Es una trágica ironía que la película más oscarizada de este año se titule “Una batalla tras otra”, ahora que el mundo está metido en batallas sin fin, con Trump y Netanyahu bombardeando escuelas y países y arruinando economías.
A la gente le resulta insoportable ver los informativos en la tele, que no son películas de Hollywood, sino la guerra de verdad, cruda, cruel y en directo. Poco, muy poco han protestado contra esta barbarie las estrellas de la pantalla en la última gala de los Oscar, como si la ficción y la realidad no tuvieran nada que decirse, siendo parte de lo mismo y entendido el cine como arte total. Debió ganar Hamnet, bella y conmovedora.
A Melania no le dieron ningún premio por su penoso documental que ni estaba nominado. Quizás un día hagan una película sobre el pederasta Epstein en la que se retrate en profundidad la historia del presidente Trump. Guardamos la esperanza de que este caso sea su tumba y la causa del repudio de la atolondrada sociedad norteamericana. Mala señal es que la brillante Warner haya caído en manos de la insulsa Paramount para gozo del inquilino de la Casa Blanca.
Torrente y Santiago Segura
El cine español no tuvo galardón, pero se consuela tontamente con el taquillazo de la entrega final de Torrente, saga de Santiago Segura. Es todo un síntoma de degradación democrática y cultural que un personaje tan abominable sea motivo de regocijo popular y no solo para los de Vox.
Llama la atención las semejanzas de Trump con Torrente: ambos son cutres, fascistas, machistas, soeces, homófobos, embusteros, ignorantes y violentos y solo les separa la bandera y el atuendo.
Y mientras la paz se deshace en mil pedazos, la mimada plantilla de la radiotelevisión pública vasca se va a la huelga general, poniendo su audiencia a cero y sin que se sienta su vacío.