Colaboración

Ahora, economía de cooperación

01.06.2020 | 00:13
Ahora, economía de cooperación

UNA vez controlada, que no superada, la crisis sanitaria hay que abordar las consecuencias del tsunami que ha asolado la actividad económica, de consecuencias sociales hoy imprevisibles.

Pero antes, es de justicia subrayar el ejemplo de miles de personas que han "cumplido con su deber" de forma ejemplar, a veces heroica, especialmente en el ámbito sanitario, pero sin olvidar tampoco a los trabajadores públicos y privados de multitud de actividades imprescindibles en los momentos pasados: trabajadores relacionados con los cuidados a las personas, con la seguridad ciudadana, de empresas de distribución, transporte, entregas a domicilio, banca...

A la hora de abordar cómo podemos ayudar ahora cada uno (al igual que ya lo han hecho dichos trabajadores), tendremos que tener en cuenta que el objetivo más urgente es, sencillamente, que las empresas sobrevivan. Hay que partir de la importante contribución de las mismas al Bien Común, a través de la creación de riqueza y empleo.

La crisis que se avecina será, según algunos, "la crisis del capital", pero, inevitablemente, será también la de los trabajadores implicados, de las administraciones que recaudan impuestos derivados de la actividad empresarial y, como consecuencia, de todos los ciudadanos que dependemos, en mayor o menor medida, del gasto público.

No hay que olvidar que, sin ir más lejos, el sistema público de salud, tan merecidamente exaltado, se financia con los impuestos que, en última instancia, dependen de la creación de riqueza que la sociedad produce.

Sería ahora el momento, por tanto, de formular en las empresas un proyecto compartido por propietarios, directivos y profesionales/trabajadores, centrado en su supervivencia, por encima de intereses particulares de cualquiera de los grupos citados. Partiendo, por tanto, de la renuncia a una cultura de confrontación y de su sustitución por una cultura de cooperación, corresponsabilidad y participación.

Es el momento de la cooperación, cuya responsabilidad de liderazgo se debe situar en los directivos y empresarios, aunque para su efectiva implantación sea necesario concitar las adhesiones de las personas trabajadoras y el interés de los sindicatos.

Para ello, posiblemente sea el comportamiento y el compromiso de los máximos dirigentes de la empresa, con su ejemplo en el día a día, lo que más puede contribuir a una cultura imprescindible para sobrevivir.

Pero, ¿por dónde empezar para su puesta en práctica? Destacados empresarios y sindicalistas coinciden en señalar como primer paso establecer una información transparente, veraz y sistemática sobre las variables y políticas más importantes de la empresa. Incluiría consultar con los representantes de los trabajadores las decisiones más relevantes que no exijan un tratamiento confidencial.

Información que debe llegar a todos los trabajadores y, en especial, a sus representantes, como inicio de un cambio en el modelo de relación tradicional entre empresarios y trabajadores en el que se replantee también el reparto de la riqueza que se cree por la empresa.

Ello exigiría, asimismo, desarrollar planes de formación para los representantes de los trabajadores, a fin de que puedan tener una mejor opinión sobre las decisiones sobre las que se les consulten.

De forma complementaria, sería prioritario también establecer sistemas periódicos de evaluación de las necesidades de las personas de la empresa y, consecuentemente, buscar fórmulas que favorezcan la conciliación de la vida profesional y familiar, sin perjuicio del desarrollo empresarial.

Con un horizonte mayor en el tiempo, sería recomendable una cultura de corresponsabilidad que lleve a decisiones equilibradas para accionistas y trabajadores, de forma que haya un equilibrio en los sacrificios cuando sean necesarios y que se establezca, cuando sea posible, un objetivo conjunto de mejorar a la vez la rentabilidad sobre fondos propios para los primeros y la retribución global para los segundos.

Siendo, si cabe, más rigurosos con el destino de los resultados positivos, de forma que al menos el 50% se destine a incrementar los Fondos Propios.

Por otro lado, y también con un horizonte de medio plazo, sería oportuno iniciar, cuando las circunstancias lo permitan, el estudio de sistemas de gestión participativos, con procedimientos y herramientas adecuados.

¿Y cómo se puede ayudar a ese cambio desde instituciones públicas o privadas exteriores a la empresa? En un trabajo en curso que está siendo desarrollado conjuntamente por la Fundación Arizmendiarrieta y el grupo de Bilbao Metrópoli 30 encargado del desarrollo de su línea estratégica de cocreación de bienestar a partir de las empresas, se han valorado como prioritarias las aportaciones siguientes:

Identificar las mejores prácticas en la implantación de políticas de comunicación interna en las empresas, la definición de objetivos compartidos, selección de indicadores... que se consideren claves para el cambio propuesto, así como aportar a las empresas ejemplos útiles de cara a implantar una participación de los trabajadores en los resultados de la empresa.

(Aspectos ambos en los que es preciso subrayar la labor que viene realizando Adegi desde hace ya varios años).

Sin olvidar, por fin, la necesidad de desarrollar actividades de formación sobre aspectos de gestión empresarial, estrategia... dirigidas a componentes de comités de empresa, delegados y liberados de sindicatos y que, deseablemente, deberían ser lideradas por estos.

De forma que "salvemos lo salvable" de cara a un futuro que se presenta particularmente negro para todo el mundo y, en especial, para los más débiles.* Presidente de Fundación Arizmendiarreta

noticias de deia