Colaboración

Virtualidades, que no virtudes, de la moción de censura

26.10.2020 | 02:11
Virtualidades, que no virtudes, de la moción de censura

EL título de este artículo se acredita por la circunstancia de que la intervención más elocuente fue la de Aitor Esteban. No sabía que en 82 segundos se podían decir tantas cosas y tan elocuentes, una lección para quienes practicamos un cierto barroquismo a la hora de exponer nuestras opiniones. Pocas novedades por lo demás, si acaso la encarnizada lucha en el seno de la derecha española por ocupar la hegemonía ideológica de este sector de la política, ante la mirada complaciente de Pedro Sánchez.

La confrontación en la derecha española es un clásico histórico. Cánovas del Castillo versus Calvo Sotelo, Primo de Rivera versus Sagasta, Silvela versus Maura. Las derechas españolas tienen y han tenido dos fuentes de inspiración. Por un lado, una derecha de inspiración fascista basada en las teorías del Manifiesto de Giovanni Gentile, D'Annunzio, Curzio Malaparte, que dieron lugar al florecimiento del fascismo de Mussolini, trasladadas al Estado español a través de organizaciones como la Falange y otras. Por otra parte, derechas conservadoras inspiradas en otras escuelas filosóficas en lo económico como las de Adam Smith, Bentham y Say y sus teorías de la mano invisible; en el ámbito filosófico Karl Popper y otros.

En una reflexión relativa a la política actual, parece ser que Vox y el PP han roto amarras. Esto es lo que parece deducirse de la moción de censura puesto que la fluctuación ideológica del PP ha provocado que hasta el miércoles no fuera fácil apreciar que fueran partidos diferentes. Pero los creadores de opinión están elevando a Casado a la categoría de gran estadista y me parece un poco prematura esta reflexión. Pablo Casado, en su discurso, intentó obsesivamente identificarse con Angela Merkel (obviamente en un plano simbólico) sin reparar que Angela Merkel se ha negado recurrentemente a pactar con la ultraderecha alemana, cosa que no ha ocurrido en el caso de Pablo Casado en diversas CC.AA. y municipios. Y no estamos ante una diferencia de matiz sino en una diferencia de categorías.

Resultó llamativo en el debate la complacencia de numerosos portavoces, incluido el de Podemos, con las teorías de Fukuyama y su reinterpretación de Hegel invocando el fin de la historia y afirmando que las ideologías ya no son necesarias y han sido sustituidas por la economía. Es tan llamativo como la tesis mantenida por la derecha de que tras la caída del Muro de Berlín solo quedan políticas que denominan identitarias.

Así que denominan políticas identitarias a la defensa del medio ambiente, a la lucha contra el cambio climático, al feminismo, a los movimientos LGTBI, la extranjería, marginalidad, plurinacionalidad y otras. Que diga esto Vox tiene un pase tras haber incorporado a su acervo los delirios de Trump (virus chino, Dios bendiga a España) como si el electorado europeo fuera parangonable al norteamericano, pero que lo diga Pablo Casado resulta preocupante.

No considerar luchas ideológicas puesto que admiten diversos planteamientos la lucha contra el calentamiento global, la lucha por la igualdad de la mujer, la lucha por el refugio y asilo de los extranjeros, la lucha por la dignidad del empleo y contra la pobreza, resulta de un reduccionismo que identifica al personaje.

Los problemas de la plurinacionalidad y de las diversas identidades nacionales forman parte de unas de las pulsiones políticas más relevantes de la actualidad. Tras la decadencia del concepto de Estado-Nación del orden revolucionario francés y la caída de los imperios centrales tras la Primera Guerra Mundial, el acomodo de las naciones sin estado ha constituido el principal foco de tensión de la extinta Unión Soviética, de los Balcanes, de la Europa en la que vivimos (Escocia, Flandes, Córcega, Irlanda, Euskalherria, Catalunya y otros).

Si no consideramos ideológicos los conflictos anteriores, y no hace falta acudir a Max Weber o a Heraud o Fichte, nos bastaría en Euskadi con acudir a Sabino Arana, al lehendakari Aguirre, al lehendakari Leizaola, a Jesús de Galíndez, a Xabier Landaburu. Y en Catalunya a Valenti Almirall, Enric Prat de la Riba, Francesc Cambó o Lluís Companys. En Galicia, a Castelao y la propia Rosalía de Castro. En Andalucía, a Blas Infante.

No merece la pena discutir sobre si los problemas que hemos citado constituyen un reto ideológico coetáneo. Decía Hipócrates que se debe buscar la causa de las causas. Si los problemas que hemos citado son problemas latentes y no resueltos resulta deprimente escuchar la expresión ideología identitaria. A los que ahora se atribuye la condición de estadistas sabrán lo que quiere decir.* Exdiputado del Grupo Vasco EAJ/PNV en el Congreso