Juntos y sin ocurrencias

En la gestión de la "escalada", lo mismo que en la de la "desescalada" ante la crisis del coronavirus, Pedro Sánchez ha ido y ha vuelto con las manos en los bolsillos, con sus decisiones que ha estado echando a la espalda de las comunidades autónomas, que han sido las que han realizado todo el trabajo de choque frente a la pandemia y le han allanado el camino

02.05.2020 | 00:14
Pedro Sánchez en una de las videoconferencias de presidentes autonómicos

MUCHAS veces pienso en qué sería de nosotros sin Donald Trump. Cada vez que habla me acuerdo de Gila y sus monólogos de humor absurdo. Lo que ocurre es que Gila utilizaba la inteligencia explotando la ironía. A Trump, hablando en serio, es la inteligencia la que le explota.

La anteúltima ocurrencia ha sido una de las mejores que yo le he escuchado. Lo de poner inyecciones de desinfectante para acabar con el virus, no tiene precio. Tiene gracia el condenado. Científicos de todo el mundo buscando medios de combate contra la pandemia y el "comandante en jefe" del país más importante del mundo resolvía el enigma en una décima de segundo. Su lógica era aplastante, si la lejía limpiaba de gérmenes las superficies de nuestro alrededor, ¿por qué no utilizarla como antiviral en el cuerpo humano? Yo creo que el inquilino de la Casa Blanca debería ser el primero en probar su medicina aunque, a tenor del comportamiento de su intelecto, cabe la posibilidad de que ya la haya catado.

Cada día que pasa estoy más convencido de que la tierra fue invadida, tiempo atrás, por "marcianos" que se mutaron en la especie humana para no meter ruido y, siendo uno más de entre nosotros, fueron subiendo en el escalón social hasta alcanzar los niveles más elevados de mando en este planeta. Colonización silenciosa. Y Trump no es el único en ese gobierno alienígena.

Para completar la conspiración solo nos faltaba un Armagedón cósmico. Hemos estado cerca. Un gran meteorito –de hasta cuatro kilómetros de superficie– nos ha pasado rozando sin que nadie nos haya advertido. Al parecer, las autoridades mundiales han debido pensar que ya estábamos suficientemente preocupados con la pandemia como para añadirnos otro factor de desasosiego.

No nos quieren inquietar. De ahí el silencio oficial, pero la presencia de un asteroide de estas proporciones no se puede ocultar. Hay personas con una sensibilidad especial que son capaces de detectar cuando un peligro como el que nos ha rondado, se aproxima. Sé lo que digo. Si no, que se lo pregunten a mi amigo Aitor Atxapunte, que seguramente estos días habrá estado con la txapela bien calada en previsión de una lluvia de pedruscos desde el cielo.

No es el único. Quien esto suscribe, también ha notado inexplicablemente que algo serio (además del virus) nos ocurría. Ha sido una percepción sensorial fácilmente comprobable. A lo largo de los últimos días, los informativos de ETB conectaban con su corresponsal en Nueva York para conocer la rabiosa actualidad del país norteamericano. La periodista en cuestión realizaba su crónica habitual situada en una línea visual en la que la pantalla identificaba nítidamente el "skyline" de Nueva York con el río Hudson en primer plano y el perfil de rascacielos al fondo. Pues bien, siendo esta una imagen tradicionalmente conocida e identificable, algo extraño ocurría en el encuadre de la cámara. Mi mente lo detectaba al instante. Ayer, el cauce del río Hudson fluía parsimoniosamente de izquierda a derecha. Pero hete aquí que, al día siguiente, el río se desplazaba en sentido contrario, de derecha a izquierda. Durante toda la semana he estado pendiente de esa conexión para cerciorarme de que aquella anomalía era el presagio de que algo extraño ocurría en el mundo. Y, efectivamente, el río iba y venía en direcciones opuestas dependiendo del día de emisión sin que razones físicas sustentaran tal enigma. Tenía que ser una fuerza sobrenatural la que incidiera en el comportamiento contradictorio del torrente. ¿Sería yo la única persona en darse cuenta de este fenómeno? Enseguida lo relacioné con el meteorito. Su atracción sobre las fuerzas terrícolas comenzaba a provocar acontecimientos inexplicables.

Convencido del cataclismo próximo no quise socializar mi "descubrimiento". ¿Para qué amargar la existencia a nadie?

Pero mi desazón terminó por delatarme y tras la visualización de un teleberri tuve que confesar mis sospechas. El río avanza en sentido contrario. Expliqué trágicamente mi teoría y€ las carcajadas aún se oyen en la comunidad de vecinos. ¿No será que la cámara y la periodista están dispuestas en la otra orilla y la imagen del Hudson es la misma pero desde la perspectiva contraria? A mi "inteligencia" espacial le costó adaptarse a la hipótesis. Hasta tuve que dibujar un esquema para comprender lo que se me decía. Efectivamente. La explicación tenía sentido. El efecto óptico conlleva a engaño. Algo que en televisión se denomina "salto de eje" y que confunde la perspectiva del espectador. Respiré a gusto. Qué mal trago. Tan nocivo como un chupito de lejía.

Vivimos tiempos turbios de confusión. Por eso no es de extrañar que tengamos dificultades en analizar con clarividencia el panorama que nos rodea. Por poner un ejemplo práctico, para poder interpretar la propuesta hecha por el Gobierno español para retornar a la "nueva realidad" (vaya eufemismo), necesitamos , cuando menos, una hoja de excel. Así y todo, nos perderemos. Todo parece sacado de "encuentros en la tercera fase".

No creo necesario incidir en la contradicción de las medidas propuestas para la denominada "desescalada". Basta entrar en una red social para percibir el sarcasmo con el que el personal ha acogido las recomendaciones. Memes y memes por doquier, y es que Gila –volviendo al principio– hubiera disfrutado de la oportunidad.

La casuística resulta caótica pero las normas que el gobierno de Sánchez ha presentado resultan, en muchos casos, de difícil comprensión. Y he dicho que "ha presentado", porque ni las ha pactado ni tan siquiera consultado. Además lo ha hecho con una intención alevosa de desdén democrático. Los presidentes autonómicos se enteraban por los telediarios de lo que al día siguiente Sánchez les informara por plasma. Los responsables de sanidad de los gobiernos periféricos debían leerse a diario el BOE para conocer si la Administración central había decidido cambiar algún protocolo que les vinculara. Y, en el colmo del recochineo, el ministro Illa acudía a la comisión de Sanidad del Congreso donde, una hora antes de comparecer en rueda de prensa, nada diría de los planes de "retorno a la normalidad". Luego, demostró tener la piel muy fina cuando la parlamentaria Josune Gorospe, en una magnífica intervención, le acusó de "tomar el pelo" a la representación parlamentaria.

La acción del Gobierno Sánchez ha sido como un "salto de eje" permanente. Cambio de punto de vista y de decisiones. Decisiones, eso sí, las suyas. Porque en la "escalada" y en la "desescalada", Sánchez ha ido y ha venido con las manos en los bolsillos, mientras que los sherpas, es decir, las comunidades autónomas, se echaban a la espalda todo el trabajo de choque con la pandemia y con la crisis y le facilitaban el camino.

Pero la última "ocurrencia" que ha rebosado el vaso ha sido la determinación de la "provincia" como ámbito geográfico y político de actuación. ¿La provincia? Un ente que creíamos periclitado, salvo como circunscripción electoral. De la provincia no se podrá ni salir ni entrar si los entes limítrofes no se encuentran en la misma fase de "desescalada". ¿Dónde queda la realidad autonómica que marca el título octavo de la Constitución? ¿Dónde las competencias de la ley orgánica –Estatuto de autonomía– ratificada en referéndum? ¿Desde cuando centralizar significa "coordinar"? Además, ¿cuántas veces nos habían recordado, para justificar su centralismo, que el virus no conocía de fronteras ni de territorios? Patrañas.

Tengo la impresión de que la situación de "autoridad única y máxima" que el Estado de alarma ha consagrado, ha llevado a algunas instancias a observar con fruición la posibilidad de proyectar a futuro ese estatus todopoderoso de centralización. Y tal estímulo, tal tentación, ha hecho reaparecer una soberbia jacobina ancestral soportada en el pretexto argumental, que no real, de garantizar la igualdad de los derechos de toda la ciudadanía.

No. Así no se puede reclamar corresponsabilidad ni confianza. Se lo había dicho al Gobierno español en sesión parlamentaria Aitor Esteban en el último pleno del Congreso de los diputados. Si Pedro Sánchez quiere seguir contando con los apoyos del nacionalismo vasco deberá enmendar su proceder y atender a las reiteradas peticiones del lehendakari Urkullu para compartir el compromiso de retornar a la normalidad tras la emergencia sanitaria vivida. Pedro Sánchez está a tiempo de rectificar. De escuchar con humildad y de comprometerse para hacer realidad la afirmación de que, de esta, saldremos juntos. Juntos y sin ocurrencias.

* Miembro del EBB de EAJ-PNV