Tribuna abierta

Calvo Sotelo ya lo intentó

09.02.2020 | 17:32
Columnista Iñaki Anasagasti

TAMBIÉN es verdad que todo lo exagerado no es creíble. Que Arnaldo Otegi diga que Iñigo Urkullu pedalea una bicicleta estática mirando a Madrid no deja de ser una gracieta sin credibilidad alguna. Y lo dice quien nos informaba que iban a Madrid a ser determinantes. Sin embargo, nadie les llama. Normal. Dan oídos al pregonero con sus recibimientos, sus abstenciones, su no denuncia a los actos vandálicos contra las placas de víctimas en el suelo de Donosti, de todo lo que fueron tras la muerte de Franco. Siguen sin hacer una mínima reflexión ética sobre su pasado, atados a él, sin considerar que la mínima humanidad en democracia es la sal de la vida. Felipe González hizo su perestroika en 1979. Planteó dejar el marxismo como ideología oficial del PSOE en el perchero, dimitió y volvió para gobernar en 1982. Sortu sigue apegada a las viejas discusiones que tenía ETA en clandestinidad, que originaban la V y la VI Asamblea, lo social encapsulado en el marxismo-leninismo y lo nacional en el pack del todo o nada, mientras el mundo cambia sin que ellos se enteren. Hicieron una ridícula performance ante Sabin Etxea el 19 de septiembre, poco menos que acusando al PNV de partido capitalista vicario de los poderes ocultos del gran capital. Si creen que hacer oposición es hacer el ridículo, van bien. Como tratar de pedir que no vengan los ultras de Ciudadanos, el PP y Vox a hacer provocaciones en Euzkadi. Intentar prohibir la libre circulación de personas en Europa, por muy majaderos que sean, denota una peligrosa mentalidad, tan tóxica como la de los provocadores. Afortunadamente, rectificaron a tiempo. Solo aciertan cuando rectifican, pero se nota que comienzan a carecer de banderas. Y las que inventan, son penosas. Es el viejo partido comunista que no sabe hacer oposición en democracia. Crearon Bildu y se la han cargado. Se merendaron en un pispás a Aralar y a Alternatiba y ahora van a por EA. Les incomoda su diferenciación ética en relación con lo que fue ETA y su planteamiento socialdemócrata. Les utilizaron como un kleenex y ya no cuentan con ellos ni como florero ni como compañeros de viaje. Les asignaron el papel de aplaudidores y el propio Garaikoetxea ha advertido a los suyos de que por ese camino solo se va a la disolución.

El 25 de octubre se cumplen cuarenta años del Estatuto de Gernika que el PP (AP) no votó y que HB ridiculizó y combatió. No hace falta que nos recuerden que está sin cumplir del todo esa ley orgánica refrendada. Lo sabemos, porque entre cosas, es un buen Estatuto. Quizá Catalunya no estaría como está si hubieran tenido una Disposición Adicional en la Constitución como tenemos los vascos, unos Conciertos devueltos y un Estatuto potente. Su clase política del 78 no estuvo a la altura que estuvo el PNV planteando la batalla constitucional y estatutaria como planteó, absteniéndose ante su referéndum y negociando lo que parecía inconcebible en aquella época, incluyendo una policía integral y una hacienda propia. Y eso no fue por el PSE, ni por Fraga, ni por Monzón, sino por Ajuriaguerra, Irujo, Arzalluz, Unzueta, Bujanda, Bidarte, Zabala, Aguirre, Monforte, Oregi, Cuerda, Elorriaga, Uria, Ollora... Gentes curtidas, comprometidas, con valores y con ideas claras sobre lo que se podía y no se podía conseguir. Gentes que aplicaron la gramática parda de lo que enseña la vida y trataron de representar a la mayoría, no a intelectualoides macrobióticos que se comen el mundo y al final no dan cuenta ni de una antxoa. Euzkadi no sería la que es hoy si no hubieran tenido esas luces largas. Con rojerío de marketing, puño en alto, confundiendo el atún con el betún, pronunciando grandes palabras, se logra poco. A los hechos me remito. Para algunos, el único problema actual es la situación de los presos, que a los demás también nos preocupa. O que alguien les reciba como partido. O cambiar Euzkadi por Euskal Herria. Menudo balance para darnos clase y decir que estamos en la bicicleta estática.

Quien sabe que no es así es el diputado de Vox Iván Espinosa de los Monteros, el mismo que dijo de Xabier Arzalluz, ante su fallecimiento, que era un malvado; el mismo que ataca al PNV duramente porque le molesta "el halo de moderación que han construido con el silencio cómplice del resto de partidos". Una intervención parecida la sufrimos de José María Michavila en 2003, cuando nos acusaba de ser los patrocinadores de ETA. Hizo que le recordara que ya Calvo Sotelo había pedido nuestra ilegalización en tiempos de la República, que era insólito que sin pruebas y en democracia un ministro de Justicia actuara como un legionario; y que le mostrara las manos para que colocase las esposas. Se armó una buena, como cuando el pasado 17 de septiembre la diputada de Vox Macarena Olona, acusaba gratuitamente en tribuna al PNV de corrupción en un debate sobre la ley de Enjuiciamiento Criminal y Aitor Esteban le tildó de fatua, con razón, porque creía que el Grupo Vasco negociaba los presupuestos en función de ella. Poco después, el portavoz Iván Espinosa de los Monteros, con tono amenazador, nos dijo que "su partido seguirá trabajando para la ilegalización del PNV. El verdadero menoscabo del Parlamento es la presencia de partidos como el PNV, PdCat y ERC". Pablo Casado ya lo había dicho antes, como Aznar en su día, cuando a través de Ignacio Astarloa cambió el código penal para procesar al lehendakari Ibarretxe.

Son los nuevos Calvo Sotelo, aquel poderoso líder de la derecha hispana, exministro de Hacienda de la monarquía y dirigente de Renovación española. Su asesinato el 13 de julio de 1936 fue el detonante para el inicio de la Guerra Civil. Este Calvo Sotelo, ocho meses antes, en el frontón Urumea de San Sebastián, pronunció un mitin terrible contra el nacionalismo vasco, diciendo aquello de "más prefiero una España roja que rota". Lo justificaba así: "Ya sabemos lo que sería una España roja. La familia deshecha, la propiedad suprimida, la libertad extinguida del todo, el triunfo de las turbas, la violencia, el soviet, todo lo que queráis. Pero ¿qué importa todo esto?".

A esta artillería contestó el PNV con un mitin grandioso en el mismo frontón Urumea de Donosti. Fue tan contundente la respuesta que Calvo Sotelo presentó en las Cortes una iniciativa pidiendo al Gobierno español que se reprimiese duramente al nacionalismo vasco y se pusiera fuera de la ley al PNV. El debate fue de los sensacionales. El propio Calvo Sotelo actuó de acusador y fueron los diputados del PNV Aguirre, Irujo, Pikabea, Monzón y Horn los defensores del nacionalismo vasco. El dedo acusador de Calvo Sotelo sacó toda su artillería para echar en contra del PNV no solo a los diputados derechistas sino al gobierno de la República. Los diputados nacionalistas, con datos, argumentos, serenidad y oratoria, se defendieron como un gato panza arriba mientras en los propios escaños recibían telegramas de aliento y de felicitaciones anticipadas. Calvo Sotelo, al final, tuvo que retirar la iniciativa. Se llevaría un buen berrinche. En el frontón Urumea había dicho que jamás había dado la mano a ningún diputado nacionalista porque se le caería al suelo. Fue aquella sesión tan memorable que al llegar a casa los diputados recibieron el homenaje enfervorizado de los vascos y, en un acto que hicieron tras aquel pleno, Aguirre lanzó las nuevas consignas del nacionalismo, resumen de su acción política: "Por la Civilización Cristiana, por la Libertad Patria y por la Justicia Social". Fue tan importante que el diario Euzkadi hizo una tirada especial con todo el debate.

Lo que dijo Espinosa de los Monteros no solamente no es nuevo sino que se llevó a cabo. Dos años después de aquel debate, el PNV era ilegalizado y solo pudo volver a ser registrado en marzo de 1977. Cuando un cavernícola amenaza no es una broma, aunque ahora, su cañón Berta sea el artículo 155, que cuando se discutió en 1978 no tenía la dimensión que PSOE, PP, Ciudadanos y Vox le han dado y quieren dar.

La historia es maestra de la vida y una de las cosas que en política hay que tener en cuenta es que todo lo que se puede hacer se termina haciendo. Tenemos que tener mucha inteligencia política, ideas claras, un mínimo de autoestima por este pasado fantástico que tenemos y que no tiene en Euzkadi nadie y mucha brújula. Chubasquero, tila, guante de boxeo en guante de seda... y Beti Aurrera!!!.