Lo que nos viene

Sin solución de continuidad y teniendo como único dato objetivo el hecho de que en septiembre se cumplirán cuatro años desde que se celebraran las últimas elecciones autonómicas, nos hemos visto envueltos nuevamente en la vorágine previa a unas nuevas votaciones en Euskadi

25.01.2020 | 06:21
Arnaldo Otegi.

LA normalidad política nos debería llevar, agotando plazos, a elegir nuevos parlamentarios allá recién iniciado el otoño, pero la práctica política y la funcionalidad institucional suelen aconsejar recortar, no excesivamente, los tiempos determinados para ejercitar una consulta popular. Sea como fuere, 2020 será año electoral y las principales formaciones políticas del país han puesto en marcha sus maquinarias para ir completando sus tareas de contingencia.

El PNV y su peculiar sistema interno en la toma de decisiones ha decidido ya poner en marcha el entramado electoral. El Euzkadi Buru Batzar ha citado ya a la afiliación a las asambleas correspondientes con la propuesta de Iñigo Urkullu como candidato a lehendakari, Bakartxo Tejeria para revalidar la presidencia del Parlamento Vasco y una veintena de nombres por cada territorio de cara a confeccionar las listas en cada territorio. Un complicado proceso que estará completado en la primera semana de marzo.

El Partido Socialista, socio de coalición del PNV, ha adelantado ya alguna de sus decisiones en esta línea habiendo nominado a su secretaria general, Idoia Mendia, como candidata a la presidencia. La entronización de Mendia tendrá, seguramente, consecuencias en la alteración de la tranquilidad observada en la relación de los socios de gobierno. La búsqueda de la diferencia y el acento en el perfil propio tiene esas cosas, si bien no cabe esperarse en las próximas fechas (salvo que el conflicto provocado en Irun por su alcalde Santano se extienda) un cambio en las relaciones de las dos formaciones que comparten responsabilidades de gobierno en la mayoría de las instituciones del país.

El movimiento y la agitación ronda otros barrios.

Antes de que el lehendakari haya anunciado que ejercerá su prerrogativa de disolver el Parlamento y convocar elecciones, antes de que haya una certidumbre sobre cuándo se desarrollarán los comicios autonómicos, algunos se han situado en los tacos de salida de la carrera electoral. Y, en un afán por cobrar ventaja, los hay quienes han comenzado a correr, como pollo sin cabeza, en un recorrido errático y alocado.

Entre estos se percibe a la derecha española, menguante en nuestro país y aquejada de una ansiedad extrema, lo que le hace aislarse aún más en una posición socialmente minoritaria. Una hiperventilación que está causando la deserción de muchos de sus cuadros tradicionales en el conjunto del País Vasco pese a los intentos baldíos de Alfonso Alonso por recuperar la moderación.

El PP de Casado representado en Euskadi por Amaya Fernández, Raquel González y Beatriz Fanjul ha vuelto a plantear a la exigua representación de Ciudadanos en Euskadi formar parte de una coalición "constitucionalista" como Navarra Suma para las próximas elecciones vascas. Fernández, cuyo verbo resulta inflamable cuando se dirige al nacionalismo vasco, ha compartido, junto a Vox, la decisión de recurrir ante los tribunales el decreto del Gobierno vasco que desarrollaba la premisa de la Ley Municipal según la cual las instituciones locales vascas podrían regular el uso del euskera y el castellano en sus relaciones internas y públicas en función de la realidad sociolingüística del municipio, garantizando en todo caso el derecho de la ciudadanía a escoger el idioma en su relación con la administración municipal.

En este caso -como en otros-, los populares se han sumado a Vox en las descalificaciones contra el Gobierno vasco, el euskera y todo lo que pase a su alrededor. Además de los recursos judiciales -unos tildando el decreto de "anticonstitucional" y otros, sorprendentemente, por "racista"- han promocionado una feroz campaña publicitaria en redes sociales propagando una irreal denuncia de "discriminación" lingüística, de "segregación de los castellanohablantes", de "atropello" identitario y de vulneración de derechos. Mentiras y falsedades repetidas hasta la náusea en la búsqueda del agravio. Y, diría más, buscando el odio a lo vasco, al nacionalismo y a las instituciones gobernadas democráticamente por éste. "No vamos a tolerar -declaró en un encendido alegato la diputada Macarena Olona- el odio hacia la nación española, sus símbolos, sus tradiciones, su cultura, su lengua común que no es otra que el español, que se expande desde hace décadas por la incomparecencia del Estado ante las fuerzas secesionistas". ¡Amén Jesús!

El PP de Amaya Fernández pretende progresar por ese mismo camino a lomos del caballo de Abascal y en ese galope desbocado conducirá a su formación hacia el abismo de la marginalidad. En esa deriva seremos testigos de momentos insólitos e incluso surrealistas. Unionismo histriónico hiperventilado por parte de una derecha en la que no se ve representada ni la tradicional oligarquía de Neguri.

Otros que desde hace tiempo tienen apoyados sus pies en los tacos de salida para impulsar su carrera son los representantes de EH Bildu. La formación de la "izquierda independentista" elegirá a su candidato a lehendakari antes del 17 de febrero. Todas las quinielas vaticinan que, esta vez sí, será Arnaldo Otegi quien encabece la propuesta de EH Bildu. Esperemos que no haya elementos externos que lo impidan y que se levante de una vez la injusta inhabilitación dictada contra él por los tribunales españoles.

La "izquierda independentista" cree que este es su momento, el momento de acabar con la hegemonía del PNV. Lleva trabajando su estrategia desde tiempo atrás. Y en las próximas semanas provocará chaparrones de iniciativas. Desde una gira herriz-herri para denunciar la "traición" del PNV en el nuevo estatus hasta "buzoneos explicativos" o la huelga general del día 30, que mezcla churras con merinas y ha llegado a provocar, por instrumentalización del colectivo, el cisma en el movimiento de pensionistas. EH Bildu utilizará todo lo que esté a su alcance. Desde una recogida de firmas diseñada por Gure Esku Dago, hasta la denuncia insistente de "casos de corrupción". Con Larraitz Ugarte de activista parlamentaria, pero con el propio Arnaldo Otegi de mentor. Sí, es el de Elgoibar quien cree que todos los del PNV son "unos chorizos" y el de Sabin Etxea un partido "corrupto" que se "financia con mordidas". A veces, a Otegi se le escucha hasta el pensamiento.

Otegi, que de encabezar la candidatura se convertirá en el aspirante a lehendakari de más edad que se presente a los comicios, tiene al PNV entre ceja y ceja. Lo ha tenido siempre. Y sueña en su fuero interno con alumbrar un gobierno "de izquierdas" que desplace al nacionalismo de Ajuria Enea. Por eso, no hay posición del PNV que no sea criticada. Si se postula para buscar el acercamiento de los presos, porque tal decisión no ha sido consultada. Si cierra un acuerdo con Sánchez que habla de los "sentimientos nacionales de pertenencia", por no defender en casa el derecho de autodeterminación. Cualquier causa entra en la agenda de la crítica. Lo tienen explicitado en un documento interno en el que citan al PNV como "freno del tránsito entre un autonomismo agotado y un marco de soberanía" y hablan de su posición en relación al nuevo estatus como un "elemento táctico". ¿Solamente táctico? Sí. Un subterfugio para conseguir un objetivo.

EH Bildu y su comercial en jefe preparan la tormenta perfecta para hacer sucumbir al PNV. Eso significará discurso de brocha gorda, pero saben -así se lo repite Casanova siempre que puede- que para abatir al PNV deben ganar en Bizkaia. Por eso, si con un ojo miran a los nacionalistas, con el otro observan a Podemos, cuyo "globo se deshincha" según ellos. El electorado de los morados es el oscuro objeto de su deseo. Republicanismo, feminismo, ecologismo, la "izquierda transformadora". Mano de hierro en guante de seda. Moderación impostada. Tacticismo. Doctor Jeckyll y Mr. Hyde. Todo ello mientras se zumba al PNV, que es lo que mejor saben hacer.

El problema del estrabismo político es que, con objetivos tan dispares, centrarse puede resultar una quimera. Y, de mirar a sitios distintos, en lugar de avanzar se puede perder el equilibrio y caer a tierra. No sería la primera vez que les ocurra. Pero, esta sí, quizá sea la última en la que Arnaldo tenga un papel determinante.

Es lo que nos viene en este año. Adi egon!

Más información