presidente Clinton entre 1993-1997. Educado en Harvard, Yale y Oxford había sido previamente embajador de los Estados Unidos en Italia y posteriormente en las Naciones Unidas. Toda una personalidad. Todavía en esos años existía un consulado USA en Bilbao. A Sabino Arana le costó su segundo encarcelamiento la acción interceptora de un cónsul a cuenta del telegrama que le envió al presidente Roosevelt, felicitándole por la independencia de Cuba.

Con Xabier Arzalluz y Gorka Agirre estuve en la casa del cónsul estadounidense en la Avenida del Ángel con preciosa vista al puerto de Bilbao. Había venido Richard Gardner en visita oficial y quiso hablar con nosotros. Pensamos que el asunto tenía que ver con la OTAN, ETA, el consulado o intereses varios. También, pero nos quiso hablar y contarnos, el entonces embajador en Madrid, que él era un joven abogado en Nueva York en 1956 y el Lehendakari Agirre contactó con él. El lehendakari había vivido asimismo en Nueva York durante la guerra mundial y Galindez había sido su Delegado. Y había un serio problema.

Tras el secuestro de Galindez, y como no había testado al morir, sus propiedades habían pasado automáticamente a la ciudad de Nueva York y Agirre le encargó que intercediera ante la autoridad de la gran ciudad haciéndole ver que los archivos pertenecían al Gobierno Vasco pero al no tener éste personalidad jurídica reconocida, por más que hizo, nada pudo conseguir. Pero la vivencia le había hecho admirar a Galindez y la causa vasca. Podía ser una asignatura pendiente para el actual Gobierno Vasco, pero me da no están por la labor.

Actividad en Nueva York

Se trasladó en febrero de 1946 a Nueva York, colaborando nuevamente con la delegación del PNV en esa ciudad, dirigida por el miembro del PNV Antón Irala, consiguiendo la condena del régimen franquista por parte de las Naciones Unidas y en la Asamblea General de las Naciones Unidas, sin dejar de realizar diversas obras como El derecho vasco (Buenos Aires, 1947) o Divorce in the Americas (Búfalo, 1947). Consiguió el primer premio en el II Congreso de Escritores Vascos con La revolución francesa repercute en Euskadi. En 1949 publicó El divorcio en el derecho comparado de América (México) y en 1951 Estampas de la guerra (Buenos Aires) participando en el congreso de la International Bar Association (Asociación Internacional de Abogados).

Fue nombrado profesor de Derecho Público Hispanoamericano y de Historia de la Civilización Iberoamericana en la Universidad de Columbia y escribió La inestabilidad constitucional en el derecho comparado de Latinoamérica (México, 1952). En 1953 publicó Nueva fórmula de autodeterminación política de Puerto Rico y en 1954 su libro Iberoamérica. Su evolución política, socio-económica, cultural e internacional (Nueva York, 1954) que escandalizó a la dictadura dominicana.

Nos contó que el desaparecido se involucró en la vida social de Nueva York y presidió durante dos años el Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos. También trabajó para la Federación de Sociedades. Se refugió en la docencia y se licenció en Filosofía por la Universidad de Columbia y el 27 de febrero de 1956 fue aceptada por dicha universidad su tesis doctoral de 700 páginas sobre la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo titulada La era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana, donde se denunciaba el régimen del dictador dominicano. 

Ante la amenaza de la publicación de la tesis, el dictador Trujillo, con la aquiescencia de los servicios estadounidenses, ordenó su secuestro y traslado a Santo Domingo, hecho que se realizó el 12 de marzo de 1956 desde el apartamento 15-F del número 30 de la Quinta Avenida de Nueva York. Fue dado oficialmente por muerto el 30 de agosto de 1963, pero su cadáver nunca ha aparecido. Según el FBI, en la preparación, secuestro y encubrimiento del crimen participaron un total de 35 personas. Los servicios secretos USA, antes de hacerse pública su desaparición registró minuciosamente el apartamento. Y nos dijo que, según Stuart McKeever, abogado estadounidense que llevaba más de 25 años estudiando el caso, Trujillo se gastó más de un millón de dólares para liquidar a Galindez, contratando a John Joseph Frank, ex agente del FBI y agente de la CIA quien planificó todo el proceso del secuestro en territorio neoyorquino.

Entiendo que en aquellos tiempos hubiera más sensibilidad para estas cosas en las instituciones que ahora. Se hacen muchas jornadas de todo tipo pero escasas sobre hechos que marcan la historia de un pueblo. No hay una agenda seria y planificada y menos en EITB. Y la figura de Galindez debería estar más presente en el martilorogio vasco de lo que está, si de identidad estamos hablando.

Han pasado 70 años de su desaparición y conviene recordar éstas cosas y transmitirlas a las nuevas generaciones porque la figura de Galindez, una figura descomunal, debería estar presente, todos los años el 12 de marzo, con un acto, el que sea, para que su sacrificio no se borre de nuestro imaginario colectivo. De lo contrario coincidamos con Saramago: ”Se comienza por el olvido y se acaba en la indiferencia”.