Acosta de la crisis, y una vez la gentese encuentra en situación másque delicada, desde hace ya untiempo, de manera sibilina, viral eninternet, a través de cadenas supuestamenteapolíticas (nadie lo es, en todo caso, apartidista,pero tampoco: si no te gusta ninguno,funda uno) se opina sobre temas quesuponen ataques directos a las líneas de fondodel entramado político administrativo, y,también, en el jurídico-político. No todos losque dicen ser demócratas lo son en realidad.Aunque digan que es algo de toda la vida. Porun lado, están los ataques contra los funcionarios.Por el otro, a los diputados. Y de otro,directamente, a las autonomías. Y es quetodo tiene una intencionalidad política, sediga o no, se explicite o no. Una democraciava más allá del nombre. Implica muchascosas, muchos detalles. Aunque su defensasea ahora vista como impopular.

Cesantías

Así era el siglo XIX en el recién nacido Estadoespañol. A cada gobierno que caía y lesucedía otro que hacía su propia Constitución(diez en el siglo XIX) y salía todo el personaldel gobierno. Desde ministros a ujieres.No había ninguna plaza fija y, por tanto,eso contribuyó decisivamente al estancamientodel Estado español en ese siglo. Nohabía forma de avanzar en nada. Eso y el“que inventen ellos”, el atávico repelús hacialos procesos de avance científico y técnicoque siempre llegan a la península tarde ymal. Así se fueron, espontáneamente, reuniendogrupos de profesionales, de cuerpostécnicos de funcionarios sobre ámbitos queeran imprescindibles en la gestión de unEstado. Es decir, por ejemplo, son los hoymaestros, bomberos, policías… En el restode estados europeos hay funcionarios, perosu origen es diferente.

Este poso de las cesantías aún late, pareceser, en el corazón político de los españoles.Cuando un gobierno podía nombrar enterita la nueva administración a su gusto. A costa,eso sí, de tener un país ingobernable.Las y los diputados son, actualmente, cargoselectos. No se puede jugar con elloscomo si fueran peonzas que se puedan tirar,recoger, volver a lanzar… su mismo Consejode Estado, el de los españoles, el que presideRomay Beccaría, el que fuera número2 del Ministerio de Sanidad en los años 60(sí, con Franco), les ha dicho con claridadque no se puede separar de su cargo aalguien que ha sido electo. Aun así, lugarescomo Castilla-LaMancha, después de haberampliado el número de escaños en un primerintento, drásticamente impone unareforma del Estatuto para rebajar de los 49actualmente existentes a 25. Claro, los 25 delPP. Sobran, sin duda, los 24 del PSOE. Y losquieren eliminar desde el 1 de enero. Muydemocrático. Eso sí, Cospedal gasta sieteveces más en cargos de libre designaciónque en el presupuesto anual de las Cortesde Castilla-La Mancha. Lo cual deja en sujusta medida la propuesta.

Por otro lado, la propuesta de no cobrarpara las y los diputados entra en la consideraciónde derechos fundamentales del ciudadano.

Pues cualquier ciudadano ha deestar en disposición de participar en el sistemademocrático sin importar su situacióneconómica, además de su orientación religiosa,sexual … etc. Además, si un diputadono cobra por serlo un sueldo, puedenpasar dos cosas. Una, que el sueldo verdaderosea quien marque sus pautas. Quienpaga manda. Habría diputados a sueldo deterceros. No se deberían ni a la ciudadaníani a los partidos que los eligieron. Solo yúnicamente a empresas. Porque si no estaríanen la indigencia. Otra, que la totalidado parte de los diputados cobren el mismomonto de dinero en otros conceptos, por dietas,o, por ejemplo, es un decir, por sistemasajenos a la fiscalidad. Haciendo trampa unavez más.

La democracia son las personas. Y todo sistema,el que sea, necesita de personas quesirvan, a ambos lados de una valla imaginaria. En una simbiosis que permita lamovilidad social hacia los puestos de participaciónen el servicio público. El límite demandatos son las elecciones, el límite en lodemás son las oposiciones. El servicio públicoha de ser prestigiado, ha de ser atractivoen el sentido de permitir el gobierno de losmejores, que los mejores se sientan atraídos,dadas sus condiciones, a acceder al serviciopúblico, al servicio de lo público. Queelijan ese camino y no el de la empresa privada.Porque esa debiera ser la comparación,por ejemplo, a nivel salarial. ¿Quiéniba a querer ser ministro de un gobierno envez de ser CEO de una gran empresa? Segúnsean las condiciones, así serán las respuestas.

Controles y balances

Así es como se denomina en Estados Unidos.Lógicamente todo ha de estar bajo control.Para eso existe el Tribunal Constitucionalcomo concepto, creado por Hans Kelsenen los años 20, para impedir el poderabsoluto y favorecer la separación de poderes.Así debería ser. Y una controladuría decuentas, un defensor del pueblo… son ejemplos de elementos que una nación ha de disponer.Un Estado tiene que ser capaz dedefender su existencia, la del entramado institucional,junto con la defensa de los derechosy deberes de sus integrantes, sea laduración de su servicio público mayor omenor. Porque la administración de un Estadono es algo etéreo. Está en las juntas vecinales,en las comarcas, en los territorios, enlas comunidades, en los diferentes niveles,y, sobre todo, como se quiere remarcar, ensus diferentes inquilinos temporales.

Una vez señaladas esas pinceladas sobrefuncionarios y diputados, es importanteremarcar la noción de autonomía y autogobierno.A algunos no les dice absolutamentenada. Pero lo mismo que una pelota queun niño tiene y abandona al ver a otro jugarcon un osito, a muchos gestores de lo públicoles va ese espíritu. En los malos tiemposson capaces de tratar de convencer que laestructura anterior solo era sostenible entiempos de bonanza. Hacen trampas contablescon la estadística. Y hablan de que algunoshan creado estructuras de Estadodurante 30 años. Claro, si uno es miembrode una nación sin Estado, busca construirun Estado. El sentido común así lo diría.

Finalmente, tampoco ayuda que un Estado,español en este caso, poseedor del 60%de la deuda pública, vaya por el mundo afirmandoque son la autonomías las que handerrochado. Al creérselo las instanciasinternacionales han cerrado el grifo adichos entes. No así al Estado. De ahí el ahogamientoy el obligado paso por el cuello debotella llamado rescate. Y es que a algunos,en esos 30 años, se les ha escapado el cafépara todos que idearon para contener a lasnacionalidades históricas. Y así les va. Convienelanzar el reto público de aquellas yaquellos presidentes que hablen de devoluciónde competencias, de limitación o desupresión de asambleas legislativas, ponganen cuestión las 17+2 autonomías… sepongan ellos mismos de ejemplo y disuelvansus comunidades.Madrid, por ejemplo,en cabeza de todas ellas.

Y, en cualquier caso, contar más y mejorcon la ciudadanía. Porque cada país se debea su gente. No puede volverse, de ningunamanera, al estilo de Carlos III, que fue el prólogoa ese engendro antiforal y antiespañolllamado Constitución de Cádiz de 1812, yque se resumía en: “Todo para el pueblopero sin el pueblo”. Más si cabe cuando ennuestra patria, nuestra única patria, Euzkadi,la foralidad nos remite siempre al pueblo,dueño y señor de su futuro.

* Analista